Los Malditos
Hay personas que sospechan de las casualidades. Llegan tarde a los encuentros, desconfían de las puertas que se abren a tiempo y miran hacia el costado cuando todos miran al frente. No están perdidas. Tal vez solamente descubrieron antes que nosotros que, detrás del decorado, alguien mueve los hilos. A esos les decimos Los Malditos.
El capítulo infinito
La vida no nos concede tiempo; apenas nos concede la ilusión de tenerlo. Por eso conviene vivir antes de que el viaje termine y el recuerdo se convierta en destino.
Resistencia (o el oficio de volver)
Mientras haya algo que decir esto no se termina. Rock and Ball. Más que un regreso, una declaración de principios.
Bitácora del Fin del Mundo I
Los hombres inventan nombres nobles para sus obsesiones. Las llaman destino, vocación, tesoro o aventura. Después pasan media vida persiguiéndolas y la otra media restante preguntándose en qué puerto dejaron aquello que realmente importaba. La primera entrega de este largo viaje.
Bitácora del Fin del Mundo II
Hay hombres que aspiran a la inmortalidad escribiendo su nombre en monumentos. Otros la buscan en la guerra, en el poder y otros en el infierno. Yo sospecho que existe una forma más humilde de permanecer en el mundo. La segunda entrega de este largo viaje.
Bitácora del Fin del Mundo III
En esta nueva Bitácora del fin del mundo, no se cuenta solamente la historia de unos chicos hambrientos. Se cuenta, más bien, el instante en que un hombre descubre que la miseria también educa, que el hambre tiene su propia filosofía y que las verdaderas revoluciones empiezan mucho antes de las banderas. La tercera entrega de este largo viaje.
Transporte Público
Hay personas con las que uno conversa durante meses sin haber intercambiado una sola palabra.
El problema empieza cuando uno se siente listo para aventurarse.
El Carretero
¿Quienes seremos cuando el tiempo llegue? Seremos aquel que elijamos para tirar de nuestra carreta.
Habitar los cuentos
Todavía creemos que las mejores aventuras empiezan cuando alguien dice "Había una vez".Algunos crecieron. Abandonaron la batalla. Otros seguimos resistiendo desde la primera página.
Tuve un amigo que era mudo
Las cosas verdaderas no hacen mucho ruido. Como esas personas que un día entran en nuestras vidas y se quedan viviendo para siempre, incluso cuando ya no están. No necesito escribir la palabra “amigo” para que sepas de quién estoy hablando. De esa patria portátil a la que siempre se puede volver, aunque sea con la memoria.
649: no es solo un partido
De chico me dijeron que había un partido que no se podía perder. Nadie me explicó demasiado por qué y se generó una duda que anidó en mi pecho por largos años. Hay cosas que uno hereda igual que el color de los ojos o la forma de abrazar. Después crecí y entendí que la memoria también encontraba maneras de ponerse una camiseta. Fue allí donde abandoné los por qué y comencé a sentir.
Los alquimistas invisibles
En “Los alquimistas invisibles” no hay hechiceros encerrados en torres ni magos capaces de convertir plomo en oro. Hay hombres comunes intentando transformar el fracaso en una forma secreta de sentido.
Un texto escrito por Tomás Grandinetti sobre aquellos que operan en silencio, mezclando ruina y belleza como antiguos alquimistas del espíritu, convencidos de que incluso en las épocas más oscuras todavía puede encontrarse una chispa entre las cenizas.
90 minutos (de quinientos años)
Hay personas que creen que el partido de este domingo consiste en veintidós hombres persiguiendo una pelota. Qué alivio para ellas. Porque quienes vean algo más descubrirán barcos, guerras, abuelos, hijos, apellidos compartidos y un muchacho de Rosario que España quiso para sí, pero nunca pudo dejar de ser argentino.
Potrero
Empezó el día que dos buzos hicieron de arco. Cuando un vecino prestó la pelota con la condición del que pincha, paga. Cuando aprendimos que el dueño de la pelota no siempre era el mejor jugador y que, si uno se iba llorando, el partido perdía un compañero.
Después vinieron los estadios, la televisión, las discusiones y los negocios. Pero el verdadero fútbol ya había hecho su trabajo.













