
“Goooooooooooooooooool. Me Quiero Morir. Funes Mori, el más curioso de todos, el más raro de la cancha, ¿De dónde salió Funes Mori? ¿De Dónde salió Funes Mori? Gol de Funes River. River 2-Boca 1. Funes Mori, ¿de dónde saliste Funes Mori? Funes Mori”. Atilio Costa Febre, la voz de River hace más de 20 años, no podía dar crédito a lo todos veían. Como si fuese una película de Disney, Ramiro José Funes Mori mató al malo, salvó la fiesta y se quedó con la más linda de todas: ser el goleador del Superclásico con el que River rompió una década nefasta sin poder ganar en la casa del rival de toda la vida.
Parece increíble, pero muchas veces la historia tiene reservadas páginas de Oro para jugadores que apenas si llegan al cobre. Porque, vamos a decirlo, por más que hoy parezca rubio, de ojos claros, alto y con todos los patitos en fila, Ramiro José Funes Mori es feo como el hermano -¡son un calco!-, muchas veces lo que hace dentro de una cancha es indescifrable (el 80% de las veces) y su presencia en River obedece más a la devaluación que sufrieron en los años de Aguilar-Passarella las inferiores y la escasa capacidad de comprar, que a un simple mérito. Es apenas un discreto jugador de fútbol que, muchas veces, no sabe cómo se delimitan los límites del campo de juego y la bartolea de lo lindo. Que parece no saber cómo marcar a un rival en el mano a mano, que le pones una media de cada color y se caga a patadas solo. Ese es Funes Mori. Pero una noche fue héroe. El héroe más esperado.
[su_pullquote]La historia dirá que el gol más importante de River en los últimos años, en el recinto del rival de toda la vida, fue festejado con el dedo en la boca y un “Corazoncito”.[/su_pullquote]
Ya su presencia en la cancha se debió más a una casualidad que a otra cosa. AFA sancionó con dos partidos a Leonel Vangioni y el riojano confío en el Melli, sabiendo de su juego aéreo y porque necesitaba alguien con más vocación defensiva que el Malevo Ferreyra para mantener a raya al trío Riquelme-Gigliotti-Martínez. Pongamos esto en claro: si el rival no era Boca, casi seguro que hubiese jugado el Malevo. Pero no. Tenía que ser así.
El partido iba para un 1-1 entretenido, con un héroe archireconocido –Juan Román Riquelme, claro-, pero apareció Ramiro y marcó, ante Boca, con una Bombonera repleta de Xeneizes, su primer gol en primera. Ya había hecho goles a Ferro y a Desamparados de San Juan. Buy cheap esomeprazole generic medications how to order esomeprazole generic pharmacy canada rancho cucamonga cheapest esomeprazole onlineВ Y algo hay que destacarle. El salto fue impecable técnicamente. No rozó a ningún jugador Xeneize, se elevó más que nadie, incluso mucho más que Agustín Orión, e impactó, limpio, el buen roscazo de Manu Lanzini. La Argentum describió una parábola perfecta, limpia, sin que nadie se interpusiera entre el frentazo y el arco Xeneize. Y fue gol, fue delirio, fue locura. Fue increíble.

Tardó como 5 segundos en desprenderse de la camiseta y, la historia dirá que el gol más importante de River en los últimos años, en el recinto del rival de toda la vida, fue festejado con el dedo en la boca y un “Corazoncito“. Todo un símbolo. El tipo que después chicaneó a Boca con un “el silencio que hubo en la cancha después de mi gol fue increíble”, no eligió ni un bailecito a lo Ortega, Crespo o el propio cheap canadian erythromycin no prescription suhagra us companies only order i buy zanaflex avalide medication generic purchase metoclopramide online Lanzini. Tampoco una corrida del alma, Betoalonsesca. Apenas un dedo en la boca “simulando un chupete” (después explicó que su novia estaba embarazada) y el nefasto corazoncito que patentó en River su hermano, Rogelio. Alguien dirá que, al menos, no se besó el escudo de la marca que viste al club pensando que ahí está el del club. Ese también es Funes Mori. Ramiro José Funes Mori, el pibe de la tapa. El héroe menos pensado. Una muestra más de que el fútbol es, por lejos, el deporte más hermoso del mundo.



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