Corría el año 2000 cuando todavía resonaba muy fuerte el éxito de “Libertinaje” (1998), ese disco que sirvió para terminar de posicionar a Bersuit Vergarabat. Fue la antesala para otro trabajo que iba a marcar a fuego a la banda, a sus seguidores y hasta a una época del país. Algo así como la banda sonora de esos fines de los 90 y principios de un nuevo milenio, que devendría en estallido social.
25 años después, frente a La Cañada y ya sin Gustavo Cordera, La Bersuit volvió a La Docta para festejar este disco. Para sentir, a veces, que esa cantidad de años no es nada; que un cuarto de siglo después estas canciones parecen recién salidas del horno, con el pesimismo que eso conlleva; pero también, que siguen intactos ellos para resistir desde la alegría, la melodía, el ritmo y las letras.
Sabes que desde siempre compartí tu causa
Club Paraguay se llenó desde bien temprano. No cabía más nadie cuando a las 20:30 hs Juan Subirá, Dani Suárez, Cóndor Sbarbati, Carlos Martín, “Pepe” Céspedes, Alberto Valenzuela, “Nano” Campoliete, Juan Bruno, y Manuel Uriona aparecieron con sus elegantes pijamas y con sus dos primeras canciones, como lo hacía el disco: “El Gordo Motoneta” y “La del Toro“. Esas que tratan de un personaje marginal (que algunos dicen que era el mismo Cordera) y la que pide fantasías pa’ seguir. Como el preámbulo a “La Vida Boba”. Esa que grita “no tengo mucha paciencia para dejar de ser sobra…”.
Entonces la fiesta ya había comenzado y el primer gran pogo, para que luego bajase con “Desconexión Sideral”. Esa primera canción que escuché pegado a un parlante, que la repetía en loop. Imaginando la historia que cuenta, los personajes que describe. Porque si bien es una canción que nace a partir del cuento “Caleidoscopio” de Rey Bradbury, en las canciones de Bersuit parece reescribir esa historia. Esa profundidad y belleza que se escucha en el quinto tema del CD, es la misma que le llegó a toda la gente que, después de los primeros temas desopilantes y antes de volver a ese tipo, se dejó llevar por el ambiente que se generó con “Canción de Juan” (relatando un viaje poco feliz a partir de una galletita de marihuana), “Veneno de Humanidad” y una de las maneras más hermosas de gambetear eso, y hacer la existencia más llevadera con “Toco y Me Voy”. Mientras en las pantallas se abrazaban Maradona y Messi, Diego y Leonel, para que ellos, creadores de grandes fiestas populares, fueran invitados a este festejo.
Somos parte de esta torta
Después, para aquellos pibes que se criaron con estas canciones, el viaje al pasado comenzó con temas del álbum celebrado y de otros hits de la banda, que han calado muy hondo y ayudado al “descontrol”, como “Perro Amor Explota”, “Porteño de Ley”, “La Petisita Culona”; y al “auto control” como “No te Olvides del Ayer” o“Murguita del Sur”.
Porque el equilibrio entre fiesta y pensamiento, entre jolgorio y profundidad, es lo que ha caracterizado a esta banda y a su gente. Pero también el compromiso con el futuro incierto, pero, sobre todo, con un pasado doloroso que siempre les sirvió para explicar nuestro presente.

Por eso en “Vuelos”, la que habló más allá de la canción, fue Belén Altamiranda Taranto (Nieta recuperada número 88) quien confesó haber comenzado a preguntarse por su identidad luego del videoclip de aquel tema. Para que se “le devolviera lo más importante que una persona puede tener, que es la identidad”. Y que esta banda siempre peleando por ella, la ha hecho también uno de sus pilares.
Esa que han compartido siempre “A los Cuatro vientos”, esa que ha hecho que varios de los “muertos pobres” pudieran danzar o rebelarse a los viejos de arriba, que bien pudo ser el vecino de Juan Subirá como cualquier jerarca abusador de poder. A ellos, se les dedicó “Sr. Cobranza”, junto a Jorge A. Marte, quien había abierto la velada y fue agradecido por Daniel, que apuntó a “bancar a las bandas locales”, antes de que se viniera el estallido, el pogo por todos los rincones del lugar; una oda a nuestra “Argentinidad Al Palo” y el reconocimiento a estas tierras que los han marcado tanto, pero nunca como en “La Bolsa”. Ya que fue escrita en Córdoba, supuestamente dedicada a La Mona Jiménez, pero también una crítica a la corrupción de aquel entonces en las estructuras de poder. Sí, como si hubiese sido escrita en 2025.
Los bises fueron acompañados de la Murga Contraflor al Resto, una murga cordobesa que hizo las veces de Alejandro Balbis y compañía en los primeros suspiros del nuevo siglo, en “Negra Murguera” (símbolo de resistencia y amor, celebración popular y pasión rioplatense) y “El Viento trae una copla”, (otro tipo de resistencia, de amor y pasión rioplatense. Pero esta vez, desde más lejos).

La psicopatía hecha canción
Una nena con una mirada incómoda. Una mirada que interpela a la que no se puede ser indiferente. Esa es la tapa emblemática de este disco. Que le dio visibilidad a “los nacidos por atrás, los malparidos, los abandonados, los que viven del otro lado”, como dijo alguna vez Cóndor Sbarbati. O como hace años Gustavo Cordera: “el vive en el culo del mundo, que fue cagado durante muchos años y que está hecho mierda (…). Y estos hijos del culo, estos mal paridos, son los hijos no deseados del país, los que te queres sacar de encima.
Sin embargo, esa condición te genera un antídoto que te vuelve inmune, gracias al cual los psicópatas resurgen con más fuerza. En este país somos muchos los hijos del culo, pero estamos inmunizados porque tenemos el antídoto para seguir viviendo: poseemos todavía el patrimonio de la risa. Lejos de bajar los brazos, claudicar o entregarse, emerge un nuevo “psicopatito”.

De hecho, así se llamaría primeramente el disco, gracias a la mente de Juan Subirá: Ser psicópatas o Psicópatas. Y esa es la definición que me dio Karim, fanático él como pocos de B.V., cuando le consulté su pensamiento de Hijos del Culo. Y remató: “Solamente porque no puedo decir ‘el mejor disco del mundo’ en una palabra”. Puede que sea exagerado o no. Tal vez porque él, como los integrantes de la banda, se reconoce en la psicopatía. Como varios de los personajes de este disco, que lo son, y que fueron contados y cantados desde el rock, la cumbia, la murga, la milonga, la chacarera, una mezcla de matices, de personalidades, de realidades cotidianas. Personajes tragicómicos que merecen ser escuchados y que nos definen a todos. Porque todos somos hijos del culo que tratamos de seguir haciéndole frente a este mundo tan glotón que te come el corazón…
Fotos y texto: Juanjo Coronell



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