Con una reflexión profunda, Delfina Campos nos recibe y detalla el proceso que la llevó a dar un giro sonoro hacia un sonido más orgánico y potente, recuperando la esencia del directo y la emoción genuina.

La cantante y compositora explica cómo la pandemia marcó una etapa introspectiva en su disco anterior, mientras que para su más reciente producción contó con la colaboración con músicos y productores como Matías Cella y Percii, que fueron clave para explorar nuevas texturas y dinámicas.

Delfina también revela la importancia de abrirse a la colaboración con referentes como Cuino Scornik, cuyo encuentro fortuito se convirtió en una relación creativa y humana que enriqueció la escritura y el pulso del disco. La participación especial de Hilda Lizarazu aporta un cierre perfecto que conecta con la tradición del pop-rock argentino, reforzando la riqueza estilística del álbum.

En cada respuesta, Delfina muestra una sensibilidad especial para describir la tensión entre fuerza y fragilidad, lo íntimo y lo roquero, el contraste y la emoción, que atraviesan toda su obra. Su compromiso con hacer discos completos y coherentes en tiempos de consumo fragmentado refleja su visión artística madura y su anhelo de conectar con la audiencia de manera profunda y duradera.

Esta conversación íntima invita a conocer no solo la música, sino también la persona detrás de las canciones, y cómo la búsqueda constante de autenticidad y expresión emocional guía su camino como artista.

RNB “Películas Perdidas” marca un giro sonoro en tu obra: ¿Qué necesidad creativa o emocional impulsó ese cambio respecto a “Como Bailan Los Demás”?

DC “Películas Perdidas” fue un proceso de transformación profunda. Mientras que “Como Bailan Los Demás” nació en un contexto de aislamiento, de pandemia, con una sensación muy introspectiva y experimental, que surge desde un lugar de apertura y reconexión. Durante su creación me vi trabajando sola, encerrada en mi mundo, explorando nuevas herramientas como Ableton Live para crear y producir, lo cual fue a la vez desafiante y enriquecedor. Pero esa soledad también llevó a un disco muy personal, con un halo de melancolía y búsqueda. En cambio, “Películas Perdidas” es un disco nacido del encuentro con otros, de la colaboración, del deseo de volver a lo orgánico y auténtico. Quería que las canciones respiraran, que tuvieran vida propia y un pulso real, con instrumentos acústicos, una batería que suene viva, con texturas cálidas y dinámicas que transmitieran la energía del vivo. Emocionalmente, sentí la necesidad de salir del encierro, de recuperar la luz y la fuerza. Este disco es mucho más luminoso, cálido y expansivo, y refleja un momento en que la música se convirtió en puente y en comunidad, no solo en introspección. Es una expresión de esa búsqueda por volver a sentir la música en carne y hueso, no solo en la virtualidad.

Alianzas que enriquecen

RNB ¿Cómo fue el trabajo conjunto con Matías Cella y Percii en la producción? ¿Qué encontraste en esa alianza que no habías explorado antes?

DC Trabajar con ellos fue una experiencia muy enriquecedora y reveladora. Matías (Cella) es alguien a quien quiero y respeto profundamente, y con quien ya había explorado caminos en el disco anterior, un proceso marcado por la experimentación y la búsqueda constante. Lo que valoro en él, más allá de su talento, es su paciencia y su capacidad de acompañar sin presionar, dejando que las ideas fluyan con naturalidad. En “Películas Perdidas”, la dinámica fue distinta: Percii asumió el rol de productor principal, y con su mirada fresca y sensibilidad musical marcó la dirección sonora del disco. Matías, por su parte, aportó con la producción de dos canciones y una mezcla que puso el broche final a la atmósfera que queríamos crear. Lo que encontré en esta alianza fue un espacio de confianza, donde pude abrirme a nuevas formas de expresión sin perder mi voz. Fue un proceso colaborativo que me permitió desafiar mis límites y sentir que cada sonido, cada detalle, estaba puesto con intención y cariño. En esencia, ellos supieron entender la emoción que quería transmitir y supieron plasmarla, haciendo que el disco sea un organismo vivo, sensible y potente.

RNB Las colaboraciones con Hilda Lizarazu y Cuino Scornik aportan nuevas voces a tu universo. ¿Cómo viviste esos cruces generacionales y estilísticos?

DC Trabajar con ellos fue un regalo inesperado que amplió mi universo creativo. Cuino representa esa conexión profunda con la tradición de la canción argentina, una voz que está en el ADN del rock nacional, aunque muchas veces anónima para el público general. Su historia y sensibilidad aportaron un anclaje poético, una raíz profunda que dialoga con lo contemporáneo que busco. Con él construí una relación de confianza y amistad, alguien a quien pude acudir para resolver dudas creativas, para buscar una segunda mirada que enriqueciera mi proceso. Fue a través de esa conexión que conocí a Hilda, cuya voz y presencia son un broche de oro en el disco. Hilda aporta esa mezcla única de potencia y dulzura, una voz que transmite tanto fuerza como vulnerabilidad, que conecta con la historia del pop rock argentino y le da una dimensión emocional intensa al proyecto. Estos cruces generacionales fueron encuentros humanos llenos de respeto y cariño, que para mí representan la riqueza de entender la música como un diálogo vivo entre distintas experiencias y épocas.

