Voy a romper todos los manuales de periodismo que yo mismo alguna vez escribí. El viernes fui a ver a Callejeros -siempre será Callejeros para mí, se llame como se llame. No es una elección, es un sentimiento- y, una semana exacta antes, interné por última vez a mi vieja. Mi mamá tenía Cáncer, fue una lucha desigual, cruel, desgarradora, corrosiva, desesperante, angustiante que tuvo un ganador por KO mucho antes del Round 12: el putísimo Cangrejo. Un día después, el sábado, mi mamá se fue de este mundo para pasar a integrar el otro mundo, ese del que ella y sus creencias tantas veces me hablaron. Ustedes se preguntarán, ¿qué les estoy contando? ¿Por qué con una foto de Pato?. Incluso, en alguna instancia, dirán: ¿y a mí que carajo me importa? Y la verdad, tendrán razón. Quizás a alguien no le importe, es el juego al que jugamos cada vez que escribimos. Pero esta catársis está dedicada a ella, a todos los que no tienen a su madre y a todos los que se dejan conmover por lo que canta Patricio Rogelio Santos Fontanet, hace ya más de 20 años.

Creo que la última crónica / cosa que escribí acá debe tener la marca del 2024. Miento, fue junio de 2025. Una columna/opinión sobre la salida de Franco Mastantuono. Antes, silencio. Y tenía lógica. Mi vieja se enteró que estaba enferma en enero de 2025 yo ahí, puse todo lo que podía poner en pausa. Y eso incluyó esta web, incluyó mi militancia en No Nos Cuenten Cromañón y otros muchos espacios. Espacié mis idas al Monumental, pero nunca dejé de ir a recitales. La música no sólo que no mata, si no que en mi contexto personal, de mucho dolor y enfermedad -sobre todo en el último bimestre-, fue casi lo único de lo que podía que no resigné. Pero el del viernes pasado en All Boys no fue una noche más viendo a Pato y a Don Osvaldo y a los himnos Callejeros, fue el primer recital al que fui sabiendo que nadie me iba a preguntar cómo había estado o si había llegado bien.

Cuando perdés a tu mamá, es como si te tiraran una bomba de estruendo a dos centímetros de las orejas: Quedas aturdido, con los ojos llorosos, tanteando a los costados a ver qué carajo pasó. Los recuerdos se agolpan en tu cerebro durante esos primeros días de manera desordenada, torpe, casi que como latidos que intentan generar un bálsamo en tu dolor más cercano al agradecimiento, buscando generarte una sonrisa dónde sólo hay caca. Porque seamos directos, cuando el de arriba llama a pasar por el mostrador a la persona que más te amó en el mundo, primero, sólo hay caca. Está la familia, están las hijas, está el abrazo y los besos de tu mujer, están tus amigos, están los afectos para ayudarte a despejar toda la mierda. Y también está, en mi caso, Patricio Rogelio Santos Fontanet.

La primera vez que fui a ver a Callejeros a Cemento fue en diciembre de 2003. Yo ya era asiduo concurrente a recitales, pero nunca había ido a ver esa banda que tanto me gustaba en vivo. La entrada, recuerdo, salió 2 pesos. Dos pesos que no recuerdo quién me prestó. Sí recuerdo que la entrada para el segundo show, que completaba el doblete me la pagó Luis, en ese entonces novio de mi mamá, luego su esposo, siempre su gran amor. Tengo todavía esa entrada, y ese gesto, guardados en mí. Desde esa noche, nada me pudo despegar del magnetismo que genera Patricio, de la sabiduría de sus letras, de la necesidad urgente de escuchar lo que tiene para decirme. Es un camino que empecé esa noche de diciembre y que seguí y seguiré hasta cuando me quede sordo o hasta que ellos no toquen más o hasta cuando alguna de las dos partes ya no esté. El viernes no fue la excepción.

Archivo: Javier Hernán García

Para colmo, como si Pato -o el Gordo- se hubiese enterado de lo que estaba pasando, metió una lista de temas Callejeros que pareció extirpada de aquellos noches de sudores y empujones en Estados Unidos 1234: “Una nueva Noche Fría”, “No Volvieron Más”, “No somos Nadie”, “Armar de Nuevo”, “Los invisibles”, “Ilusión”, “Sed”, “9 de Julio”, “Prohibido” y “Creo”, así por orden de aparición.

