Leparcq celebra su primera década el 12 de octubre en La Tangente con un show que enlaza pasado y futuro. Conformada por Andrés y Damián Villarreal, Matías Guevara, Leonardo Giannetti y con la incorporación de Leonel Von Klingen en 2023, la banda de rock alternativo repasará su EP debut, “Las Estrellas Son Un Sueño”, con arreglos orquestales, adelantará canciones de su próximo disco y contará con invitados como Maxi Villarreal, Macu Kahlo e Ivo Burset.

La velada sumará además a Crónicas del Futuro y PAN, en una noche de camaradería dentro de la escena independiente porteña. Con letras que entrelazan lo íntimo y lo social, Andres Villarreal, piano, voz y principal compositor del grupo ofrece una mirada crítica sobre el presente y reafirma la música como un territorio de resistencia.

RNB – A diez años desde que empezaron a tocar, llegan a La Tangente con un show que une pasado y futuro: nuevas versiones de “Las Estrellas Son Un Sueño”, adelantos del próximo disco y una puesta orquestal. ¿Cómo fue pensar este festejo como un puente entre la memoria y lo que viene?

AV – En cierta manera, es una excusa para celebrar el presente que estamos atravesando como grupo después de años de mucha inestabilidad. Nuestro material más reciente se está escuchando mucho más de lo que esperábamos y, desde hace un tiempo, venimos trabajando en una reinterpretación de “Las Estrellas” que hoy nos convence mucho más que la propuesta original. No miramos el pasado con melancolía, sino que lo retomamos para potenciarlo y resignificarlo desde el presente, buscando que mantenga coherencia y continuidad con lo nuevo. En ese sentido, podríamos decir que estamos intentando reinterpretar el pasado para seguir construyendo el presente.

RNB – La fecha no sólo los encuentra celebrando, sino compartiendo escenario con Crónicas del Futuro y PAN, dos proyectos que también atraviesan sus propios recorridos. ¿Qué significa para ustedes armar esta noche de camaradería con otras bandas de la escena alternativa porteña?

AV – Es algo muy especial y va mucho más allá de la afinidad musical que tenemos con las dos bandas. Para Dami y para mí, Maxi (cantante y bajista de PAN), además de ser nuestro hermano, es alguien con quien ya compartimos otros proyectos y que siempre fue un colaborador muy cercano de Leparcq. Gaby (pianista de PAN) también es un gran amigo, nos ayudó mucho en la grabación de nuestro primer álbum y fue mi profesor de piano durante casi 10 años.

Con Crónicas también tenemos una relación cercana gracias a Mati (tecladista y percusionista de Leparcq), que viene acompañándolos en este último año con un trabajo en vivo sostenido y de gran calidad. Por eso nos pareció una elección perfecta para este festejo.

RNB – Se definen como una banda de rock alternativo, un término amplio que muchas veces se presta a distintas lecturas. ¿Qué significa para ustedes ser “rock alternativo” hoy y qué elementos sienten que los diferencian dentro de la escena local?

AV – El rótulo de “rock alternativo” tiene más que ver con la necesidad de los medios y plataformas digitales de clasificar lo que hacés que con algo que nos definamos puertas adentro. Nosotros nos consideramos simplemente una banda de rock, sin etiquetas extras, aunque entendemos que “alternativo” es lo suficientemente amplio para describir lo que hacemos: componer, producir y tocar música que no esté atada a un subgénero o a un sonido específico, a veces ni siquiera al rock en sí mismo.

En líneas generales, nuestro sonido está influenciado por Seattle y California en los 90, pero también por lo que ocurría en Estados Unidos e Inglaterra en los 70 y 80 (disco, funk, pop, synthwave, hair metal), por el indie de los 2010 y por el rock nacional de siempre. De esa mezcla surge una fusión entre el rock de guitarras, un pop guiado por sintetizadores y momentos con gran protagonismo del piano. A eso se suma el foco en las letras: buscamos que cada fragmento de la canción tenga el clima justo para lo que se dice. Por eso hablamos de un sonido “orquestal”: sin dejar de ser rock, nos interesa la multiplicidad de instrumentos, las capas y las atmósferas, más que depender de que un solo de guitarra le dé sentido al tema.

