
Estadio de Wembley, Londres, Inglaterra, 11 de agosto de 2012
La Selección de fútbol de Brasil, comandada por Mano Menezes, ve escurrirse su sueño de Oro olímpico ante México. Así, el “maleficio” continuaba y, a dos años de organizar su Mundial y cuatro de hospedar los primeros Juegos Olímpicos en Sudámerica, Brasil seguía con el estigma: llevaba 116 años sin ser Oro, algo que Argentina había conseguido, por duplicado, en las anteriores dos citas olímpicas. Neymar, que todavía hacia desastres en el Santos y no había pasado al Barcelona, tragó saliva. No pudo conseguir el Oro para su país. Y sabe que habrá revancha.
Mineirao, Belo Horizonte, Brasil, 8 de julio de 2014
La Selección de fútbol de Brasil, comandada por Dunga, llega a Belo Horizonte a disputar una nueva semifinal del mundo. Sin Neymar, lesionado ante Colombia, el Scratch tiene enfrente a la siempre compleja Alemania de Joachim Löw, que viene de quedar muy cerca de la gloria en Sudáfrica 2010 y en Alemania 2006. El partido será recordado como la noche más negra del fútbol verdeamarelho. Fue 7-1 para los europeos, que llegaron a estar 7-0 ante el estupor todo de la nación que más veces festejó una Copa del Mundo. Neymar lo vio desde afuera, tragó saliva y se salvó del escarnio público. Y espera su revancha.
Gillete Stadium, Foxborough, Estados Unidos, 12 de junio de 2016
La Selección de fútbol de Brasil, comandada, otra vez, por Dunga, vuelve a fallar de manera inesperada. Esta vez, en la Copa América Centenario, cayendo 0-1 ante Perú y quedando eliminado en la fase de grupos, sumando un nuevo fracaso luego del sangriento 1-7 del Mundial. Neymar Jr, como aquella vez de Belo Horizonte, lo ve por TV. Brasil todo y Barcelona han decidido que O’Craque jugará en Río 2016, buscando saldar la deuda histórica del fútbol de Brasil, que ya lleva 120 años. Llegó la revancha.
Estadio Maracaná, Río de Janeiro, Brasil, 20 de agosto de 2016
Neymar y todo Brasil están ante una gran revancha. No sólo por el rival, que otra vez es Alemania, si no por la chance, histórica, de colgarse el Oro olímpico y, por primera vez, ganar algo importante en su suelo, luego de las decepciones de los mundiales de 1950 y 2014. Esta vez, Neymar está en cancha, no está lesionado, no está a kilómetros. Está ahí, en cancha. Y la cosa sería muy distinta…

Neymar se lo propuso y lo consiguió. En una decisión tripartita, con la Selección, el Barcelona y su propio deseo, el Craque consiguió que el Barcelona lo dejara disputar los Juegos Olímpicos, torneo no organizado por la FIFA. Así, la estrella del Barcelona se convirtió en el jugador más destacado de los Juegos, un torneo Sub 23 que Brasil no ganó nunca en toda su historia, a esta altura una espina en el alma futbolera de los “garotos“. La historia no arrancó sencilla y la selección de Micale, DT de emergencia luego de la intempestiva -y lógica- salida de Dunga post fracaso en Estados Unidos, tuvo que transpirar más de la cuenta para encontrar su juego e ilusionarse en serio con romper el maleficio.
“Los Cazafantasmas”, como apodó la prensa de Brasil al equipo, debido al estigma que tenía por delante y al reciente 1-7 en Belo Horizonte, no empezaron el torneo con seguridad y, rápidamente, se ganaron el repudio del público que, con escasa paciencia luego del bochornoso “Mineirazo” le hizo entender a este equipo que no había más hilo en el carretel. Lo sufrió el propio Ney, quién afrontó despiadadas críticas de la prensa de su país y el grito de “Marta, Marta”, proferido por los torcedores cuando el juego no aparecía y Brasil parecía encaminarse a un nuevo Waterloo.
Pero esta vez, Neymar logró su cometido. Ayudado por un Scratch que mostró algunos valores a tener en cuenta como Luan, Gabriel Jesús, Renato Augusto, Gabriel Barbosa y el arquero, Wewerton, por nombrar algunos, consiguió apuntalar un torneo que había empezado muy lejos de las expectativas, con dos magros empates ante Sudáfrica e Irak, dos selecciones débiles. El 4-0 a Dinamarca puso a Brasil en cuartos de final. Una vez más, como en 2014, el rival fue Colombia y el resultado fue exacto: 2-0, con un golazo de Neymar y otro de Luan.
En semis, sin el cuco alemán, el Scratch volvió a hacer pesar su historia. En el Maracaná goleó 6-0 a Honduras, con dos de Neymar, uno de ellos el gol más rápido de la historia de los Juegos, a los 16 segundos. Un gol que sirvió para serenar a todos: equipo, público, prensa y encaminar a su Selección a una victoria clara, asegurar una nueva medalla, y meterse en la final.

