El reciente anuncio de la llegada de Tobías Andrada, procedente de Vélez Sarsfield por una cifra que ronda los seis millones de dólares por el 70 % del pase y con el estatus del séptimo refuerzo de este mercado de invierno, no solo marca un nuevo hito en el libro de pases del Millonario, sino que funciona como el síntoma perfecto del momento que está atravesando. River se ha transformado en una institución que gasta fuerte, sobrepaga sus refuerzos y da la sensación de haber perdido la brújula en su planificación futbolística.

Con el desembarco del joven de 19 años, el club presidido por Stefano Di Carlo ya superó los 30 millones de dólares de inversión en esta ventana de transferencias. La nómina de incorporaciones detalla contrataciones de muy alto costo: la millonaria compra de Ángel Correa por 15 millones de dólares, el uruguayo Mauro Arambarri por seis millones, la vuelta de Rafael Santos Borré por 2,5 millones, el préstamo de Lucas Beltrán con un cargo de 570 mil dólares y una opción de compra fijada en siete millones, la llegada de Giovani González por 340 mil dólares y la incorporación de Nicolás Otamendi en condición libre. No sólo eso, River sigue esperando la posibilidad de sumar a Francisco Ortega, desde el Olympiacos y está muy atento a la situación de Thiago Almada, por el que pondría una suma superior a los u$s 20 millones. Con lo cual, la billetera sigue abierta.
Esta política de contratar de manera masiva e invertir desmedidamente pierde sustentabilidad cuando se contrasta con la realidad deportiva. El último título obtenido fue la Supercopa Argentina ante Estudiantes de la Plata el 13 de marzo de 2024, una copa de un solo partido. Para encontrar la última coronación en un torneo largo hay que remontarse aún más atrás en el tiempo, al 15 de julio de 2023, fecha en la que se consagró campeón de la Liga Profesional, nuevamente ante el Pincharrata.
Desde esa conquista hasta el presente, el conjunto de Núñez, bajo la conducción de Jorge Brito en ese entonces, comenzó a gestar esta idea de destinar grandes cantidades de dinero a distintos jugadores catalogados como ”jerarquia”. En total, la gestión destinó una cifra aproximada de 135 y 140 millones de dólares con la intención de sostener la competitividad. Sin embargo, por distintas razones, varias de esas apuestas no terminaron de cumplir con las expectativas dentro del campo de juego.
Entre los desembolsos más cuestionados por el hincha sobresalen operaciones de gran calibre como los 10 millones por Rodrigo Villagra de Talleres, los 14 millones por el colombiano Kevin Castaño, los 10 millones y siete millones respectivamente para repatriar a Sebastián Driussi y Martínez Quarta, y ocho millones a Racing por Maximiliano Salas.
A su vez, esta crisis futbolística ya se consumió a dos entrenadores: el primero de ellos, Martín Demichelis, quien había comenzado con el pie derecho pero que terminó teniendo un fin de ciclo más que decepcionante; y, en segundo lugar, Marcelo Gallardo, quien regresaba al club de sus amores para tener una segunda etapa igual de dorada que la primera pero que terminó siendo un fracaso rotundo. Ahora, el Chacho está en la mira para convertirse en la tercera víctima de este proceso y da la sensación de que hoy tiene los días contados en el banco de suplentes.
Simultáneamente que toda esta problemática se va desarrollando, hay otra que avanza a la par y no está en el centro de atención. Esta estrategia, que consiste en adquirir jugadores nuevos como si de juguetes se tratara, termina afectando a la que historicamente fue la solución a los problemas: las inferiores.
Es de público conocimiento que las categorías juveniles millonarias son consideradas como unas de las mejores del mundo, junto a las del Barcelona y el Benfica. Futbolistas de la talla de Alfredo Di Stéfano, Omar Labruna, Norberto Alonso, Ariel Ortega y, más recientemente, campeones mundiales como Julián Álvarez y Enzo Fernández han surgido de allí.
Y los números de la actualidad demuestran que River Camp sigue vigente: los campeonatos de la Copa Proyección Final 2024 y del Trofeo de Campeones de ese mismo año, el subcampeonato del Torneo Proyección Apertura 2026 y, a nivel internacional, la Sub-16 levantó la Messi Cup en 2025 tras vencer en la final al Atlético de Madrid.
El destino de gran parte de los protagonistas de esa camada exitosa pone en evidencia la desconexión con el plantel superior, muchas de las figuras de la reserva ya no pertenecen a la institución o han salido a préstamo para ganar un rodaje que en Núñez se les niega, destacando como figuras en otros equipos, como el caso de Cristian Jaime en Peñarol.

En definitiva, este escenario no hace más que exponer el verdadero desconcierto que es hoy el proyecto de fútbol de Di Carlo. A la contradicción de gastar millones mientras se descarta el talento de la casa, se le suman otras desprolijidades que agravan el panorama, la insólita acumulación de jugadores “exiliados” entrenando apartados en Cantilo y el misterio en torno al rol de Pablo Longoria, una figura que sigue siendo una absoluta incógnita para los fanáticos.
Hoy por hoy, la Banda da la sensación de ser un gigante atrapado en su propia billetera, que gasta de manera compulsiva para intentar disimular que perdió el rumbo deportivo.




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