Lo que también nos diferencia es que asumimos nuestra edad y nuestra experiencia como parte del proceso creativo. Estamos más cerca de la mediana edad que de la juventud rockera y no tenemos problema en aceptarlo en lugar de perseguir esa eterna juventud artificial tan típica del ambiente. Hacemos música desde lo vivido, con mucho para aportar todavía, y en ese contexto intentamos transmitir algo único y genuino, sobre todo con el material nuevo.

RNB – En Las estrellas son un sueño aparece la idea de alienación y de viaje onírico. ¿Cómo trabajaron ese concepto en las letras y qué buscaban transmitir en ese momento de la banda?

AV – Como autor de la mayoría de las letras de ese álbum, hice un esfuerzo consciente para que fueran lo suficientemente abstractas como para que el oyente pudiera hacer su propia interpretación. Incluso las que no eran completamente mías se revisaron con ese objetivo. La idea central era situar a un protagonista que intentaba disociarse de una realidad adversa y narrar ese recorrido a través de la metáfora de un viaje espacial. En aquel momento, el objeto de la disociación era clarísimo para mí: la situación socioeconómica y política en pleno macrismo. Pero lo trabajé de forma tal que ese objeto pudiera variar según quién escuchara el disco.

RNB – Escuchado hoy, a casi una década de su edición, ¿qué sienten que permanece vigente de Las estrellas son un sueño, teniendo en cuenta que en el medio atravesaron una pandemia —un hecho que parece resonar en las temáticas del EP— y qué consideran que quedó como una etapa superada en Leparcq?

AV – Creemos que sigue vigente una parte enorme. Por un lado, porque la situación actual del país tiene muchas similitudes con la de aquella época, incluso podríamos decir que está peor. Entonces, toda la temática del álbum vuelve a cobrar sentido en la actualidad. Por otro lado, para mí también tiene un gran valor personal: hace dos años, mientras volvíamos a ensayar estas canciones, recibí un diagnóstico muy tardío de autismo y, al revisitar las letras, vi reflejada en esa abstracción sobre la soledad, la incomprensión, la alienación, la necesidad de escape y de expresión, muchas cosas que no sabía cómo decir abiertamente pero que, de algún modo, estaban ahí.

Es llamativo que el álbum también funcione en el contexto de la pandemia. En ese momento no estábamos activos, pero muestra que los temas del encierro, la alienación y la necesidad de escape son lo suficientemente flexibles como para aplicarse a distintos contextos.

Lo que dejamos atrás de esa etapa es el sonido indie del disco. No nos arrepentimos, porque refleja lo que escuchábamos entonces, pero en retrospectiva sentimos que nos hizo renunciar un poco a nuestras raíces y no logramos mostrar todo lo que podíamos dar como músicos. Hoy esas canciones, en vivo, tienen un sonido más potente y alineado con nuestras influencias, más cercano a lo que queremos que represente Leparcq de aquí en adelante. Es también una forma de hacerle justicia a ese trabajo, que se hizo con muchísimo amor y esfuerzo.

RNB – En tiempos donde los discos completos parecen perder espacio frente al formato digital, ¿qué significa para ustedes lanzar un single? ¿Lo piensan como una obra en sí misma o como parte de un relato mayor en construcción?

AV – Con el esfuerzo que implica para una banda independiente, nos parece un desperdicio de recursos lanzar canciones que vivan solas en su propio universo. No necesariamente tiene que haber un álbum conceptual, pero sí creemos que debe existir una propuesta temática y sonora que se sostenga a lo largo de varias canciones, y eso es lo que intentamos hacer. Queremos que cada tema pueda sostenerse por sí mismo, pero que al mismo tiempo forme parte de algo más grande.

