Por Meli Jaca
Ante el scrolleo incansable de esta misteriosa e incordiosa vida -o realidad-, me detengo a analizar qué tanto se me ríe en la cara.
Por momentos activo el modo competitivo, y le quiero ganar en todo. En otros, me vuelvo entregada al destino, al azar. Casi siempre, inconscientemente o anestesiada, siento que el tiempo no corre ni vuela y me autopercibo como inmortal… una locura en la que creo muchxs hemos estado y/o permanecemos erróneamente, hasta que una mala noticia aparece y nos cachetea, nos angustia, nos despierta, y claro, nos alerta.
“Maldita vida”, digo.
Lo pienso.
Otra vez, me pregunto si se ríe.
Al menos yo, estoy entre risas y llantos todo el tiempo.
Somos conscientes de que todxs estamos muriendo sin parar, pero qué misterio inexorable no saber cuándo nos va a tocar oír la campanada para partir hacia un mundo desconocido, mucho más del que ya habitamos.
Y ahí, intentando salir de esa oscuridad, busco un poco de luz y consuelo.
Esta aventura en la que estamos inmersos, muchas veces sofocadxs, es totalmente aleatoria y el algoritmo falla y nos perjudica de maneras sorpresivas. Termina siendo un viaje a la deriva, sin brújulas que funcionen, en un planeta que llamamos Tierra.
Entonces, justamente, hay que recorrerlo pisando fuerte y en patas: embarrándonos un poco, (emborrachándonos otro poco), compartiendo con otrxs (y sin otrxs), especulando menos y pretendiendo bastante menos.
Esta travesía al final se pasa tan rápido que no importa cuándo termina, sino cómo la vivenciamos…
Cualquier pasajerx o tripulante, ya sea por mar, cielo o tierra, tiene que emprender el viaje que le toca, con la sonrisa y las convicciones intactas, o al menos no tan despintadas, para hacerlo livianxs y felices, buscando eso que le devuelva más sonrisas y placer.
Sobre todo, algún sentido.
Por más corto que sea, merece ser tan anecdótico, poético, bailado, reído, rústico y espontáneo como aquel viaje a la playa más linda de la costa de mi país Argentina. Por eso, en todo libro de la vida, debería estar incluido un capítulo llamado “Viajes con amigxs”. Te lo recomiendo. Es una simple sugerencia que no tiene precio, pero tal vez sí, fecha de vencimiento.
Gracias, amigas, por recordarme que, incluso cuando el algoritmo vuelve a fallar, todavía existen viajes capaces de acomodarlo todo por un rato infinito.
Fue un viaje ejemplar en las playas de nuestra adorada y añorada Necochea.
¿Volvemos? 🙂





