
Porteña es una pequeñísima localidad cordobesa, recostada sobre la vasta llanura chaco pampeana. Según el Censo 2010 del INDEC, ese que se hizo el día que murió Nestor, en Porteña vivían 5337 personas. Años después, ese número variaría a 5336 personas y un Superhéroe. ¿Cual es el poder de este héroe de carne, hueso y físico más bien menudito? Hacer felices a millones de tipos con el poder de sus manos mágicas, urgentes, oportunas, necesarias.
Marcelo Alberto Barovero, el Superhéroe en cuestión, nació en este lugar, un lugar que en su zona urbanizada posee tan sólo 204 manzanas. Un dato: el espacio que ocupa el Estadio Monumental, sus canchas de tenis, la pileta, las canchas auxiliares, el museo y los estacionamientos está cerca de un 5-10% de esa capacidad. Fue precisamente allí, en algún lugar ubicado en medio de esas manzanas enclavadas en el denominado “Barrio River”, a metros de la Avenida Lugones, que Barovero se convirtió en Superhéroe.

Llegó al club en Julio de 2012, procedente de Vélez. Al llegar agradeció el trato de la entidad velezana y, sin saberlo, trazó el Norte de su paso por el club, que alcanzará casi los 4 años cuando se termine. “Llego a un River que pasa el peor momento de su historia, pero ahora hay que resurgir y mirar para adelante”, dijo al programa “Rock & Closs”, que se emitía por Rock & Pop. Claro, el Millo, en ese entonces, se estaba preparando para afrontar el regreso a Primera, con Matías Almeyda en el banco y Daniel Passarella en el sillón presidencial. Además del oriundo de Porteña, que comenzó su carrera en Atlético Rafaela y pasó por Huracán, River contaba con Leandro Chichizola y Daniel Vega. Los dos perdieron la titularidad a manos del recién llegado en poco tiempo, tan sólo 90 minutos.
En la segunda fecha de ese torneo, ante Estudiantes, en La Plata, Barovero tomaría el arco de River para no soltarlo más. Encima, el Millo ganó 2-0 y con doblete de Rogelio Funes Mori… Su presencia ya comenzaba a hacer milagros. Luego llegaron los éxitos, mientras alguno seguía dudando de él. Hay que decirlo, Barovero podría ser perfectamente mozo de un bar de la terminal de su pueblo, o de la Capital o de donde quiera. O incluso podría ser oficinista, si quisiera. También le queda bien el papel de “Trapito“, que hizo para la presentación de Showmatch de este año. ¿Pero arquero? ¿Y de equipo grande?
Sin embargo, Barovero coló su apellido, su humildad y su carácter en el top 3 histórico de River. Así lo han sentenciado varias generaciones de hinchas, que eligen al actual Presidente Honorario del club, Amadeo Carrizo en primer término y segundo al recordado Ubaldo Matildo Fillol. El tercer lugar no tiene disputa alguna, al menos por estos días. Pese a que son muchos los que recuerdan al histriónico Germán Adrián Ramón Burgos (ganó 7 títulos, incluidas las Copas Libertadores y Supercopa) y a Roberto “Tito” Bonano, arquero de los equipos súper Campeones de Ramón Díaz. E incluso alguno podrá sumar el nombre del único arquero campeón del mundo que tiene River: Nery Pumpido. Pero ninguno es un Superhéroe o se le asemejó a uno..
Fue precisamente con Ramón que Barovero ganó su primer título en River (Torneo Final 2014) y a los pocos días, otro, con la Superfinal ganada a San Lorenzo, en San Juan. Después, en el segundo semestre, Barovero dejaría de ser un arquero confiable y con buenos reflejos para, además, pasar a ser leyenda.
El momento está grabado a fuego en los hinchas de River, es quizás, top 3 dentro de los más emblemáticos de la Era Gallardo, junto a la remontada en el Morumbí y el gol de Alario ante Tigres, en la final de la Copa Libertadores, tiempo después. River y Boca jugaban la revancha de la semifinal de la Copa Sudamericana, exactamente 10 años después de la última eliminatoria entre sí, con victoria Xeneize, por penales, en el Monumental. 25 segundos precisó Boca para asustar a todo el Monumental. Una pelota sucia al área, un despeje de Ariel Rojas sin ver y un penal que Germán Delfino sancionó con precisión y frialdad, sumiendo al estadio en el desconcierto y la desesperación. Y en el mismo arco que, en 2004, fue epicentro del festejo del pueblo Xeneize. Si Boca convertía desde los 12 pasos, el River de Gallardo necesitaría de dos goles para eliminar a su clásico rival, debido al 0-0 conseguido en la ida, en La Boca.
Emanuel Gigliotti, 9 de Boca, se paró frente a la pelota. Enfrente de él, 181 cm y 71 kg lo separaban al ex All Boys de su pasaje a la gloria. En el estadio se sentía, se intuía, se palpaba que si Boca arrancaba 1-0 tan pronto, chau picho. Gigliotti se quejó del láser verde, haciendo enardecer aún más al estadio. Todos creyeron que el ‘9’ estaba ganando tiempo, poniendo nervioso al arquero y haciendo una triquiñuela para sacar aún más provecho, mientras en el Monumental discutían si Delfino estaba loco o simplemente era un hijo de puta. Pero en esa vorágine solamente una persona se dio cuenta de la verdad. Vestido enteramente de verde flúo, Barovero se dio cuenta que a Gigliotti ese penal le pesaba horrores.
