El estruendoso silbido que precedió el nombre anunciado en la voz del estadio y en las pantallas del Wanda no dejó dudas. Julián Álvarez. Y el coliseo del Atlético Madrid bajó el pulgar en masa. Las cartas están sobre la mesa: Julián lo dijo durante el Mundial, su deseo de ser jugador del Barcelona. El Atlético no quiere reforzar a un rival directo. Entonces, lo que hoy hay es un juego dónde pierden todos: Julián porque está derrotado en lo anímico y con poco rodaje en lo deportivo, el Atlético porque tiene un jugador de élite que no quiere jugar más con su camiseta, Simeone, porque tiene un “9” de lujo pinchado al que no puede usar. La salida, claro está, parece ser que el jugador salga. ¿Pero a qué precio?
Eso es lo que se debate el Atlético Madrid. El club Colchonero sabe dos cosas: su lugar en la cadena alimenticia del fútbol español, que siempre estará por debajo del Real Madrid y del Barcelona y que al jugador, en cierta forma, ya lo perdió. Julián ya no es jugador del Atlético Madrid, lo cual no quita que siga siendo jugador del Club por que la obligación contractual así lo sugiere. El 9 de la Selección Argentina ya no regalará festejos inspirados en Peter Parker en esta parte de Madrid. O sí, pero será con otra camiseta. La imagen de ver a Julián sentado en el banco de suplentes del Aleti podría ser una constante y es, sin duda, una en la que todos pierden.
El Atlético sabe que el jugador debe salir. No le queda otra. En ese sentido, Gil Marín está haciendo “control de daños”. Y está fallando. No parece haber sido lo más inteligente que todo el mundo abucheara al jugador. La imagen que dejó la conducción colchonera fue mala para el afuera, más allá que en lo técnico haya estado perfecto: Julián es jugador del Aleti, está en plena condición física y el DT lo quiere. Claro, hay un detalle: En realidad, Simeone había decido no usar a Julián en este partido. Pero el club intercedió para que sí lo haga. Entonces, más allá de lo justo y lo firmado, subyace una decisión del club español de exponer al jugador argentino. ¿Para recuperarlo? No, eso ya será imposible. Para erosionarlo. Para hacérsela pasar mal. Es la moneda de cambio que tiene el club para con un jugador que ya perdió.
Julián Álvarez entró al minuto 66′ del juego entre el Aleti y el Villarreal. No aportó nada. Completamente ido, deprimido, enojado con esta realidad. El hecho que cada vez que tocó el balón tronó el escarmiento no ayudó mucho, claro está. Al final del encuentro, un 2-2 que no sirve demasiado en esta parte de Madrid, el jugador argentino fue impedido de ir con sus compañeros a saludar a su gente. ¿Para cuidarlo? ¿Para exponerlo? Hay voces que dicen que es para continuar desgastándolo, otros rumores hablan de que la hinchada del Aleti – de las más pasionales de LaLiga- tenía preparado peluches de Rata.
Diego Pablo Simeone es el DT que pidió a Julián, que lo respaldó y que ahora sufre que ya no puede usarlo. En dichos de la semana pasada, el DT terminó poniéndose del lado del Aleti. Ayer, terminó volcado en favor de su jugador, aclaró que fue una decisión del club no permitirle saludar a su gente y, a su manera, también terminó jugando a favor de Julián: “Necesitamos estar todos juntos y para ganar necesito un 9”, dijo, palabras más palabras menos Simeone. Así, abrió las puertas a la salida del “19” rojiblanco, porque la única manera que el Aleti puede ir tras un delantero centro es dejando salir a Julián y haciendo caja. Pero esta tema no comenzó este domingo en el Wanda, el tema viene de arrastre.
