Potrero

Empezó el día que dos buzos hicieron de arco. Cuando un vecino prestó la pelota con la condición del que pincha, paga. Cuando aprendimos que el dueño de la pelota no siempre era el mejor jugador y que, si uno se iba llorando, el partido perdía un compañero. Después vinieron los estadios, la televisión, las discusiones y los negocios. Pero el verdadero fútbol ya había hecho su trabajo.