Los Lápices siguen escribiendo memoria.
Los Lápices siguen escribiendo memoria.

El 16 de septiembre de 1976, en La Plata, el estado represivo desapareció a 10 estudiantes del secundario. El hecho pasó a la historia como “La Noche de los Lápices”. De esos adolescentes, militantes del boleto estudiantil, 6 permanecen desaparecidos en tanto que Pablo Díaz es la voz que contó aquel horror. Además de él, otros 3 pasaron después de meses de tortura y castigo a la órbita del PEN (Poder Ejecutivo Nacional) que era el salvoconducto que los desaparecidos tenían para seguir vivos por aquellos años.

Eso significaba que sus situaciones serían “blanqueadas”. Que les iban a poner nombre y apellido a sus detenciones. Así, zafaron del despiadado destino que el Jefe de la Bonaerense, Ramón Camps y su segundo, el infame Miguel Etchecolatz, habían trazado para ellos. Díaz le puso nombre y apellido a sus compañeros que no tuvieron esa suerte y contó sus historias.

Hoy, 16 de septiembre pero por suerte otro 16 de septiembre, en democracia y en el año 2026, hace un día que la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, a través del legislador Federico Mochi ocurrió algo importante. Se declaró de interés cultural para la promoción de los Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires al acto que todos los 30 de diciembre realiza la organización “No Nos Cuenten Cromañón”.

Puede resultar curiosa la similitud de las fechas, quizás incluso, arbitraria. Pero hay en eso también un denominador común. Y hasta puede sonar desagradable, pero yo, como sobreviviente de Cromañón, no tengo dudas. Con otros modos. Bajo otros clima de época, en medio de un contexto mucho más violento y oscuro, pero aquel 16 de septiembre de 1976 el estado mató a jovenes indefensos, que no habían hecho nada. Los llevó por delante, los desapareció y los torturó.

Fue la primera vez que el estado, con la fuerza de un mar embravecido, atacaba a los jovenes, a los adolescentes, enviando un mensaje a toda una generación: no importaba la edad, la crueldad del estado mataba. Bueno, la segunda vez que eso pasó, Con otros modos. Bajo otro clima de época, en medio de un contexto mucho menos violento y oscuro, fue en Cromañón. Cuando la brutalidad de un estado ausente (o muy presente en la coima y en la corrupción) se llevó puesta la vida de 194 compañeros en un puñado de horas y la de otra veintena más en estos 21 años que han transcurrido. Sin poder – ni querer- hacer nada.

Si bien los hechos difieren enormemente, comparten el eje de la cuestión: La juventud y su indefensión ante un estado asesino. En un caso, hecho y derecho, en el otro, por omisión deliberada de sus funciones y otras cuestiones que también se hicieron deliberadamente presentes.

De los hechos acontecidos en La Plata en 1976 existen libros y películas. Y también quedó la voz de Pablo Díaz. Ya pasaron 50 años de lo ocurrido que se llevó la vida de María Claudia Falcone (16 años), Francisco López Muntaner (16 años), María Clara Ciocchini (18 años), Horacio Ungaro (17 años), Daniel Alberto Racero (18 años) y Claudio de Acha (18 años). Ellos eran militantes, soñadores, comprometidos con una idea de país que, en esos momentos, era mala palabra.

En estos 21 años (ya casi 22) que transcurrieron de Cromañón aquellos jóvenes también perdieron sus sueños, dejaron de luchar por sus ideas y, mucho de aquellos en lo que creían, también era mala palabra. Además de compartir la violencia del estado, tanto presente como ausente, ambos hechos comparten que muchas de sus víctimas tenían la misma edad, o, el mismo rango etario. No es casualidad, cuando el estado se la agarra con los jovenes, mata. Y no da revancha.

Hoy, a 21 años (casi 22) de lo ocurrido el 30 de diciembre de 2004, La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires otorgó esta distinción a la organización “No Nos Cuenten Cromañón”. Es memoria, tardía quizás, pero memoria al fin. También, marca algo que siempre supimos los que entendimos, desde el principio, que había pasado en Cromañón. Que emerja del mismo estado responsable de Cromañón esta declaración de interés marca a las claras que nosotros teníamos razón. Nosotros nunca fuimos los malos de la película. 

Aquellos jóvenes de 1976 tampoco lo eran. Y así como en algún momento alguien compuso “ser la revancha de todos aquellos” y otros (miles) de alguienes lo cantaron a viva voz y lo hicieron carne, hoy lo haremos de nuevo. Siendo la revancha de todos los jóvenes a los que el estado mató. Los 194 de Cromañón, claro. Pero también los seis de La Plata. Porque los lápices siguen escribiendo y los invisibles siguen presentes. Ahora, y siempre.