El mes pasado, Camionero tocaba en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en un festival por la educación pública. Un pequeño público cantaba a los gritos cada una de las canciones, saltaban y giraban con los brazos en alto, y si el dúo daba por terminado el show, le pedían una y otra más. Treinta días después, el grupo se presentó por primera vez en el Teatro Vorterix con entradas agotadas.
Horas antes de que arranque el recital, los protagonistas de la noche circulaban entre los espectadores que llegaron temprano, saludaron a amigos y se sacaron una foto con una pareja que llegó con un enterito de bebé que decía “Dale Camión”. El cantante y guitarrista Joan Manuel Pardo, en conversación con Rock N’ Ball, declaró no saber cómo consiguieron un público tan fiel: “No tengo ni idea, esta es la cabal demostración de que están todos re locos. Creo que es porque venís acá y te sentís bien… Están pasando cosas lindas y eso hace que la gente también se apropie de la banda”.

En la previa del recital se lucieron los puestos de El Acoplado, un grupo de seguidores que se dedican a hacer el merch de la banda, la cual les concede todos los beneficios de venta. Luci, la hermana del baterista Santiago Luis, con su máquina de coser, se suma a la cadena de recitales conocida como Tracción a Sangre y ofrece colocar parches con el logo de Camionero. De pronto, el lugar era un cúmulo de camperas de jean que en la espalda portaban el nombre de la banda. Además había puestos de tatuajes, ilustraciones, esculturas, remeras, medias, impresiones y retratos. En palabras de Pardo, “El Acoplado es una demostración de amor increíble hacia la banda”.
El telonero que dio inicio a la música de la velada fue Santiago Moraes, que agradeció a sus “admirables amigos de Camionero” y, sentado en el escenario, promulgó algo del espíritu del Camión: parecemos pocos, pero somos muchos. Como solista, Moraes cantó, tocó la guitarra y la armónica, mientras con los pies marcaba el ritmo de la percusión. Consiguió, al igual que el dúo de Joan Manuel y Santiago, sonidos completos, canciones íntegras.

Después, se abrieron los telones para Camionero y el esperado show arrancó con “Un poco más de consideración”, canción incluida en el segundo lanzamiento de la banda en el año 2018. La letra, además de hacer un guiño a los seguidores de sus inicios, y a los lectores de Cortázar, impulsó el envolvente clima del rock blusero característico del Camión.
“Es que no lo ves
es que no, no lo ves
Si las babas del diablo están
corriendo por tu sangre y la velocidad
en la que entró todo mi amor”
Pardo aseguró que los mensajes de sus canciones no son cerrados. “A mí me gusta buscar la composición de la letra sin tratar de bajar un pensamiento o una interpretación específica, liberando la posibilidad de que la gente interprete como quiera. Yo obviamente tengo mis interpretaciones, mis caminos para llegar a la letra, pero no hay una cosa correcta que hay que descubrir. Nos pasa que la gente viene y nos dice che, la letra habla de esto, ¿no? No sé, si vos lo decís, ¿por qué no?”.

Los ritmos del show aceleraban junto a la intensidad de los saltos y los coros del público. Detrás de Pardo y Luis, una superposición de pantallas mostraban imágenes que parecían televisores sin señal, partes de camiones, escenas de Terminator, ruedas a mucha velocidad. De a ratos destacaban luces color verde agua, y después todo era rojo, amarillo o bien predominaba la oscuridad.
Tras dos horas de transmitir una energía voraz, el dúo se acercó al centro del escenario y agradeció con las manos hacia arriba, como en una reverencia invertida, con cierta humildad. El eslogan de algunos posters era: “Parecemos dos, pero somos muchos”. La banda, junto con su Acoplado, transmite un sentido de pertenencia sin ataduras, se muestra como una vía liberadora de expresión en la que todos son bienvenidos.









Fotos: Ulises Villanueva Biscia




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