Se retira Messi de la Selección Argentina, y lo que subyace detrás de eso, es el tiempo que se nos está terminando a nosotros: el de dejar de ver al 10 jugando con nuestra camiseta. Se multiplican las gracias, se agolpan los recuerdos y ya estamos haciendo revisionismo, pero nada podrá gambetear el dolor de lo que está pasando. No es nada más que la vida. No es nada más que el tiempo que finalmente gana la batalla. Hoy se nos terminó Messi. Por suerte, sigue jugando, pero sabemos que no será mucho tiempo más. Y, para muchos de nosotros, ya hoy esto terminó.
El debut de Messi en la Selección me lo crucé en la casa de mi ex, una noche cualquiera. Cuando Messi ganó la medalla de Oro en 2008, estaba ahí, en ese mismo lugar, una madrugada. Cuando Messi ganó el Mundial Juvenil 2005 lo vi en la casa de mi amigo, que aún sigue siendo amigo, pero que ya no vive en esa casa.
El debut mundialista de Leo lo vi mientras cursaba el último año de periodismo, en la casa donde todavía vivía y que compartía con mi vieja, Luis y mi hermana. Hoy ya no vivimos ahí, y Luis y mamá ya no están. Y ahora tampoco está Messi.

En la primera final de Mundial a la que llegó Messi, ya estaba con mi mujer pero no estaban ni Lucía ni Helena, sí mis amigos y sí mis perros, dos de ellos, digamos. En Rusia 2018 y ese amarguísimo recuerdo, Lucía estaba volviendo de salita de 3 cuando Rojo le rompió el arco a Nigeria. Todavía estaba Diego, también. Y también, todavía, veníamos masticando caca: Brasil 2014, Chile 2015 y EEUU 2016, el tridentre de la frustración. Pero ahí también nos enseñaste algo: no importa cómo, siempre hay que seguir insistiendo. Aunque no salga, una, dos, tres o las veces que sea, hay que seguir adelante. Caerse y levantarse. Esa es, quizás, tu mayor enseñanza.
Ya en Qatar, Luchi tenía 7 años y Hele tenía 3 años. No sé qué tanto se acuerdan ellas, pero creo que es la primera vez que me vieron llorar. La segunda similar fue el 6 de septiembre del año pasado, cuando se murió mi mamá. El festejo lo hicimos todos, con amigos. No sé qué mucho recordarán ellas, pero yo no me lo olvidó jamás.
En este Mundial 2026 todos tuvimos la misma ilusión; que Messi nos vuelva a dar una alegría. Y vaya si cumplió: 8 goles, jugadas que él solo pudo inventar, dobletes, Hattricks y hasta un par de días siendo el máximo goleador de los Mundiales. Y ESE partido con Inglaterra, donde no hizo goles, pero así como Diego dibujó un gol inolvidable para siempre en el trazado del Estadio Azteca, Messi boceteó un centro imposible, perfecto, único para el 2-1 a los ingleses, que ya era legendario y con el trapo blanco que flameó se volvió eterno.
Pero más allá de los goles y lo deportivo, Leo, te quiero agradecer la esperanza que nos diste, los besos con mi mujer en cada festejo, los abrazos con mis hijas, las lágrimas de Hele en el 3-2 a Egipto, la importancia que le dio Lu a vivir los partidos conmigo, la chance de poder abrazarnos con los que queremos gritando esos goles, esos centros, esa magia.
No vi a Diego en su esplendor, pero si conozco su leyenda. A vos sí. A vos te disfruté, a vos te vi en el Camp Nou en 2014, a vos te vi algunas veces en cancha y siempre por TV. Te disfruté en el Barcelona, te intenté disfrutar en PSG y muchas veces fingí demencia y que me interesaban los partidos de Inter Miami. Todo para verte a vos. Gambetear, inventar algún gol o jugado. Pero sobre todo para verte sonreír.

Llegamos al final Leo. Fueron 20 años de ser una leyenda viva. De ser alegría, potrero y corazón. De ser el fútbol, Leo. Y pienso en todo lo que pasó estas dos décadas.
Porque si la vida es eso que pasa entre Mundial y Mundial. Para muchos de nosotros, los +40, también fue la escenografía de nuestra vida adulta, de ver crecer a nuestros hijos y ver irse a nuestros padres. Todavía nos quedan unos últimos cartuchos. Así que, como dijo el Indio, festejemos, festejemos. Porque ha sucedido. Porque te vimos, te defendimos y te disfrutamos. Porque fuimos campeones, porque fuimos y somos argentinos. Gracias Leo, por nunca bajar los brazos. Nunca nos alcanzará la vida, ni el dinero, ni el amor. Estamos en deuda con vos, como siempre quedamos en deuda con aquellos que nos hacen felices, sin esperar nada a cambio.

Este es el trato: vos jugá hasta donde quieras, hace lo que quieras y sé feliz. Nosotros seremos guardianes y voceros de tu legado. Y contaremos a viva voz quién fue Lionel Messi y porque hoy tenemos el corazón un poco hecho pelota. Aunque en esta historia no haya lugar alguno para la tristeza. O bueno, hoy quizás sí. Mañana ya no. Mañana sonreíremos porque te vimos jugar, Leo. Y eso no tiene precio. Eso es la felicidad. Eso es el fútbol. Gracias por habernos elegido a nosotros, primero cuando era España o nosotros y después, cada vez que pudiste. Siempre, Leo. Siempre. Y para siempre. Gracias.




Comentarios