Una bomba en Norteamérica
El 22 de junio de este año, luego del partido que Argentina le ganó 2-0 a Austria, Julián Álvarez sorprendió a propios y extraños. En una nota con TyC Sports, el “9” titular para la Selección Argentina de Lionel Scaloni sorprendió al decirle al Mundo del Fútbol su intención de irse del Atlético de Madrid. A la pregunta de Martín Arévalo sobre su futuro, Álvarez definió como en el área: sin dejar dudas: “La verdad, no lo sé. Creo que no es momento para hablar de esto, pero tampoco puedo esconderme ni hacerme el otro. Trato de ser una persona honesta. Hablé con la gente del club con los que tenía que hablar. Lo mejor para todos es una transferencia. Quiero cumplir mi sueño”, manifestó el delantero argentino en una movida que desconcertó a todos.
Primero, por el momento, nadie esperaba que en medio de una competencia tan importante como el Mundial de Fútbol, Julián saliera a hablar de su futuro personal, poniéndose por delante del equipo. Pero lo hizo. De todas maneras, informaciones de última hora, sugieren que la decisión del delantero de romper el silencio no vino de él, si no que fue un pedido expreso del club, como un paso previo a negociar una salida. El club dice que no fue así, y el jugador dice que hubo una promesa de parte del club de facilitar una salida del club, siempre y cuando él exprese públicamente su deseo.
El caso Griezmann, el antecedente que el Aleti no quiere volver a repetir
Antoine Griezmann pasó por estas mismas huellas. En el caso del jugador francés, él eligió no renovar con el Aleti para aceptar la oferta del Barcelona. Ese golpe no se olvida en Madrid, más allá que el delantero francés supo cómo revertir la situación, pidiendo disculpas y volviendo a vestirse con la camiseta del Atlético de Madrid para, ahora sí, no volver a irse. Al menos, no a Barcelona. Ni al Real Madrid.
Ahora bien, ¿por qué entonces el Aleti le pidió al jugador que sea él quien salga a pedir su salida? Más allá del antecedente Griezmann, hay también una cláusula de €500 millones que el Aleti sabe que nadie en todo el planeta le pagará. Además, la razón asiste al club español en lo firmado: Julián tiene un contrato vigente hasta junio de 2030 (un buen contrato) y además por él pagó, en agosto de 2024, €75 millones al Manchester City. En aquel momento, Julián se fue del lado de Pep porque “no jugaba”. El Aleti le dio titularidad, minutos y reconocimiento, el pagó con goles, asistencias y un nivel estelar en su primera temporada. Todo parecía marchar muy bien. Pero tras dos temporadas en blanco en las vitrinas y algunos cruces con su DT, la situación tornó a una necesidad del jugador de “cambiar de aire”. El tema que no cualquiera aire, el aire de Can Barça. El Barcelona es el máximo anhelo de Julián Álvarez y el club Blaugrana quiere contar con él. Pero el Aleti no quiere cederle a un rival directo en el ámbito local a una de sus figuras. No otra vez.
Por el costo político de dejarlo salir, el Aleti pidió al futbolista que salga él a dejar en claro su voluntad de irse. Eso generó que toda la afición del Atlético de Madrid se le vuelva en contra y colocó el terreno resbaladizo para el delantero. Algo con lo que contaban en el club. En ese marco, el club Colchonero no quiere aceptar la oferta del Barcelona, que es la única que el jugador quiere. Es más, Julián ha rechazado ya al PSG y al Arsenal, porque sólo quiere vestirse de Blaugrana. Así las cosas, la solución no parece tener que ver con el paso del tiempo.
La relación Julián-Atlético está completamente rota. Simeone ya no cuenta con él, Gil Marín busca desgastarlo como para que la salida de Julián sea hacia otro destino y el futbolista sufre: anímicamente está derrotado y deportivamente está en baja, porque casi no juega y cuando juega no puede hacer nada de lo que él sabe. Así las cosas, Julián está atrapado en su laberinto. O, dado de quién hablamos, en su telaraña. ¿Podrá salir antes de ser devorado? Mientras tanto, está perdiendo mucho tiempo, tiempo que podría utilizar gritando goles, como hizo hasta acá. Incluso, con esta misma camiseta. Aunque ahora ya parezca que eso nunca sucedió.




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