RNB – “En esta piel” cruza lo íntimo con lo político. ¿Buscan que lo personal se convierta en una forma de resistencia frente al sistema? ¿Por qué decidieron hablar de ese tema en este momento, en el que la sociedad parece tan fragmentada y con tanta desconfianza hacia la política?

AV – Porque prácticamente cada persona tiene su propia historia con la enfermedad mental: quien no la atravesó en carne propia la vio en amigos o familiares. Muchas de esas historias, en las que alguien colapsa o queda al borde del colapso, pueden explicarse fácilmente a partir de su situación socioeconómica, y el responsable es un aparato político —no sólo el gobierno actual— que suele abandonar al enfermo a su suerte.

Todos conocemos a alguien (y a veces también somos ese alguien) que no puede con su vida, que intenta convencerse de que va a mejorar, quizá lo logra por un tiempo y después vuelve a los mismos hábitos autodestructivos, muchas veces con una enfermedad mental como causa, oculta por miedo al estigma. Es injusto que alguien deba lidiar con eso en soledad, y más aún con un gobierno que promueve un pensamiento extremadamente individualista.

Definitivamente lo personal es, y tiene que ser, una herramienta de resistencia, aunque se intente silenciar a las personas. Hoy se da un fenómeno interesante: la gente afectada por los vetos presidenciales a la salud y la educación salió a la calle a contar su historia y a explicar cómo los impactaría esa decisión. Es imposible no ver en eso una de las razones por las que los vetos fueron desaprobados.

RNB – “No puedo esperar a verte” transmite melancolía desde el piano y lo familiar. ¿Qué lugar ocupa lo entrañable en su universo lírico?

AV – Hoy en día ocupa un lugar muy importante, porque casi todas mis letras se están moviendo en esa dirección. Hubo dudas sobre si esta canción debía ser de Leparcq o de mi proyecto solista, porque fue mi letra más personal hasta el momento. Pero siempre tuve claro que darle la bienvenida al mundo a mi hijo era algo que quería compartir con este grupo. En la canción se exponen aspectos muy íntimos de mi vida, mis anhelos y mis temores, pero si ese es el tipo de letra que más valoro al escuchar música, también debo estar dispuesto a compartirlo, con la esperanza de que otros se identifiquen con experiencias similares.

RNB – “En 3 o 4 hospitales” aborda la enfermedad, un tema todavía tabú. ¿Cómo lograron narrarlo con honestidad y sensibilidad? ¿Sienten que hay una búsqueda de visibilizar y desestigmatizar ciertas problemáticas a través de la música?

AV – Fue difícil. La letra pasó por varias versiones hasta llegar a la definitiva y terminó siendo una de las más complejas que escribí. Quería hablar de la cantidad de cosas importantes que ocurren en un hospital, ese lugar de paso del que se habla poco en la música popular. La forma más honesta que encontré fue ponerme en la situación hipotética de estar despidiéndome de mi pareja en mi lecho de muerte, mezclando momentos de mi vida (el inicio de nuestra relación, el nacimiento de mi hijo, mi infancia con mis hermanos, la muerte de mi madre) con escenas propias de la internación (las rondas de enfermeras, la dificultad para dormir, las inyecciones, los vendajes). Hace un tiempo me encontré con la idea de que no existe realmente una “muerte digna”, porque en definitiva todos somos un cuerpo que llega a su vencimiento. Pero sí puede haber una vida digna, y me pareció algo muy valioso para explorar.

También me interesaba poner el tema sobre la mesa porque como grupo nos identificamos con eso. A lo largo de los años nos hemos acompañado en situaciones vinculadas a hospitales e internaciones, y eso forma parte de nuestras conversaciones cotidianas. Sin buscarlo, para nosotros dejó de ser un tabú, y nos hizo más unidos, más sanos y más fuertes como grupo. Creemos que hay un valor en intentar trasladar esa experiencia al resto del mundo.

