Ball

Spinetta y su pasión por River

Luis Alberto Spinetta, además de ser un enorme músico que dejó un legado musical cuantioso y rico, era un argentino hecho y derecho, y como tal, tenía su costado futbolero. Y así como hoy escribimos con todo el dolor del alma la nota que no queríamos escribir, y menos tan pronto, también es menester hablar de lo que el Flaco sintió por River Plate, el club que eligió seguir.

El "Flaco" con la banda de River. Se fue una leyenda.

La casa donde se fundó Almendra, piedra basal del rock argentino, queda a pocas cuadras del estadio Monumental, donde River juega desde hace muchísimos años, casi tantos como los de carrera que tuvo el Flaco; cuatro décadas que celebró con un show memorable en Vélez.

Su tío fue la punta por donde Spinetta entró a River. El hombre estuvo siempre muy vinculado al club de Núñez y, desde allí, se hizo hincha de muy chico. Pocas veces hacia referencia a su pasión por River. Lo suyo, claro está, era la magia y la música.

"Es indudable que nosotros pretendemos tener por lo menos diez años mejores que los que tuvo Boca. Ese es el ansia de todo Gallina, y ahí morimos. El que no lo acepta es un necio que no se da cuenta del campañón de Boca en los últimos años. La misión del Gallina es romper eso y llegar a ser el club más ganador en títulos Internacionales", había opinado, en 2008,  sobre el andar del River que siempre amó desde muy chiquito, aunque lo suyo pasara por otro lado.

También dejó una reflexión que lo pinta como hincha de cuerpo entero: "¿Cómo veo a River? Si juega bien, me encanta, porque River cuando gana, no gana de pedo. Gana porque juega bien. De pedo, a veces, le han ganado. River cuando gana, gana con todo. Lo único que falta es que nos caguemos también en eso".

Letra de "El anillo del Capitán Beto", la lírica que, la leyenda popular, señala que fue dedicada al Norberto Alonso, histórico diez de River Plate.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio, con su nave de fibra hecha en Haedo. Ayer colectivero, hoy amo entre los amos del aire.

Ya lleva quince años en su periplo; su equipo es tan precario como su destino. Sin embargo un anillo extraño ahuyenta sus peligros en el cosmos. Ahí va el Capitán Beto por el espacio, la foto de Carlitos sobre el comando y un banderín de River Plate y la triste estampita de un santo. ¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo? Si nadie viene hasta aquí a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral ¿Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad? Ya no puedo más de soledad. Su anillo lo inmuniza contra el peligro, pero no lo proteje de la tristeza. Surcando la galaxia del Hombre, ahí va el Capitán Beto, el errante. ¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango? ¿Dónde están, dónde están los camiones de basura, mi vieja y el café? Si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará, ni una triste sombra quedará. Ahí va el Capitán Beto por el espacio, regando los malvones de su cabina. Sín brújula y sin radio, jamás podrá volver a la Tierra. Tardaron muchos años hasta encontrarlo. El anillo de beto llevaba inscripto un signo del alma.

[yframe url='wPz-3c6Fcyc']

También supo escribir una canción inspirada en una tragedia que aconteció en La Bombonera en 1983, llamada "La Bengala Perdida". Aquella noche del 3 de agosto de 1983, un hincha de Racing cuyo nombre era Roberto Basile murió de un "bengalazo" en un confuso episodio en La Bombonera. Esta es la letra que Spinetta escribió sobre el suceso:

Tu jeep no arranca más, ni siquiera un milagro te haría salir, del barro no volverá.

Adentro queda un cuerpo, la bengala perdida se le posó, allí donde se dice gol.

Dejaron todo bajo el vendaval y huyendo del lodo no se supo más, bajo la lluvia el chasis se pudrió y allí tambien la criatura de Dios.

Después volvió el amor, al llegar un verano él se enamoró, tuvieron un lindo gordi.

Bajo la herencia la inmortalidad, cultura y poder son esta porno bajón, por un color, sólo por un color, no somos tan malos ya la cancha estalla en nada

Sin darme cuenta voy cayendo en cruz hacia el cenit, el cielo ya no tiene mis pies. Y la espiral que me habrá de llevar no es mejor que todas esas vueltas que dí, buscando un amanecer, buscando un amanecer, buscando un amanecer.

No hay una cuestión que no conduzca al mar, tan solo asi de noche puede uno descansar. Dios de probeta de piadosa luz de corderoy, Tití portando un dulce Exocet, que busca de piel en piel, que busca de piel en piel, que busca de piel en piel.

De las tribunas se puede regresar, tan solo hace falta ser de masa gris. Las aguas tienen un recurso más, moviendo las olas ya no hay realidad, ondas en aire.

Un tibio día se precipitó hasta aquí, aquí donde no hay nada que hacer. Y la mujer que sabe el devenir porque ve mirando con el ojo del sur, el ojo que mira al magma, el ojo que mira al magma, el ojo que mira al magma.

Inútilmente no se vuelve aquí y es que algo habrá el cielo sólo quiere jugar. No quiero un valle de catacumbas nunca más, no quiero que me llenen de sal, jugando hasta no poder, jugando hasta no poder, jugando hasta no poder.

Bajo la herencia la inmortalidad, cultura y poder son esta porno bajón, por un color, sólo por un color, no somos tan malos todo va a estallar, ondas en aire, ondas en aire, ondas en aire.

