El 10 de septiembre, Strummer quedó chico para contener todo lo que Juane Pelegrín tenía para decir. El motivo era la presentación de “Elige vida”, su nuevo disco, pero la noche terminó siendo algo más que la presentación de un álbum: fue un encuentro con los amigos, con los que están, con los que ya no y con una memoria compartida que atravesó cada canción.
Después de “El Salsero” y “Pendenciero”, dos trabajos que fueron llevando a Pelegrín por distintos escenarios y que lo acercaron también a espacios más pequeños e íntimos como Moscú, esta nueva etapa encontró otra dimensión. Strummer estaba lleno. Y, paradójicamente, el show conservó ese carácter cercano que parece formar parte de la identidad del músico: una banda completa sobre el escenario, pero una sensación de estar tocando para un grupo de amigos.

La intimidad no estuvo dada por el tamaño del escenario, sino por la manera de habitarlo. Pelegrín se mostró próximo, conversando con el público y dejando que las canciones funcionaran como puntos de encuentro. La banda, sólida y numerosa, amplificó esa cercanía sin quitarle espacio a la voz principal. En un lugar repleto, la sensación era la de una reunión en la que todos parecían conocer de dónde venían esas canciones.
Pero hubo un momento en el que la música dejó paso a las palabras.
Pelegrín decidió dedicar el show a sus amigos: a los que todavía están y también a aquellos que ya no pueden acompañarlo. Entre ellos, tuvo una mención especial para sus amigos de Huracán, una referencia que cargó la noche de afecto y memoria. No se trató solamente de recordar a quienes faltan, sino de hacerlos presentes en una celebración que también les pertenecía.
La fecha tenía, además, un significado particular. Septiembre es el mes de concientización sobre el suicidio, y Pelegrín aprovechó el escenario para hablar de un tema que muchas veces permanece escondido detrás del silencio. Habló de cuidar a los propios, de prestar atención a los amigos, de estar cerca. Mencionó también a aquellos amigos que atravesaron intentos de suicidio y remarcó la importancia de poder hablar de estas experiencias sin esconderlas ni convertirlas en un tabú.

El mensaje fue sencillo y, justamente por eso, contundente: mirar al que tenemos al lado. Preguntar cómo está. Escuchar. Entender que hablar también puede ser una forma de acompañar.
En una noche dedicada a “Elige Vida”, esas palabras terminaron dialogando inevitablemente con el título del disco. No como una consigna grandilocuente, sino como una invitación al cuidado y al encuentro. A reconocer al otro antes de que sea demasiado tarde. A entender que detrás de cada amigo, de cada compañero de banda, de cada persona que comparte una canción, puede haber una historia que no conocemos.

Así, entre canciones nuevas y viejas, recuerdos y amigos, Juane Pelegrín convirtió la presentación de su nuevo disco en una noche de celebración, pero también de memoria. Strummer lleno, una banda completa y un escenario que, por unas horas, se volvió íntimo.
Porque quizás eso fue lo más particular de aquella noche: que en medio de un lugar repleto, Pelegrín logró que el show se sintiera como una conversación entre amigos. Los que estaban ahí. Los que alguna vez estuvieron. Los que siguen estando de otra manera.
Y sobre todo, una conversación que se animó a hablar de aquello que tantas veces cuesta decir.






Fotos: Gisele Alejandra Ph.



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