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Atención: Otro “Cromañón” late en el ingreso a la Belgrano Alta

River es una verdadera sensación en su paso por la B Nacional. Por una mezcla de masoquismo, hidalguía, poner el pecho o "estar en las malas", cada vez que el Millo juega en su estadio concurre muchísimo público. Sería bueno que le notifiquen de esto a la dirigencia del club y a la Policía Federal, porque nadie parece saberlo.

Quizás como nunca, ante Quilmes, el Monumental explotó. Y, quizás como nunca antes, pudo haber pasado una tragedia. 18.30 de la tarde, el duelo ante el Cervecero comenzará a las 19.10 y, a 40', Udaondo es un desfile incesante de gente. Vale remarcar que, por ahí, se ingresa a la Centenario (Media y Baja), a la Belgrano (Baja, Media y Alta y a las populares y platea Sivorí (Media y Baja). Sí, un mundo de gente pasa por allí.

[caption id="attachment_45191" align="aligncenter" width="650" caption="¿Ganado? ¿Animales? No, socios e hinchas de River buscan ingresar a la Belgrano. Indigna"][/caption]

Se vivieron escenas dantescas luego del tercer cacheo. Ahí, en el ingreso a la Platea Belgrano pudo haber pasado una tragedia. Una cola inentendible de gente, similar a un gusano, que ocupaba toda la calle, mientras había gente que avanzaba buscando la popular. ¿Qué pasaba? Rock 'N Ball caminó la avenida Udaondo y observó como, de manera inentendible, la puerta no se abría, no se avanzaba, algo impedía el "normal" ingreso de la gente, mucha de ella socia de River.

Según se pudo averiguar después, el ya vetusto sistema de molinetes no dio abasto. Ahora, la pregunta que indigna. ¿No saben que en un duelo clave por la lucha por ascender y por la Rivermanía que existe, va a ir todo el mundo a la cancha? ¿No se puede prever esto? No es tan díficil, que las puertas se abran al mediodía si es necesario y que la Policía, a la que se la paga como si sirviera su trabajo o fuera eficiente, llegue con la suficiente antelación.

Había gente que no avanzó un centímetro tras 40 minutos de cola. La asfixia es un riesgo certero, más cuando desde adentro, desde un estadio que ya estaba a un 85% (y afuera había miles de hinchas pugnando por ingresar) partían gritos que hacian saber a los que estaban afuera que el equipo ya había ingresado a la cancha.

Ahí todo se desmadró. Lo que era insultos y reclamo, mutó en avanzar como sea, la gente comenzó a pasar por encima de los molinetes como si estos fueran de papel y la policía hizo lo que mejor se le da: repartir palazo sin distinción. Así, el caos se instaló. Claro, no hacia falta ser vidente para saber que eso sucedería, bastaba con pasar por el mismo lugar media hora ante, cuando ya la policía avanzaba con los palos y el camión policial también ganó su lugar.

Lo triste es que no es un hecho aislado, es algo reiterativo. Ya había pasado en el partido contra Independiente Rivadavia (M), quince días atrás. La gente va a seguir yendo a la cancha, esto es así. Además, gran parte de los que ayer pedían ingresar al estadio, son hombres, mujeres y niños que pagan su cuota social todos los meses. No tienen porque dejar de ir. Pero sí hay que cuidarlos más. Eso es deber y responsabilidad de River y de la Policía Federal, a quien el club le paga para garantizar el normal desandar de algo tan sencillo como el ingreso a la cancha.

No se piden grandes medidas, con abrir los molinetes con suficiente antelación, con una Policía que llegue MAS TEMPRANO al estadio se evita la aglomeración de gente. Más allá que jugar este partido el viernes haya sido una locura. Mucha de esa gente se refugio en la Centenario. El resultado fue una tribuna repleta, excedida de gente. Si allí pasaba algo, por menor que sea, nadie salía y, en el caso de precisar un médico, iba a tardar mucho más en llegar.

Escaleras abarrotadas de gente en la Centenario, gente subida, prácticamente, a donde están los camarográfos en la Belgrano, un lío descomunal en el playón en la San Martín. Eso también fue River-Quilmes.

Una mezcla de negligencia, ignorancia, desidia y poco cuidado por el socio e hincha que, ayer, más cerca que nunca, estuvo merodeando la tragedia o de lamentar un muerto. Hay que tener más cuidado, no se pide mucho. Se pide un poco de pensar en cuidar a la gente, nada más. Está vez pegó en el palo. Como el remate de Ponzio...