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Luis Alberto Spinetta, además de ser un enorme músico que dejó un legado musical cuantioso y rico, era un argentino hecho y derecho, y como tal, tenía su costado futbolero. Y así como hoy escribimos con todo el dolor del alma la nota que no queríamos escribir, y menos tan pronto, también es menester hablar de lo que el Flaco sintió por River Plate, el club que eligió seguir.

El “Flaco” con la banda de River. Se fue una leyenda.

La casa donde se fundó Almendra, piedra basal del rock argentino, queda a pocas cuadras del estadio Monumental, donde River juega desde hace muchísimos años, casi tantos como los de carrera que tuvo el Flaco; cuatro décadas que celebró con un show memorable en Vélez.

Su tío fue la punta por donde Spinetta entró a River. El hombre estuvo siempre muy vinculado al club de Núñez y, desde allí, se hizo hincha de muy chico. Pocas veces hacia referencia a su pasión por River. Lo suyo, claro está, era la magia y la música.

“Es indudable que nosotros pretendemos tener por lo menos diez años mejores que los que tuvo Boca. Ese es el ansia de todo Gallina, y ahí morimos. El que no lo acepta es un necio que no se da cuenta del campañón de Boca en los últimos años. La misión del Gallina es romper eso y llegar a ser el club más ganador en títulos Internacionales”, había opinado, en 2008,  sobre el andar del River que siempre amó desde muy chiquito, aunque lo suyo pasara por otro lado.

También dejó una reflexión que lo pinta como hincha de cuerpo entero: “¿Cómo veo a River? Si juega bien, me encanta, porque River cuando gana, no gana de pedo. Gana porque juega bien. De pedo, a veces, le han ganado. River cuando gana, gana con todo. Lo único que falta es que nos caguemos también en eso”.

Letra de “El anillo del Capitán Beto”, la lírica que, la leyenda popular, señala que fue dedicada al Norberto Alonso, histórico diez de River Plate.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
con su nave de fibra hecha en Haedo.
Ayer colectivero,
hoy amo entre los amos del aire.

Ya lleva quince años en su periplo;
su equipo es tan precario como su destino.
Sin embargo un anillo extraño
ahuyenta sus peligros en el cosmos.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
la foto de Carlitos sobre el comando
y un banderín de River Plate
y la triste estampita de un santo.

¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?
Si nadie viene hasta aquí
a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral
¿Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad?
Ya no puedo más de soledad.

Su anillo lo inmuniza contra el peligro,
pero no lo proteje de la tristeza.
Surcando la galaxia del Hombre,
ahí va el Capitán Beto, el errante.

¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango?
¿Dónde están, dónde están
los camiones de basura, mi vieja y el café?
Si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará,
ni una triste sombra quedará.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
regando los malvones de su cabina.
Sín brújula y sin radio,
jamás podrá volver a la Tierra.

Tardaron muchos años hasta encontrarlo.
El anillo de beto llevaba inscripto un signo del alma.

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También supo escribir una canción inspirada en una tragedia que aconteció en La Bombonera en 1983, llamada “La Bengala Perdida”. Aquella noche del 3 de agosto de 1983, un hincha de Racing cuyo nombre era Roberto Basile murió de un “bengalazo” en un confuso episodio en La Bombonera. Esta es la letra que Spinetta escribió sobre el suceso:

Tu jeep no arranca más,
ni siquiera un milagro te haría salir,
del barro no volverá.

Adentro queda un cuerpo,
la bengala perdida se le posó,
allí donde se dice gol.

Dejaron todo bajo el vendaval
y huyendo del lodo no se supo más,
bajo la lluvia el chasis se pudrió
y allí tambien la criatura de Dios.

Después volvió el amor,
al llegar un verano él se enamoró,
tuvieron un lindo gordi.

Bajo la herencia la inmortalidad,
cultura y poder son esta porno bajón,
por un color, sólo por un color,
no somos tan malos ya la cancha estalla en nada

Sin darme cuenta voy cayendo en cruz hacia el cenit,
el cielo ya no tiene mis pies.
Y la espiral que me habrá de llevar no es mejor
que todas esas vueltas que dí,
buscando un amanecer,
buscando un amanecer,
buscando un amanecer.

No hay una cuestión que no conduzca al mar,
tan solo asi de noche puede uno descansar.
Dios de probeta de piadosa luz de corderoy,
Tití portando un dulce Exocet,
que busca de piel en piel,
que busca de piel en piel,
que busca de piel en piel.

De las tribunas se puede regresar,
tan solo hace falta ser de masa gris.
Las aguas tienen un recurso más,
moviendo las olas ya no hay realidad,
ondas en aire.

Un tibio día se precipitó hasta aquí,
aquí donde no hay nada que hacer.
Y la mujer que sabe el devenir porque ve
mirando con el ojo del sur,
el ojo que mira al magma,
el ojo que mira al magma,
el ojo que mira al magma.

Inútilmente no se vuelve aquí y es que algo habrá
el cielo sólo quiere jugar.
No quiero un valle de catacumbas nunca más,
no quiero que me llenen de sal,
jugando hasta no poder,
jugando hasta no poder,
jugando hasta no poder.

Bajo la herencia la inmortalidad,
cultura y poder son esta porno bajón,
por un color, sólo por un color,
no somos tan malos todo va a estallar,
ondas en aire,
ondas en aire,
ondas en aire.

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