Fue entonces que Marcelo Alberto Barovero dejó de ser quién es para pasar a ser póster, remeras verdes en las tribunas, el preferido de los niños, el que se dibuja en cualquier momento, el héroe, el relato de De Paoli que repite, incesante, “Barovero, Barovero, Barovero, Barovero, Barovero” como inmortalizando el hombre y el nombre, detrás suyo sólo se escucha el extásis. Claro, Barovero voló como Superman y salvó a todo el Monumental, como suele hacer Batman. Pero no fue ninguno de ellos y fue todos a la misma vez. Ese hombrecito, pequeño al lado del físico imponente del 9 Xeneize, se convirtió en gigante, se convirtió en mito, se convirtió en leyenda porque leyó hacia donde iba el remate del nervioso Gigliotti y lo sacó, se lo sacó. ¡Se lo sacó!. Y así como Roma se hizo célebre por atraparle un penal a Delem, Barovero pasó a la inmortalidad por ahogarle el grito sagrado a Boca, cuando no iba ni un minuto y el Monumental era una olla a presión que parecía estar despegada del suelo.
Luego de pintar su “Gioconda” o de cincelar su “Venus de Milo“, Barovero únicamente, atinó a levantar el índice, como toda señal de festejo. Nada grandilocuente, mucho menos “cargar” al rival, solamente levantar el dedito indice de su mano derecha, la mano con la que le sacó el grito a todo Boca y rápido a meterse en el partido, porque Boca, todavía golpeado iba a seguir atacando un poco más. Sólo hasta el momento en que una apertura de Leo Ponzio encuentre a Vangioni, que tiró el buscapié y encontró el pie sensible y urgente de Leo Pisculichi para el gol y el delirio. Esa noche River terminó con su karma y fue, en gran parte, gracias a la frialdad de Marcelo Barovero, su nuevo Superhéroe.
Cualquiera podría decir que hasta acá es una historia que bien vale el tributo, el tema es que Barovero siguió regalando atajadas épicas en River. O ni siquiera atajando, reptando, casi que arrastrándose, cerrándole todo el ángulo a Jürgen Damm, en la ida de la Copa Libertadores. O en la serie de octavos ante Boca, en esa misma Copa, cuando lo ahogó a Jonatan Calleri. O cuando, a puro reflejo, le sacó el gol a Matías Caruzzo en el Nuevo Gasómetro lo que hubiese sido el empate de la serie por la Recopa. O, quizás la última más célebre, la que en pleno Tokio le tapó a un tal Leo Messi, cumpliendo el sueño de su hijo y recibiendo la felicitación del crack, porque fue una pelota imposible: le quedó a Leo, de sobrepique, a centímetros de la línea de sentencia. El astro del Barcelona pateó abajo, donde duele, pero “Trapito” logró ahogarle el grito. Quizás haya sido la única imagen que vale la pena rescatar de aquella final del Mundial de Clubes. Y otra vez protagonizada por el “Superhéroe de Porteña”.
[os-widget path=”/javierhern%C3%A1ngarcia/las-atajadas-claves-del-superh%C3%A9roe-de-porte%C3%B1a” of=”javierhern%C3%A1ngarcia” width=”730″]
Luego de la gloria del 2015, Marcelo Alberto Barovero, anunció que se va de River. Luego de casi 4 años y 6 títulos (Torneo Final 2014, Superfinal 2014, Sudamericana 2014, Recopa Sudamericana 2015, Copa Libertadores 2015 y Suruga Bank 2015), el hombre que llegó con muchas dudas sobre él, se va en el podio de arqueros de River en la historia. Con una personalidad más cercana al silencio que al histrionismo, el arquero logró a fuerza de guantazos, reflejos y verdaderos milagros en el área, que los chicos pidan tanto su camiseta verde flúo como pedían la 15 de Piscu, o la 9 de Cavenaghi; que en las inmediaciones del Monumental haya aparecido el color “verde” entre el merchandising que se vende, gorritas, bandera, vincha. Y no es poca cosa.
Es más, si uno lo piensa bien, es hasta casi imposible que en medio de un ciclo de River híper ganador, uno de los tres más destacados sea su arquero. Pero así es. Y está bien que así sea. River no sólo pierde un arquero, pierde a un Superhéroe, su superhéroe, el tipo que, en una atajada, fue capaz de fulminar la mufa de 10 años, que con los mismos guantes con los que le ahogó gritos a miles de delanteros, levantó la Copa Libertadores, que se erigió en Capitán cuando dejó el club Fernando Cavenaghi. Y todo lo hizo con el silencio como aliado y con una voluntad de hierro. ¿Por qué no está en la Selección? Se ve que a Gerardo Martino todavía no le avisaron que Barovero es el seudónimo detrás del cual se oculta el único Superhéroe de Porteña. Y de River, claro. Los chicos lo van a extrañar, los grandes también y los que peinan canas también. Mientras en el Monumental se devanan los sesos para ver quién podrá reemplazarlo, Barovero ya está buscando a que otro club podrá salvar volando. Aunque con una salvedad, este Superhéroe no surca los cielos, pero sí lo hace de “palo a palo”.
De yapa, más atajadas de “Trapito” en sus casi cuatro años en River



Comentarios