RNB – Sus nuevas canciones viajan del minimalismo electrónico a pasajes orquestales. ¿Cómo deciden esos climas y qué rol juegan en el mensaje?

AV – No tenemos un proceso ordenado para definir los climas: la decisión depende de lo que creemos que necesita cada canción. Contar con integrantes con diversas influencias y un gran conocimiento musical nos permite mantener un abanico de posibilidades muy amplio. Muchas veces las ideas también surgen del productor del tema, lo cual es positivo porque aparecen cosas que no se nos hubieran ocurrido. Nuestra única condición es que cada momento instrumental acompañe lo que se dice en la letra, como una banda sonora lo hace con la trama de una película. En base a eso resolvemos si conviene un clima minimalista o un sonido más expansivo.

RNB – En los videos, el cuerpo de Camila Vaccarini aparece como un vehículo expresivo fundamental. ¿Qué papel tuvo la performance corporal en esta narrativa de vida, muerte y vulnerabilidad?

AV – Cami es una genia y nos dio mucho más de lo que esperábamos para esos videos. Tuve la suerte de estar presente durante el rodaje y vi cómo trabajó la emotividad de cada momento a través de la improvisación, con enorme profesionalismo y respeto por el material. Entendió a la perfección cómo queríamos presentar esos dos temas como partes de un mismo ciclo, cómo exponen algo muy fuerte en lo personal, y que para expresarlo desde el cuerpo era necesario mostrar un nivel de vulnerabilidad. Ojalá podamos volver a trabajar juntos en el futuro.

RNB – Federico Milutinovic dirigió los audiovisuales. ¿Cómo fue el intercambio creativo con él para que música e imagen contaran una misma historia?

AV – Milu es un viejo amigo de la casa. Ya había trabajado conmigo en mi proyecto solista y con Mati en otras producciones. Cuando arrancamos, le dimos algunos lineamientos de nuestra idea para los videos, pero después le dimos rienda suelta para desarrollar el guion y dirigir la interpretación de Cami. Teníamos plena confianza en el proceso porque sabíamos que Milu es tan obsesivo con la calidad como nosotros. Además, conoce bien nuestro recorrido y, al ser músico, puede involucrarse con el material, entenderlo y reinterpretarlo desde su propia historia.

RNB – ¿Creen que este ciclo de canciones es una etapa previa a un disco conceptual más grande, o lo ven como capítulos sueltos que, de todos modos, construyen un mismo relato?

AV – Un poco de cada cosa. No pensamos en un álbum conceptual en el sentido clásico, porque la temática de cada canción es única y debe sostenerse por sí misma. Pero tampoco son capítulos aislados: existen relaciones estrechas y menciones directas entre una y otra, no sólo en las letras sino también en lo musical. Hay un trabajo consciente de que todas las canciones de esta etapa estén situadas en un lugar y período específicos, con una mirada sociopolítica crítica, una visión introspectiva y una lírica cruda acompañada de un sonido grandilocuente y, por momentos, cinematográfico.

RNB – Si miran hacia adelante, ¿cómo se imaginan a Leparcq en la próxima década: más experimentación, un salto internacional o seguir profundizando en la construcción de un universo propio?

AV – Por ahora estamos enfocados en hacer lo que nos gusta en el presente. No buscamos la experimentación en el sentido de ser novedosos, porque es difícil crear algo realmente nuevo en música. Pero sí disfrutamos de explorar las posibilidades del estudio y ver cómo trasladar esas grabaciones al vivo de la manera más fiel posible, o cómo reversionarlas manteniendo el sentido original.

Hasta ahora, nuestra música viene funcionando bien en Latinoamérica y ojalá en algún momento podamos tocar fuera del país. Sin embargo, sabemos lo complejo que es dar ese salto siendo una banda independiente, y no es algo que estemos persiguiendo en el corto plazo. Si bien queremos que nuestra música llegue a la mayor cantidad de gente posible, hoy nos interesa mucho más perseguir la calidad que el éxito.