Lo de la medalla es un decir. No existía en la cabeza del compañero de aventuras de Lionel Messi y Luis Suárez otra posibilidad que el Oro. Tampoco existía otra chance en la prensa o en la gente. Era “Oro o mierda”, reversionando un poco el dicho. Enfrente, como para alimentar las presiones y los fantasmas, Alemania. Una Alemania Sub23, es cierto, pero nutrida de grandes valores de la Bundesliga, jugadores que seguramente aparecerán en Rusia 2018 y Qatar 2022.
El partido, toda una final, fue jugado ante un Maracaná repleto, con mucha presión de parte de los “torcedores” y con un equipo alemán fiel a sus principios. Fue Neymar, el bastardeado y criticado, quién abrió la cuenta con un tiro libre a la altura de los de su estirpe, que hizo estirarse a Horn pero para nunca llegar. Iban 27′ del primer tiempo y O’Craque, comenzaba a pulverizar miedos y fantasmas. Sin embargo, Alemania, siempre Alemania, empató y empujó al final al alargue y, los penales.
Pero Neymar, incluso, pudo contra un fantasma más. El de su propias lesiones en instancias decisivas para Brasil. El Crack corrió a buscar una pelota cuando quedaban minutos y quedó clavado, pareció pinchazo , se temió desgarro, pero Ney siguió, agitó los miedos del estadio y se mostró ok para los penales. Brasil y Alemania patearon excelentemente 9 de los 10 penales. Sólo Wewerton logró volar y ahogarle el grito a Petersen. Así, Neymar (quién eligió quedarse con la responsabilidad de patear el último penal) cara a cara con la historia, a 11 metros.

Tomó carrera, se frenó, volvió a repiquetear. A su alrededor todo el Maracaná contenía el aliento. Desde una cabina, el Gordo Ronaldo y Guga Kuerten, dos de los más grandes deportistas de Brasil, esperaban el desenlace. El arquero Horn ya había perdido el duelo con Neymar, pero ahora, el brasileño también tenía por delante la historia, el karma, el Mineirazo, incluso el alma errante de Moacir Barbosa Nascieminto, el arquero que poco pudo hacer en ese mismo escenario para evitar el “Maracanazo“. Con todo ese peso, Neymar impactó la pelota y la misma viajó con la seguridad que la Verdeamarelha no muestra hace años e infló la red. Y, con eso, terminó de cazar el último fantasma que le quedaba. Brasil es Oro Olímpico. Neymar es campeón olímpico. No hay mal que dure 120 años. Y en las calles de Río, en Copacabana, en Belo Horizonte, a lo largo y a lo ancho de Brasil, ya nadie dice Marta. Sólo se escucha, se habla, se lee, se enaltece a Neymar. Es que el crack del Barcelona, también ahuyentó los fantasmas que pesaban sobre él mismo. Y eso vale casi tanto como el Oro olímpico.



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