Los hombres inventan nombres nobles para sus obsesiones. Las llaman destino, vocación, tesoro o aventura. Después pasan media vida persiguiéndolas y la otra media restante preguntándose en qué puerto dejaron aquello que realmente importaba. La primera entrega de este largo viaje.
Hay hombres que aspiran a la inmortalidad escribiendo su nombre en monumentos. Otros la buscan en la guerra, en el poder y otros en el infierno. Yo sospecho que existe una forma más humilde de permanecer en el mundo. La segunda entrega de este largo viaje.
En esta nueva Bitácora del fin del mundo, no se cuenta solamente la historia de unos chicos hambrientos. Se cuenta, más bien, el instante en que un hombre descubre que la miseria también educa, que el hambre tiene su propia filosofía y que las verdaderas revoluciones empiezan mucho antes de las banderas. La tercera entrega de este largo viaje.