Tres bandas musicalizaron una noche primaveral de jueves en el barrio de Balvanera. Comenzó Narciso, un cuarteto que recupera la estética audiovisual de los años 70s; siguió Pizza, un grupo de rock alternativo con sonidos incómodos, pero cautivantes; y cerró Ryan, una banda ya consagrada entre los jóvenes de la ciudad.

En la previa al show, junto al puesto de merchandising y con un sombrero negro de vaquero, el guitarrista de Ryan, Sebastian “Tortu” Venezia, contó lo que significa para él hacer música. “Es divertirme, conectar de una manera diferente con la vida, significa mucho trabajo pero al mismo tiempo es un placer”.

Ryan. (Ulises Villanueva Biscia)

En un Konex aún vacío donde sonaba “Jailhouse Rock” de Elvis Presley, a la espera de que el público comience a entrar, el baterista Agustín De Cousandier explicó que la banda está en un momento de transición. “Creo que “Vaqueros” (el último disco) habla mucho sobre uno mismo y sobre salir de la adolescencia para transicionar a algo más”. Al decir aquello parecía hablar de sí mismo y de los integrantes de la banda que, todos en sus veintes, buscan forjar una nueva identidad. “Va a ser un gran show, estamos presentando lo nuevo… por eso es un poco la despedida de “Vaqueros”, pero estamos contentos”

Desde el fin de la pandemia, Ryan creció hasta alcanzar un enorme público joven que los sigue a todas partes, lo que demuestra el gran atractivo del rock garage y las letras encaprichadas que el grupo ofrece. “Creo que es un camino interminable y estamos muy contentos con lo que estamos haciendo, con lo que hicimos y con lo que se viene”, afirmó Venezia.

Narciso. (Ulises Villanueva Biscia)

Una noche que tuvo de todo

La banda Narciso le dio inicio al show. Ante un público tímido, los integrantes se plantaron con sus camisas y pantalones setenteros a tocar ritmos de rock en castellano que bien podrían haberse creado en la época de The Beatles y The Beach Boys. El cantante, con un teclado que sonaba como órgano de iglesia, dirigía ritmos alegres con letras cargadas de melancolía.

Frente al escenario, una pareja vestida con pantalones de jean bailó como si de un swing se tratara. Predominaron luces anaranjadas, prendas violetas, castaños cabellos largos y música que jugaba a ser otra cosa: un tren, una parroquia, otra época. Además de temas propios tocaron “La Balsa” y, para que no cupieran dudas del estilo que buscan -y consiguen- transmitir, también interpretaron “Can’t buy me love”.

Después, frente a una pantalla más oscura apareció Pizza. En un fuerte contraste con lo anterior, el grupo presentó un rock alternativo ruidoso y pesado. En el público, muchos hacían pogo y algunos se peleaban a caballito, como exhibiendo ante la banda la energía sombría y desatada que ellos mismos emiten. 

En las canciones, podían escucharse frases como Yo soy el rey de lo nuevo / Queremos sexo / Manejamos la velocidad / Ya no puedo distinguir quién soy / Ya no hay nada más que hacer. El cantante llevaba puesta una remera con la frase “Fear is for others”.

Pizza. (Ulises Villanueva Biscia)

Entonces llegó Ryan para tocar frente a un público que sabía todas las letras del repertorio, excepto de tres temas que presentaron de un disco inédito. En voz, Dante Citara encarnó a un rockstar desvergonzado que bajaba del escenario para cantar cara a cara con sus seguidores, y sobre ellos, con camisa desabotonada y lentes de sol.

Ryan. (Ulises Villanueva Biscia)

A mitad del show los acompañó la cantante de Sunlid, Lucía Taubas. Y, para sorpresa de todos, también apareció la banda de punk rock 2 Minutos para interpretar junto a Ryan su hit “No los pueden separar“. En comunión de dos generaciones de música argentina, anunciaron el lanzamiento de un tema en conjunto con ellos, y se despidieron de su álbum Vaqueros para poder adentrarse en otros territorios.

Fotos por Ulises Villanueva Biscia