Sendos problemas de salud de Maikel y El Mono obligaron a postergar el tan ansiado festejo que Kapanga pretendía realizar en el Estadio Obras para el vigésimo quinto aniversario de su disco debut. Contrario a lo que afirma John Fogerty en aquella canción de Creedence que dice que algún día nunca llega, “los treinta años de perlas” tuvieron su gran celebración ante un recinto completamente agotado.
El calor agobiante del primer viernes de diciembre no fue un impedimento para que los kapangueros empezaran su propia fiesta sin esperar a nadie. Minutos pasados de las nueve de la noche, mientras algunos estaban en el Patio Gastronómico, el resto inflaba globos y le regalaba a la banda algo que no se puede comprar. Sin música que amenice la previa, el público les hizo llegar su cariño cuando comenzó a entonar, de manera espontánea, varios de sus hits. El primer gran momento de una noche especial.

Instantes después, Dany Jiménez, que hizo las veces de maestro de ceremonia, dio un discurso tan breve como emocionante a modo de bienvenida. Acto seguido, con la elegancia que la ocasión requería, Kapanga hizo su ingreso triunfal al Templo Del Rock, deteniéndose en medio del escenario para saludar y agradecer.
Todoterrenos
Es difícil, y a la vez no, pretender explicar el fenómeno Kapanga. La mezcla de rock, cuarteto, psicodelia y locura podría haber sido un cóctel mortal, pero concebir música sin etiquetas ni prejuicios funcionó. Para muestra basta un botón (o un hit): el show comienza con “Me Mata”. Aquella página escrita por “La Mona” Jiménez fue su carta de presentación allá por 1998, cuando fueron elegidos como banda revelación. El periplo había comenzado y sería un hermoso recorrido a través de la discografía del grupo: le siguieron “x2 La Caravana”, “Elvis”, “Amor Pulpo” y “Rock”.

De los tiempos de “Kapangstock” (2006), disco que grabaron en vivo ahí mismo, hubo dos compiladitos. El primero, el “Compi Obras 1” tuvo fragmentos de “Fumar/Bailarín Asesino/Desesperado” y el segundo hizo lo propio con “Los Ojos/Disionario/La Momia Blanca/Ramón”. La única canción que se entonó en la noche, mientras se reponía el ladrón de celulares golpeado, fue “Locos”, que se improvisó in situ.
Universales
Diez años sin disco nuevo es mucho tiempo y, a falta de nuevo material, siempre es bueno reversionar viejos clásicos. La fuerza del pasado con la frescura del presente. Es por eso que los primeros invitados de la noche fueron Goyo Degano e Iñaki Colombo, de Bandalos Chinos, para interpretar la versión 2025 de “Desearía”. Algo similar sucedió con Milo J, quien fue convocado para la versión aggiornada de “No Me Sueltes”, canción que El Mono le dedicó a Aldana Ríos, madre del joven de dieciocho años y kapanguera de los primeros años.

A pesar de que esos fueron momentos lindos del show, que duró dos horas y minutos, la presencia de la familia fue lo más especial y emotivo. Ernestina De Luna Campos, Tobías Fabio y Bianca Maffia subieron al escenario para rockear junto a sus padres y reforzar la identidad y el espíritu de familia que siempre atravesó a la banda. Ernestina, hija de Maikel, tocó la guitarra en “Todoterreno”, Tobías (el heredero) hizo lo propio en “Miro De Atrás”, en tanto que Bianca cantó “En El Camino” a dúo con Martín Fabio.

Unidos por la causa
El aire en Obras estaba viciado por la transpiración, el humo, las luces y el intenso calor. Después del episodio cardíaco del Mono cantando en vivo -por el que le colocaron varios stents-, ahora debe tomar ciertos recaudos. Es por eso que, cada tanto, abandona el escenario y la posta la toma Miguel De Luna Campos, el líder musical de Kapanga.
Luego de superar una enfermedad que lo obligó a ausentarse de los escenarios a fines del 2023, Maikel demuestra su valía a lo largo de toda la velada, donde toca rock, metal, funk, cuarteto, reggae y también canta. “Hoy Reggae” y “Juntos” muestran sus dotes de cantante afinado, además de meter coros en varias canciones, algo que también (y tan bien) hacen los demás integrantes de la banda. No es de lo más común que en un grupo canten todos: Javier Memo Manera, Claudio Maffia, Gastón Pato Sloomant y Juani Gorostidi hacen que cada versión sea más que disfrutable.

El Mono, Maikel y compañía se movieron entre clásicos inoxidables, que, raramente, respetaron con bastante fidelidad, y nuevas versiones que mostraron cómo su sonido sigue evolucionando sin perder esa impronta directa que los acompaña desde el primer riff.
El viaje, que tendió puentes entre pasado y presente, finalizó con la versión cumbia de “El Mono Relojero”, aquella estrenaron en vivo en La Obra, un boliche de Quilmes, en 1997.
Entre pogo, risas, complicidad y una conexión que se sintió genuina de punta a punta, Kapanga firmó un cierre de año que quedó grabado para todos los que estuvieron ahí. Tres décadas después, el grupo sigue habitando el escenario con la misma alegría contagiosa, la misma cercanía y la misma capacidad de convertir cada show en una celebración popular












Fotos: Nacho Piemonte PH



Comentarios