Los teatros de la avenida Corrientes han sido testigo desde hace décadas de la más variada gama de espectáculos que ofrece la amplia paleta cultural de la ciudad de Buenos Aires. El pasado fin de semana llegaba al escenario del Gran Rex el cantautor estadounidense Jason Mraz.

Afuera esperaban ansiosas muchas de sus fanáticas, muchas parejas, en general un público más bien orientado y lookeado para el lado del pop, en tanto que apenas cruzando la histórica avenida la tribu era otra: Algunos jóvenes, otros no tanto, chalecos, pantalones, camperas de jean y cuero y algunos flequillos aguardaban ansiosamente el comienzo del espectáculo que habían ido a ver, que no era otro que Pappo Por Juanse, el disco tributo que Juan Sebastián Gutiérrez grabó memoria de quien fuera más que su amigo y uno de los más grandes guitarristas que ha dado nuestra música. El repertorio elegido fueron una docena de la discografía de Pappo’s Blues más dos covers de los favoritos de Norberto.

Foto: Daniela López Fotografías

Sin embargo, dentro del Teatro Opera no parecía haber atmósfera de rock and roll: algunas butacas vacías y un silencio que se rompía mientras llegaban los comensales no le daban el mejor marco al plato fuerte de la noche. Sin embargo, todo eso quedó reducido a cero cuando pasadas las nueve y media de la noche los acordes de “Hombre Suburbano” rompieron con la frialdad que envolvía la sala y esas butacas antes vacías de repente estaban completas.

Allí estaba Juanse, de saco rojo y camisa blanca, guitarra en mano acompañado de Gaby Pérez (batería y coros), Ponch (bajo y coros) y Ernie Salas (guitarra y coros), una banda que estuvo a la altura de lo esperado y que se completó con los invitados Alejandro Franov (piano) y la figura excluyente de Gabriel Carámbula que le dio el toque distintivo al sonido del grupo y que fue el abanderado en todas y cada una de las zapadas.

No había lugar entre asiento y asiento, pero algunos se la rebuscaban para bailar y aletear en el lugar mientras la zona de pasillos estaba cada vez más poblada. Se sucedieron “Malas Compañías” y “Adonde Está La Libertad” en un escenario con excelente iluminación, de a ratos excesiva, que veía alcanzar al grupo un muy buen sonido con el pasar de los temas.

Foto: Daniela López Fotografías

El grito de batalla es siempre el mismo. El pasado 25 de febrero se cumplieron 10 años desde la muerte de Pappo. Sin embargo, el “Y dale Pappo dale dale Pappo” parecía sonar cada vez más fuerte como estandarte entre tema y tema. El setlist respetaba a rajatabla la lista del disco: “Vamos a tocar todos los temas en orden. El Carpo nos mandó esa señal”, comentaba el cantante anfitrión, por lo cual era inminente el comienzo de “Blues Local”. Para el country de “Trabajando En El Ferrocarril”, Juanse llamó a “uno de los músicos más grosos del país” como Peteco Carabajal para ponerle su impronta con el sonido de su violín.

Las canciones elegidas le vienen bien al tono de Gutiérrez, pero no así con “Desconfío”, sin Andrés Calamaro, el único ausente de los invitados que grabaron, o “Una Casa Con 10 Pinos”, canciones que con el vozarrón de Pappo tenían un sonido más grave. Era el momento de una trifecta de las más festejadas: “Sucio y Desprolijo”, imposible superar a Divididos, “Fiesta Cervezal” y “Tomé Demasiado”, que el mismo Juanse grabó en el merecido disco doble tributo en vida “Pappo & Amigos” (2000).

Pappo is god

Desde que se convirtió al cristianismo, la religión está presente en todos los momentos de la vida de Juanse. Durante el recital recordó a San Ezequiel antes de presentar a “uno de los androides super poderosos de la nueva generación” para hacer “Pájaro Metálico”. No era otro que su hijo Daland Sepum, cantante de La Armada Cósmica, que ofició de Guitar Hero y no defraudó.

También hubo tiempo para que algunos hicieran headbanging con “El Viejo” mientras las luces hacían foco en Richard Coleman, amigo personal del cantante. Para los dos últimos temas del tributo volvió Peteco con su violín para la mencionada “Una Casa Con 10 Pinos”, de Manal, donde Juanse aprovechó para bajar del escenario cual predicador para verse y abrazarse cara a cara con su gente mientras la banda zapaba, antes de cerrar con “Ruta 66”.

Foto: Daniela López Fotografías

Durante los pocos minutos de descanso que el grupo se tomó, la gente cantaba y saltaba ansiosa de más canciones. “Soy paranoico hasta que me muera… vamos los ratooo’” fue el himno que muchos de los seguidores entonaban para ver si Juanse cumplía con su pedido. Y Juanse cumplió. Fueron seis temas de Los Ratones Paranoicos que sonaron para complacer a la hinchada. Se sucedieron “Sucia Estrella”, “Rock Del Pedazo”, “Para Siempre”, “Rock Del Gato”, “Cowboy” y terminar con “Sigue Girando”, este último calificado por el cantante, que ya vestía saco azul, como “Homenaje a la División Panzer”.

Si bien el hombre de Villa Devoto está enfocado en su carrera solista, que ya cuenta con dos discos editados, es evidente que no puede despegarse de la marca tan fuerte que dejó el legado de la banda de la que formó parte hasta 2011. Habrá que ver si este guiño es algún tipo de señal, solo el tiempo lo dirá. Así le ponía punto final a una hora y media exactas de puras canciones y un homenaje a la altura de la figura de Norberto Napolitano.