RNB Cuino es un letrista asociado al hit. ¿Qué buscaste en él para este disco? ¿Querías provocar algo distinto en tu manera de escribir o explorar otra cadencia?

DC El encuentro con él fue casi casual, una sorpresa que terminó siendo una alianza creativa profunda. No estaba buscando colaboradores y ni siquiera conocía su trabajo personalmente hasta poco antes de nuestro primer encuentro, cuando lo googleé para entender un poco su trayectoria. Lo que me cautivó no fue solo su prestigio como autor de canciones emblemáticas, sino la calidad humana que sentí desde el primer momento: es un hombre generoso, divertido, con un gran corazón, alguien que hizo que la escritura conjunta fuera un placer constante. Nuestra química creativa se tradujo en un trabajo fluido, sin tensiones, donde cada uno aportaba desde su lugar y sentíamos que las canciones tomaban vida propia. Siempre bromeamos con que tenemos una “marca Campos-Scornik” porque esa complicidad va más allá de la música: es una amistad que se refleja en cada palabra.

Trabajar con Cuino me permitió abrirme a nuevas cadencias, desafiar mi forma habitual de escribir y explorar un lenguaje más poético y directo a la vez, con una sensibilidad que aporta profundidad y ritmo. Además, el hecho de que el vínculo haya trascendido lo profesional y se haya convertido en amistad hizo que la colaboración fuera más auténtica y valiosa para mí.

RNB Hasta ahora no habías incluido colaboraciones en tus canciones. ¿Qué te llevó a abrir esa puerta en “Películas Perdidas” y cómo fue el proceso de trabajar con otras voces dentro de tu universo creativo?

DC La decisión de abrir la puerta a colaboraciones fue un paso importante y también desafiante para mí. En discos anteriores sentía que la composición era un acto muy personal y me costaba imaginar otras voces que encajaran naturalmente. Intenté en algún momento incluir colaboradores en “Como Bailan Los Demás”, pero la sensación era de algo forzado, poco orgánico. Quizás porque ese disco nació en soledad, en un momento muy interno y personal, y no encontraba espacio para otras miradas. En “Películas Perdidas” sentí que algo había cambiado en mi energía creativa: quería compartir, aprender, dejarme sorprender. Abrí esa puerta con la confianza de que esas voces podrían sumar y enriquecer sin restar, y el proceso fue liberador. Colaborar me enseñó a soltar el control y a valorar la riqueza que aporta la diferencia, la perspectiva ajena, ese diálogo creativo que hace que las canciones cobren nuevos significados y se vuelvan más vivas.

Foto: Lucía Noel

RNB “Películas Perdidas” es un título que sugiere algo que no llegó a proyectarse, historias que se desvanecieron antes de concretarse. ¿Qué representa para vos esa idea y cómo se conecta con las canciones del disco?

DC Es una metáfora de esas historias que quedaron en el camino, recuerdos y emociones que no llegaron a mostrarse, pero que siguen ahí, formando parte de nuestra historia interna. Esos “filmes” que no se proyectaron simbolizan esas experiencias personales, relaciones o momentos que por alguna razón quedaron suspendidos, invisibles para los demás, pero siempre vivos en nosotros. También tiene una dimensión literal: muchas de las canciones nacieron de notas de voz que encontré perdidas en mi celular, fragmentos de ideas y emociones que reviví y transformé en canciones. Así, el disco es como un soundtrack íntimo, un conjunto de escenas que narran procesos de amor, pérdida, crecimiento y liberación, como si cada canción fuera un fotograma de una película interior.

RNB Mencionaste que querías grabar “Películas Perdidas” con la sensación de estar tocándolo en vivo. ¿Qué implica eso en lo técnico y en lo emocional? ¿Qué buscabas capturar que un estudio, en su lógica tradicional, tal vez diluye?

DC La música debe tener un pulso vivo, un latido que se siente en el cuerpo. Quería que el disco transmitiera esa energía orgánica, la potencia que solo surge cuando una banda toca junta, en el mismo espacio y tiempo. Por eso, la presencia de la batería acústica fue fundamental: aporta fuerza, dinamismo y una conexión inmediata con el oyente, algo que a veces se pierde cuando todo se programa digitalmente. Emocionalmente, buscaba capturar la pasión, la urgencia y la autenticidad del directo, esa sensación de estar compartiendo un momento irrepetible. En mi disco anterior sentí que faltaba esa raíz, esa conexión con lo humano, y en este quise que cada canción tuviera esa dimensión envolvente y poderosa.

RNB ¿Qué canción de este álbum sentís que condensa mejor su espíritu?

