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CIRSE EN UNICLUB: AHÍ ESTARÁN

La banda de Adrogué llegó por primera vez a Uniclub para presentar material nuevo de su disco por venir en una noche con actitudes claras.

Cirse en Uniclub
Cirse en Uniclub

La escena debiera apagar las “excusas” para tocar: presentación de disco, gira, cumpleaños o lo que sea. Que se toque por tocar. Por llamar una vez más a la infinita gratitud del Rock. Y nada más, porque del resto se encargan las bandas.

Y de eso mismo se encargó Cirse en la nublada noche del sábado en Uniclub (Guardia Vieja 3360) cuando plantó bandera para desenvolver un cuarteto de canciones nuevas de la próxima placa a venir, además de sus clásicos. Aunque sin dudas el espectáculo giró en torno a este tipo de baby shower de la próxima creación a parir, que con mucha emoción se vivió.


Todos sus aromas nuevos siguen una línea similar a sus canciones anteriores, destacándose “Vi Llorar”, inspirada en los repudiables femicidios que tristemente hace rato sacuden a la Argentina. No es casualidad tampoco que alrededor de estas producciones haya ocurrido lo más importante: luego del primer estreno, siguió un agradecimiento a las bandas teloneras: Nameless (Uruguay), Enfermera y Trance Insomnio. De hecho, para “Por tu Bien” subió a acompañar Betina Sánchez, vocalista de la banda oriental. No fue la única plegaria: bajaron también los Muy Bien Felicitado para Héctor Limón García, vocalista de Vía Varela y, junto con Oscar Mediavilla, productor del disco que se viene, además de coach de voces.

Punto aparte para todo el lenguaje corporal de Luciana Luli Segovia. Posta. A menudo se habla de líderes en el escenario que tratan de copar con chistes o bailecitos y terminan pasando por payasos. Acá es exactamente al revés: la expresión es tal que la chica va narrando la canción con el cuerpo. Impresionante. Porque el efecto magnético es inmediato. No se pierde ni tiempo ni espacio, hay un juego escénico con el cuerpo muy bien aprovechado. Mientras unos saltan creando el espontáneo pogo, otros observan desde otras plateas creadas y ninguno de los sentidos se inutiliza. Todo actúa, todo pasa, todo al mismo tiempo.


Gran punto a favor –otro más – a la única guitarra al frente. Cuántas veces los oyentes se ven enfrentados a bandas cuya música se basa en una bola de sonido producto de una o más guitarras distorsionadas hasta el empalagamiento, donde no se termina de apreciar nada porque nada se deja escuchar. Acá, de hecho, se entienden los fraseos, resultado seguramente de un manejo del sonido en directo, ¡gracias!

Pero una de cal, una de arena: el que esté “programado” da paso a que si hay algún pifie de alguna de las 2 partes, aparezca un vacío evidente (al principio de “Promesas” no se escuchó la guitarra acústica). O no deja lugar a solos más extensos, precisamente, para dejar que las canciones salgan redonditas. Pero al arte se viene a arriesgar y a fallar si es necesario, sino, ni merece ostentar ese nombre. La única excepción fue “Muy Tarde”, donde sí hubo improvisación hasta con variadas técnicas guitarrísticas a cargo de Gabriel Leopardi. Luego Ziva Leopardi hizo lo propio en el bajo mientras Martín Magliano andaba meta latigando los platillos o usándolos Charlie Watts style.

Y mientras tanto, Luli conduciendo como si estuviera en el living de su casa: “Ustedes ya saben cómo es esto” y van uno, dos, cinco, diez personas arriba del escenario meta celular filmando, fotografiando, instagrameando y rockeando ¡pasándola bien! Y ella ¡hop! abajo del escenario a ser recibido cual musa por la oleada de manos que van de acá para allá y le juegan con el pelo rojo furioso. De más está describir el aguante del público, que pogueó desde el minuto uno, desde “Ritual” hasta “A.C.I.D.O.”

Y no sólo por la actitud impresa en la interpretación de canciones (factor que se lleva un buen porcentaje de espectáculo), sino por la ternura que desprenden varias de éstas. Sin ir más lejos, dos claros ejemplos son “Inocencia”  y “Juré”, tocadas al hilo, y eso al público le llega, no hay nada que hacerle. Por algo se quedan entonando a capella en el intermedio de la canción.


Como si fuera poco, exactamente después de haber cantado acompañada, la cantante ofreció un brindis para todos, para los que están, para los que volvieron y para los que van a estar siempre. La comunión con la audiencia es hermosa, porque se nota que no es para agradar, sino un acuerdo de partes. Si la atención estuviera puesta en cuánto responde la multitud y no en cómo sonar, la máquina no funcionaría. Y funciona. Y suena.

Mientras Luli canta mirando al infinito, queda claro que Cirse no tiene un techo próximo. La banda que lidera Segovia sigue show a show demostrando que aquellos que todavía no lo han hecho, deberían darle una oportunidad. ¿La próxima? El 8 de Noviembre en Teatro Vorterix, donde además presentarán su nuevo disco. Y ahí Cirse pondrá con todas sus cartas sobre la mesa: el juego, la expresión, los acordes, el público. Porque ahí estuvieron. Y ahí estarán.

Fotos de Chivi Marcote Fotografía

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