El universo de Tame Impala volvió a expandirse. Kevin Parker, ese alquimista sonoro que redefinió los límites entre el rock psicodélico y el pop de estadio, lanzó “Deadbeat”, su quinto disco de estudio, a través de Columbia Records. En este nuevo trabajo, Parker deja entrever una madurez distinta: menos obsesiva, más espontánea, casi como si hubiera decidido bailar entre los escombros de su propio perfeccionismo.

Grabado entre Fremantle y el estudio Wave House, en Injidup (Australia), “Deadbeat” se siente como una postal distorsionada de los ‘90 australianos, un homenaje a las raves primitivas y a esa escena local de Margaret River, que moldeó su oído adolescente. El resultado es un álbum cargado de texturas crujientes, sintetizadores vibrantes y melodías que invitan tanto a la introspección como al movimiento. Canciones como “Loser”, “End of Summer” y “Drácula” —los tres adelantos que escalaron directo al Hot 100 de Billboard— anticiparon la mutación: Parker ya no busca solo trascender el género, sino reconciliarse con él.
“My Old Ways”, el tema que abre el disco y que llega acompañado por un videoclip dirigido por Kristofski, retrata al músico viajando por el mundo mientras compone. En esas imágenes de cinéma vérité hay algo más que un diario de grabación: se percibe el pulso de un artista que, después de años de éxito global, parece mirar hacia atrás para entender quién fue y quién sigue siendo.
En palabras del propio Parker, “Deadbeat” es un punto muerto emocional. Un álbum que no necesita de grandes declaraciones para reafirmar su peso: basta con escuchar cómo la psicodelia se funde con el pulso electrónico para notar que Tame Impala sigue sabiendo reinventarse sin perder identidad.
El lanzamiento marca también el inicio de una nueva era en vivo: Parker presentará el disco en una gira que arranca el 27 de octubre en el Barclays Center de Nueva York y cerrará el 17 de noviembre en Los Ángeles, antes de cruzar el Atlántico en 2026 para una extensa serie de fechas por el Reino Unido y Europa.
A quince años del debut de “Innerspeaker”, Tame Impala vuelve a demostrarnos que la evolución no siempre significa avanzar: a veces es volver a lo esencial, aceptar los errores y convertirlos en sonido.



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