Género

Cosquín Rock tuvo un final feminista

“Si el rock pretende ser revolucionario, tendrá que abrazar al feminismo” dijo Eli Suarez, de Los Gardelitos, e invitó a dos referentes feministas al escenario, Georgina Orellano y Maria Riot, quienes leyeron un comunicado. ¿Y qué tal el resto del festival?

Georgina Orellano y Maria Riot en el Cosquín Rock
Georgina Orellano y Maria Riot en el Cosquín Rock

El clásico festival cordobés acaba de cerrar su edición 2018 de una forma poco tradicional. Una banda barrial pausó su show diciendo que no hay revolución sin feminismo e invitó a dos trabajadoras sexuales que leyeron un comunicado que, entre otras cosas, pedía “festivales con más mujeres tocando. Porque si no ocupamos esos lugares no fue porque no quisimos sino porque no pudimos”.  La marea feminista, después de unas semanas copando la tevé, se plantó en el escenario principal del Cosquín Rock y tomó la palabra.

Georgina Orellano y María Riot son referentes de AMMAR, una organización sindical que nuclea a mujeres, trans y lesbianas que se identifican como trabajadoras sexuales. Durante el día 2 del Cosquín estuvieron preparando el discurso y disfrutando los shows. Además, se sacaron fotos con Santiago Motorizado, cantante de Él Mató a un Policía Motorizado (que además lució el pin que le regalaron)  y con Residente.  Pero quienes las invitaron a subirse al escenario y les cedieron el micrófono, fueron Los Gardelitos, la banda que toca las canciones que suenan en la esquina de un barrio, esa misma esquina donde se encuentran los pibes y las putas.  Cuando Eli Suarez presentó a Georgina y María, dijo: “Si el rock pretende ser revolucionario, tendrá que abrazar al feminismo y no hay feminismo sin putas”. Eran la última banda de toda la grilla, y la única en escena, ya que los shows en los escenarios alternativos ya habían terminado; tenían todo el público del festival. Luego la pantalla principal proyectó el nuevo logo de AMMAR que dice “Vamos con las putas, nunca con la yuta” con el dibujo de una pierna en tacos y medias de red, frente a una bota policial. El comunicado tuvo ritmo, melodía y exigencias. Entre otras: que se terminen los abusos en el rock, derechos laborales para las trabajadoras sexuales y alternativas para personas en situación de prostitución, por el aborto legal, seguro y gratuito, y por la huelga internacional de mujeres el 8 de marzo.

Los Gardelitos marcaron la cancha y dejaron muy alta la vara del compromiso social para las bandas, algo que no es sorprendente en ellos y su compromiso con sectores marginados. A lo máximo que aspiraron las bandas hasta ahora fue hacer alguna mención a las luchas del feminismo, del #NiUnaMenos o por el aborto legal. Pero dejar el escenario para uso de alguna de sus representantes es algo a lo que ninguna banda, por nueva que sea, se animó. Además, la banda de Eli Suarez se jugó en un contexto, por lo menos, dificultoso: casi no hubo mujeres como protagonistas en el festival y ellos eran los encargados de bajar el telón de esta edición. En el escenario principal sólo estuvieron Gabriela Martínez, bajita de Las Pelotas, Andrea Baez, Flora Ciarlo y  Paula Varela, coristas de Ciro y Los Persas, Kianí Medina, corista de Residente y Adri y Flor Bocona, coristas de Ratones Paranoicos. En el escenario Geiser hubo una presencia más variada, con Violeta Castillo por ejemplo, y en La Casita del Blues estuvieron Deborah Dixon y Lorena Gómez. Pero Los gardeles supieron medir el pulso de lo que se mueve abajo del escenario, y su actuar fue más valioso que veinte canciones que hablen de lo linda que sos cuando luchás (pero que ahí en la letra chica te dice que calladita, mejor).

Si bien las referentes sindicales y feministas no fueron en representación del feminismo como totalidad, porque es un movimiento heterogéneo en opiniones (sobre todo en cuanto al trabajo sexual/prostitución), sí llevaron una gran variedad de reclamos como para llevar una voz feminista amplia.

El comunicado:

Estamos arriba de este escenario por las que ya no están. Por las víctimas de femicidios y travesticidios. Porque ya no nos callamos más. Para que terminen el machismo y los abusos en el rock y en todos lados. Por las mujeres migrantes, por las privadas de su libertad. Por las negras, las gordas y con discapacidad. Por quienes sufren violencia de género y son revictimizadas por un sistema judicial machista y patriarcal. Porque queremos políticas públicas reales para cambiar esta realidad. Porque queremos festivales con más mujeres tocando. Porque si no ocupamos esos lugares no fue porque no quisimos sino porque no pudimos. Tuvimos que ocupar ciertos roles impuestos y queremos que esos roles no existan más.

Exigimos poder elegir quiénes queremos ser con mayor igualdad y libertad. Por las mujeres de la economía popular. Por las lesbianas, travestis y trans. Por las trabajadoras sexuales. Pedimos acceder a derechos laborales como cualquier trabajador y alternativas para quienes no quieren ejercer la prostitución. Para que se deje de estigmatizar nuestro trabajo. Para que la policía deje de llevarnos detenidas por el solo hecho de trabajar. Para que la prostitución no sea ilegal; en provincias como Córdoba se llevaron adelante políticas anti trata que sólo nos llevaron a mayor clandestinidad, equiparando la trata de personas con nuestro trabajo, prohibiéndolo, permitiendo así más violencia institucional y que ejerzamos en más marginalidad.

Porque queremos educación sexual para decidir y aborto legal para no morir. Necesitamos aborto legal seguro y gratuito, y que se implemente el cupo laboral trans. Estamos acá porque queremos una sociedad inclusiva con conciencia de clase que no deje afuera a nadie. Porque este 8 de marzo las mujeres, lesbianas, travestis paramos y nos sumamos a una huelga internacional. Porque queremos mayor igualdad y que termine la precarización laboral. Basta de violencia hacia nuestras vidas y del machismo que gran parte de la sociedad aún no quiere ver.

Abajo el patriarcado, que va a caer. Arriba el feminismo, que va a vencer, que va a vencer.

Por Triana Obregón