Por primera vez en años, River se reforzó y no incorporó. El juego de palabras ilustra una nueva realidad. En este acotado mercado de pases – sólo se podían traer a dos jugadores- el “Millonario” sumó dos jugadores que no se amontonan con los demás, más bien suman. Ellos son David Trezeguet, delantero de fuste y Leonardo Ponzio, un mediocampista que, además de ser relevo de los que ya están, viene de años de militar en Europa.

Matías Almeyda, a diferencia de Juan José López, sumó “soluciones”. Contó con las ganas, inestimables, de los protagonistas. Más allá que ninguno vino gratis (a Ponzio, incluso, se le abonó una suculenta en suma, en euros, por su pase) ambos podrían haber seguido en Europa o donde estaban. Eligieron a River. Eligieron a River enla BN, una decisión aún más difícil.
Pero volvamos al pizarrón, ese que Almeyda parece olvidar frecuentemente. River sumó variantes como para poder moverse en varios esquemas sin sufrir grandes alteraciones. Ahora, con Trezeguet, podrá jugar con un enlace –Alejandro Domínguez– y dos puntas –el franco-argentino y Fernando Cavenaghi o, sino, con tres puntas, con el Chori, Cave y el ex Juventus. Incluso, podría jugar con una “línea” de dos enganches, con el ex Quilmes y con el Cavegol, que demostró también saber asistir a sus compañeros.

Con la llegada de Ponzio, River suma más variantes aún. Leo puede ser líbero, en una hipotética línea de 3, puede ser lateral, en una hipotética línea de 4 y, por supuesto, único volante central o formar una línea de dos cincos. Así, Martín Aguirre, quien usualmente se mostraba cansado antes que finalicen los partidos, sumó un reemplazo de luxe. Lo mismo va para Ezequiel Cirigliano. La buena noticia es que si alguno de los dos, Ciri o el Gula, se resfrían siquiera, ahí estará Ponzio, como para bancar la parada.
A priori, River tiene ahora más opciones, más variantes para lastimar a sus rivales. Puede variar de dibujo fácilmente e incluso, durante el mismo partido, cambiar de esquema dentro de la cancha y en el medio de la “batalla”. Para ello necesitará de la “viveza” de su técnico, que aún parece no haber roto del todo el cascarón.
En las primeras prácticas en Ezeiza, se ve química y se huele “pólvora” entre el Cavegol, goleador del primer semestre y el ex campeón del Mundo en 1998, David Trezeguet. Se buscan, se huelen, se encuentran y, los dos, definen. Hacía mucho que River no contaba con dos delanteros tan letales, quizás desde la época de Saviola-Ángel.
Los dos son inteligentes para jugar. Pillos para buscar los espacios y lucen una amplísima gama de definiciones en sus curriculums. En el primer semestre, el Torito hizo goles de todos los colores. Trezeguet, a lo largo de su prolífica carrera, también. Será cuestión, entonces, que Almeyda afine el lápiz y el ojo. Puede incluso, “jugar” con sus rivales. Puede plantear partidos según la “urgencia” o “estilo” del rival de turno.
¿Qué hubiera pasado si River se reforzaba así cuando sólo trajo a Fabián Bordagaray? Imposible saberlo. O mejor dicho, mejor ni pensarlo. Lo concreto es el presente y ese presente marca que Matías Jesús Almeyda tiene uno de los planteles más ricos en variantes de todala Argentina.Esoes porque, por fin, River no incorporó, sino que se reforzó. Habrá que ver si el DT sabe como manejar la batuta para sacar la mejor música de una orquesta que, por primera vez en mucho tiempo, tiene instrumentos como para hacerlo. Algo está claro, no ascender no sería para tirarse al río, pero sí sería imperdonable.



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