   

River es una verdadera sensación en su paso por la B Nacional. Por una mezcla de masoquismo, hidalguía, poner el pecho o “estar en las malas”, cada vez que el Millo juega en su estadio concurre muchísimo público. Sería bueno que le notifiquen de esto a la dirigencia del club y a la Policía Federal, porque nadie parece saberlo.

Quizás como nunca, ante Quilmes, el Monumental explotó. Y, quizás como nunca antes, pudo haber pasado una tragedia. 18.30 de la tarde, el duelo ante el Cervecero comenzará a las 19.10 y, a 40′, Udaondo es un desfile incesante de gente. Vale remarcar que, por ahí, se ingresa a la Centenario (Media y Baja), a la Belgrano (Baja, Media y Alta y a las populares y platea Sivorí (Media y Baja). Sí, un mundo de gente pasa por allí.

¿Ganado? ¿Animales? No, socios e hinchas de River buscan ingresar a la Belgrano. Indigna

Se vivieron escenas dantescas luego del tercer cacheo. Ahí, en el ingreso a la Platea Belgrano pudo haber pasado una tragedia. Una cola inentendible de gente, similar a un gusano, que ocupaba toda la calle, mientras había gente que avanzaba buscando la popular. ¿Qué pasaba? Rock ‘N Ball caminó la avenida Udaondo y observó como, de manera inentendible, la puerta no se abría, no se avanzaba, algo impedía el “normal” ingreso de la gente, mucha de ella socia de River.

Según se pudo averiguar después, el ya vetusto sistema de molinetes no dio abasto. Ahora, la pregunta que indigna. ¿No saben que en un duelo clave por la lucha por ascender y por la Rivermanía que existe, va a ir todo el mundo a la cancha? ¿No se puede prever esto? No es tan díficil, que las puertas se abran al mediodía si es necesario y que la Policía, a la que se la paga como si sirviera su trabajo o fuera eficiente, llegue con la suficiente antelación.

Había gente que no avanzó un centímetro tras 40 minutos de cola. La asfixia es un riesgo certero, más cuando desde adentro, desde un estadio que ya estaba a un 85% (y afuera había miles de hinchas pugnando por ingresar) partían gritos que hacian saber a los que estaban afuera que el equipo ya había ingresado a la cancha.

Ahí todo se desmadró. Lo que era insultos y reclamo, mutó en avanzar como sea, la gente comenzó a pasar por encima de los molinetes como si estos fueran de papel y la policía hizo lo que mejor se le da: repartir palazo sin distinción. Así, el caos se instaló. Claro, no hacia falta ser vidente para saber que eso sucedería, bastaba con pasar por el mismo lugar media hora ante, cuando ya la policía avanzaba con los palos y el camión policial también ganó su lugar.

Lo triste es que no es un hecho aislado, es algo reiterativo. Ya había pasado en el partido contra Independiente Rivadavia (M), quince días atrás. La gente va a seguir yendo a la cancha, esto es así. Además, gran parte de los que ayer pedían ingresar al estadio, son hombres, mujeres y niños que pagan su cuota social todos los meses. No tienen porque dejar de ir. Pero sí hay que cuidarlos más. Eso es deber y responsabilidad de River y de la Policía Federal, a quien el club le paga para garantizar el normal desandar de algo tan sencillo como el ingreso a la cancha.

No se piden grandes medidas, con abrir los molinetes con suficiente antelación, con una Policía que llegue MAS TEMPRANO al estadio se evita la aglomeración de gente. Más allá que jugar este partido el viernes haya sido una locura. Mucha de esa gente se refugio en la Centenario. El resultado fue una tribuna repleta, excedida de gente. Si allí pasaba algo, por menor que sea, nadie salía y, en el caso de precisar un médico, iba a tardar mucho más en llegar.

Escaleras abarrotadas de gente en la Centenario, gente subida, prácticamente, a donde están los camarográfos en la Belgrano, un lío descomunal en el playón en la San Martín. Eso también fue River-Quilmes.

Una mezcla de negligencia, ignorancia, desidia y poco cuidado por el socio e hincha que, ayer, más cerca que nunca, estuvo merodeando la tragedia o de lamentar un muerto. Hay que tener más cuidado, no se pide mucho. Se pide un poco de pensar en cuidar a la gente, nada más. Está vez pegó en el palo. Como el remate de Ponzio