Creo no la escuchaba hace 20 años. La primera vez, fue cuando me adelantaron el demo de “Señales”…¿Habrá sido Pasky?. Recuerdo cuando la volví a escuchar post Cromañón, en Cosquín Rock 2007 y lloré en los brazos de un amigo, por mi papá, por lo que había pasado, por poder estar ahí. Y ahora, de nuevo, muchos años después. A “Sed”, juro, pensé que nunca más la escucharía. Cuando vi que había sonado en la prueba de sonido me invadió una alegría difícil de explicar.

Un All Boys reventado en la primera de las dos noches de "Don Osvaldo".

Esos temas me acompañaron toda la adolescencia, me cuidaron, me protegieron, me enseñaron un camino, me regalaron mil amigos que me mostraron lo que vale una buena amistad. Como lo hizo a lo largo de toda su vida mi mamá. El viernes, en All Boys, mis compañeros de agrupación, cuyo génesis con varios de ellos se remonta al viejo Foro Callejeros, en días de cyber, pulsos y MSN hasta la madrugada en la esquina de un departamento que ahora me pertenece a medias con mi hermana, me dieron varios de los abrazos más sentidos hasta acá. Como yo sentía que cada viejo tema de Patricio me abrazaba, me hacía sonreír, me hacia viajar a ese mundo que era mejor, porque era adolescente, porque ignoraba lo que nos iba a pasar en diciembre de 2004 y, sobre todo, porque tenía a mi vieja en la cocina de mi casa.

Después, vino la vida. Llegó el amor, llegaron las hijas, mi mamá envejeció, pero no tanto cómo para que ese Cáncer hijo de puta me la arrancara de esta manera. Pato siempre estuvo. Estuvo cuando fue Callejero, estuvo cuando estuvo detenido injustamente, estuvo cuando armó CJS y estuvo ahora, con este Don Osvaldo que es la excusa perfecta para que él siga escribiendo sus verdades y yo me siga sintiendo identificado.

En un mundo dónde cada vez los límites están más corridos, dónde los absurdos se suceden día a día, dónde el único lugar 100% puro que encontrás es la mirada de tus hijas y dónde el Cáncer es capaz de robarte a tu mamá en medio año, encontrar algo que te identifique a través de los años vale Oro.

Patricio Rogelio Santos Fontanet, la voz de "Don Osvaldo"

Si ustedes quieren, nos ponemos un poco más “periodísticos” y les diré que Don Osvaldo reventó dos noches seguidas el estadio de All Boys, que sonó de puta Madre, que Patricio está intacto, que en cada noche tocó cerca de treinta temas. Les diré que ambas listas incluyeron hits de Callejeros, un medley con “Los Redondos” en la Llave que incluyó “El Pibe de los Astilleros” y “Todo preso es político”.

Les contaré que la puesta estuvo excelente, que desde el escenario se dijo que la “Policía Federal es la Vergüenza Nacional”, que “Los Derechos no Se Negocian”, que “Palestina libre”, que “Educar es Combatir” y el Silencio no es nuestro idioma y, claro, que “Callejeros Inocentes” y que Justicia por los pibes de Cromañón: “Seremos muy tozudos, pero seguimos pidiendo Justicia por los pibes de Cromañón”, dijo Pato, desatando una ovación. También hizo referencia al 3% que se chorea este Gobierno lleno de corruptos y desalmados, dedicó el show a todos los que nos conmovemos con los jubilados, los docentes, los que no llegan a fin de mes y, a los demás, les regaló su “Vergüenza Ajena”.

El tiempo me eyectó de aquel Cemento a Cromañón, de ahí me hizo caer, años después, en “No nos Cuenten Cromañón” y la historia que construí ahí, me hizo conocer personas valiosísimas, mis amigos, los de los abrazos. En algún momento empecé a subir a los escenarios a acompañar a mis compañeros, que tienen mensajes casi tan importantes como los de la banda. Desde ahí arriba, mirando el mar de cabezas, torsos y remeras al viento, me di cuenta que el tiempo pasa. Y así como pone a la banda de tu vida en los lugares que merece, también es capaz de llevarse a tu vieja en un santiamén. No considero que ambas cosas sean iguales, pero sí agradezco, al menos, que sigan existiendo canciones que me permitan sentirme cerca de ella, de su recuerdo, de su esencia, para que no desaparezca. Beso al cielo Ma, ya sos mi estrella, mi Dios, mi razón.

Fotos: Gisele Alejandra PH.