DC Es difícil elegir, porque cada canción tiene su propia historia y energía. Pero si tuviera que destacar una, 500 años luz representa muy bien la esencia de Películas Perdidas. La producción logra un equilibrio entre delicadeza y potencia que me emociona profundamente. También Balada Para El Fin Del Mundo” y Testigos” son piezas que reflejan esa mezcla de intimidad y fuerza que caracteriza el disco, esa tensión entre fragilidad y resistencia que me interesa explorar. Pero al final, el disco es un conjunto de relatos que se complementan y construyen un universo sonoro y emocional coherente.

RNB En tus dos álbumes hay una búsqueda clara de cohesión estética y narrativa. ¿Qué significa para vos hacer un disco completo hoy, en tiempos de consumo fragmentado?

DC Me sigue sorprendiendo y emocionando que todavía haya gente que escucha discos enteros, que se entrega al viaje completo y no solo a las canciones más populares. Siento que mi público valora esa experiencia de obra integrada, ese cariño por el conjunto y la intención artística detrás de cada elección. Para mí, hacer un disco es contar una historia, crear un universo propio con sentido y coherencia. Es un acto de amor y compromiso que vale la pena en estos tiempos donde predomina lo fragmentado y efímero.

RNB ¿Cómo pensás el vivo como parte de tu obra? ¿Qué buscás construir emocionalmente en cada show?

DC El vivo es el espacio donde la música cobra vida real, donde la obra se convierte en experiencia compartida y palpable. Me interesa que el público no solo escuche, sino que sienta, que conecte con las letras y emociones en un nivel profundo. Por eso, en Películas Perdidas” incorporamos visuales y subtítulos para que la gente pueda entrar en la narrativa de cada canción y vivirla con intensidad. Busco construir un diálogo emocional, un puente de sensibilidad que nos una en ese momento único y fugaz que es el concierto.

RNB ¿Qué fue lo más transformador de tocar en festivales como Lollapalooza o abrir para artistas como Mitski y los Jonas Brothers?

DC Estas experiencias fueron lecciones de profesionalismo y pasión. Tocar en escenarios internacionales con un nivel de producción tan alto me mostró la importancia de la preparación, la disciplina y la entrega total. Abrir para artistas que admiro, como Mitski o los Jonas Brothers, fue un desafío que me hizo crecer, me enseñó a adaptar mi energía y a conectar con públicos diversos. También me permitió comprender el valor de la rutina, del cuidado personal y del trabajo en equipo para sostener la intensidad en shows consecutivos, y esa enseñanza la llevo a cada presentación que hago.

RNB ¿Sentís que la experiencia en escenarios internacionales modificó tu forma de abordar el directo en Argentina?

DC Sin dudas, la experiencia de girar y tocar en distintos países y culturas me amplió la mirada. Aprendí a ser más flexible, a escuchar y leer al público con mayor sensibilidad, y a adaptar mi show para que siempre sea genuino y vibrante. Aunque muchas veces esos cambios son sutiles y no los detecto conscientemente, sé que tocar afuera nutre mi forma de conectar en casa, y me desafía a crecer constantemente.

Nuevos universos

RNB Varias de tus canciones llegaron a la televisión y a plataformas como Netflix, como ocurrió con Envidiosa. ¿Qué sentiste al ver tu música en ese contexto narrativo? ¿Tuviste algún feedback distinto por parte del público a partir de eso?

DC Fue profundamente emocionante ver cómo mis canciones cobraban nueva vida dentro de historias y personajes que ya tienen su propio mundo emocional. Eso genera una conexión distinta con el público, que siente la música como parte de una experiencia más amplia y personal, y eso se refleja en la manera en que se vinculan con las canciones. Además, mi música llegó a oídos que de otro modo no la hubieran descubierto, ampliando mi alcance y haciendo que mi trabajo tenga un impacto más profundo.

RNB Tus canciones tienen una sensibilidad muy visual, casi como escenas. ¿Pensás en imágenes cuando componés?

DC Aunque no lo busco conscientemente, sí siento que mi música tiene una dimensión cinematográfica. Me gusta imaginar cada canción como una escena, un fragmento de una historia que evoluciona. “Películas Perdidas” funciona como un conjunto de momentos que narran el crecimiento y la transformación de un personaje a través del amor, la pérdida y la reflexión. Esta visualidad es una manera de darle cuerpo y vida a las emociones, y conecta con la idea de que la música puede ser también un relato visual.

RNB En tus dos discos hay un pulso nocturno, introspectivo, pero también momentos de mucha claridad emocional. ¿Te interesa trabajar con contrastes?

DC Sí, los contrastes me fascinan y son un recurso fundamental para transmitir complejidad y profundidad. Me gusta jugar con la tensión entre lo dulce y lo áspero, lo frágil y lo potente, la vulnerabilidad y la fuerza. Creo que ahí reside la riqueza de la expresión humana y musical. Esa polaridad entre sensibilidad y energía se siente en la mezcla de lo íntimo y lo rockero, de lo emocional y lo desfachatado, y es una marca que quiero que atraviese mi música.

Jueves 07 de agosto

DELFINA CAMPOS en Niceto Club
artista invitada: CANCAMUSA
Niceto Club, Cnel. Niceto Vega 5510, Palermo, C.A.B.A.
Entradas disponibles passline.com