Por Cristian Dufur
Ayer soñé con brújulas y estrellas.
Sentí el pulso divino envolviendo la punta de mis dedos.
Caminé suavemente, disfrutando el recorrido.
Comprendí que no sirve la prisa para quien saborea desde el tallo los magníficos paisajes que nos presenta la vida.
Nada aprendemos, más bien recordamos.
El alma contiene la cronología del cosmos y se manifiesta como una biblioteca infinita.
¿Qué deseo integrar hoy?
¿Qué puerta elijo atravesar para habitar el conocimiento eterno?
Un presagio de ensueño se posa en cada fibra de mi ser.
Mis átomos se funden con los secretos del sol y me observo con detenimiento.
Un intenso fulgor acaricia mi piel y me invita a confiar en los designios del destino.
Ya no hay duelos por ausencias ni lamentos por fracasos que brindaron soledad.
Comprendí que hasta el momento, todo esto fue un refinado entrenamiento para despertar y sostener mis pasiones más íntimas.
Hoy solté el control y me convertí en milagro.
Hoy recordé que soy el universo en acción, esperando ser recordado…





