Las ciudades no son el fondo
Buenos Aires nunca termina de quedarse quieta. Cambia los edificios, borra negocios, conserva fantasmas y nos obliga a seguir dando indicaciones con lugares que ya no existen. Tal vez por eso una ciudad no sea solo el escenario de una historia, sino otra forma de memoria. Nerona nos trae un texto sobre Borges, Joyce, Woolf, Calvino, Hopper y esa costumbre tan porteña de llegar tarde incluso a nuestros propios recuerdos.
Todavía acá
Hay días en los que seguir acá ya es una forma de rebelión.
Todavía acá habla de la sombra, del deseo de desaparecer, de lo que nos rompe y de aquello que, aun sin saberlo, nos sostiene.
A veces vivir no empieza con una respuesta.
Empieza con quedarse.
El arte de insultar
Insultar puede insultar cualquiera. Hacerlo bien es otra cosa. En El arte de insultar, una defensa bastante argentina de la puteada como descarga, recurso del lenguaje y, por qué no, disciplina artística.
Porque hay días en los que “carajo” explica mejor el mundo que cualquier tratado.
Presagio
A veces avanzar no es descubrir algo nuevo, sino recordar aquello que ya estaba en nosotros.
Presagio habla de soltar el control, atravesar la incertidumbre y reconocer que los fracasos y las demoras pueden formar parte de un aprendizaje más profundo.
Tal vez el destino no sea un lugar sino algo que, lentamente, aprendemos a reconocer.
Magalí Agnello: la identidad como un archivo que se revela con...
Hay fotografías que parecen guardar un secreto que sólo el tiempo sabe pronunciar. En Síntoma, Magalí Agnello vuelve sobre sus propias imágenes y descubre que el pasado no estaba mudo: simplemente hablaba en una lengua que todavía no podía comprender. Memoria, identidad y archivo íntimo en una obra donde mirar hacia atrás también es una forma de encontrarse.
Los Malditos
Hay personas que sospechan de las casualidades. Llegan tarde a los encuentros, desconfían de las puertas que se abren a tiempo y miran hacia el costado cuando todos miran al frente. No están perdidas. Tal vez solamente descubrieron antes que nosotros que, detrás del decorado, alguien mueve los hilos. A esos les decimos Los Malditos.
El capítulo infinito
La vida no nos concede tiempo; apenas nos concede la ilusión de tenerlo. Por eso conviene vivir antes de que el viaje termine y el recuerdo se convierta en destino.
Resistencia (o el oficio de volver)
Mientras haya algo que decir esto no se termina. Rock and Ball. Más que un regreso, una declaración de principios.
Bitácora del Fin del Mundo I
Los hombres inventan nombres nobles para sus obsesiones. Las llaman destino, vocación, tesoro o aventura. Después pasan media vida persiguiéndolas y la otra media restante preguntándose en qué puerto dejaron aquello que realmente importaba. La primera entrega de este largo viaje.
Bitácora del Fin del Mundo II
Hay hombres que aspiran a la inmortalidad escribiendo su nombre en monumentos. Otros la buscan en la guerra, en el poder y otros en el infierno. Yo sospecho que existe una forma más humilde de permanecer en el mundo. La segunda entrega de este largo viaje.
Bitácora del Fin del Mundo III
En esta nueva Bitácora del fin del mundo, no se cuenta solamente la historia de unos chicos hambrientos. Se cuenta, más bien, el instante en que un hombre descubre que la miseria también educa, que el hambre tiene su propia filosofía y que las verdaderas revoluciones empiezan mucho antes de las banderas. La tercera entrega de este largo viaje.
Transporte Público
Hay personas con las que uno conversa durante meses sin haber intercambiado una sola palabra.
El problema empieza cuando uno se siente listo para aventurarse.
El Carretero
¿Quienes seremos cuando el tiempo llegue? Seremos aquel que elijamos para tirar de nuestra carreta.
Habitar los cuentos
Todavía creemos que las mejores aventuras empiezan cuando alguien dice "Había una vez".Algunos crecieron. Abandonaron la batalla. Otros seguimos resistiendo desde la primera página.
Tuve un amigo que era mudo
Las cosas verdaderas no hacen mucho ruido. Como esas personas que un día entran en nuestras vidas y se quedan viviendo para siempre, incluso cuando ya no están. No necesito escribir la palabra “amigo” para que sepas de quién estoy hablando. De esa patria portátil a la que siempre se puede volver, aunque sea con la memoria.
649: no es solo un partido
De chico me dijeron que había un partido que no se podía perder. Nadie me explicó demasiado por qué y se generó una duda que anidó en mi pecho por largos años. Hay cosas que uno hereda igual que el color de los ojos o la forma de abrazar. Después crecí y entendí que la memoria también encontraba maneras de ponerse una camiseta. Fue allí donde abandoné los por qué y comencé a sentir.















