Por Fernando Tustanovsky
“Por qué no me habré ido a una pileta?!” ¿Cuántos hinchas del bicho se habrán preguntado lo mismo cuando a los 12 minutos del primer tiempo, Santiago Salcedo clavaba el segundo gol?
El sol de febrero pica mucho por la tarde así como también lo hacían los pibes de Lanús que habían salido con todo esa jornada. Pero, por suerte para aquellos que optaron por ir a la cancha y no a refrescarse, Argentinos no perdió la calma y empezó con tiki-tiki a reconstruir de a poco toda la semana casi perdida en 15 minutos.

A partir del gol en contra de Erramuspe, para el descuento visitante, la maquinita de Claudio Borghi se aceitó y no hubo verano que la pudiera parar. Entonces se armó un partidazo.
El primer tiempo terminó 2 a 2 porque el águila Nicolás Pavlovich igualó las cosas justo antes de que éste terminara.
Para el segundo tiempo, la imaginación pesimista decía que con el calor que hacía y arrancando todo de nuevo como si nada hubiera ocurrido el ritmo del partido sería más conservador. Nada de eso. El rojo de la Paternal, casi como ensañado, con un estilo de juego muy vertical y agresivo encontró y fabricó huecos profundos en la formación local.
Así fue que en el golpe por golpe salió ileso y los goles empezaron a caer. Otra vez Pavlovich, Ismael Sosa, Ortigoza de penal y el chileno Hernández (enorme definición) marcaron para una goleada histórica frente a un Lanús que sólo consiguió descontar sobre el final con gol de Leandro Díaz.
Terminó 6 a 3. Inolvidable paliza de Argentinos Juniors. Ese equipo ofensivo, arriesgado, rápido y efectivo fue el que 16 fechas después se consagraría campeón del fútbol argentino.



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