Archivo

Sumando incapacidades

El MIlo quedó afuera de la Sudamericana de una manera escandalosa: perdió 3-1 y fue sometido por un Lanús que tuvo todo muy claro desde un principio. La gente estalló contra todos. ¿Y ahora Ramón? ¿Por qué se dio este final?

Anna Vives había dicho, cuando llegó al Monumental: “Esta es la camiseta de los goles”. Pobre Anna, no tiene la culpa que River no juegue a nada, mucho menos a algo parecido al fútbol. buy Valtrex 1000 mg pills Online No Prescription Discounts Valacyclovir 500 Online Fast Delivery Valacyclovir 500 Best Price Cheap Brand Valtrex 1000 InВ  La estrepitosa derrota, justa por donde se la mire, sufrida ante Lanús deja expuesta, como herida en carne viva, que en River las cosas se hacen de cualquier manera menos a conciencia.

“Sumando Capacidades” es el slogan con el que Anna recorre el mundo llevando su tipografía. “Sumando Incapacidades” podría ser el que corone la noche de River. La incapacidad de Fabbro para correr a un rival cuando la mano viene esquiva, más allá que esto esté o no en su ADN futbolero, otra discusión mucho más larga. La incapacidad de Ponzio buy a essay para pasar la pelota sin correr riesgos, la incapacidad de Ferreyra para entender por donde tenía que jugar, la incapacidad de Teo para asociarse al juego de Menseguez y brindarle soluciones al equipo (ni hablar goles) y  la incapacidad de Bottinelli de brindar aunque sea un mínimo de garantía en una defensa que pareció mucho más un tembladeral, máxime con el pibe Pezzella al lado, mucho más proclive al error por los nervios y la inexperiencia.

Lanús lo bailó a River. Le ganó 3-1, y cuando Silva metió el 2-0, pareció que iban a ser miles. No atacó a lo loco Lanús. Aprovechó el primer golpe de suerte, con ese remate de Somoza que iba a cualquier lado y terminó siendo gol y después se sentó a ver como River se derretía frente a sus ojos. El equipo entró con un plan en la cabeza: ganar. Ahora, el cómo lo debió desde que empezó el partido mismo.

Ramón Díaz cometió muchos errores, empezando por haberse encaprichado con Fabbro y Ferreyra, habiendo minado la confianza de Lanzini e insistiendo con Ponzio, que hace por lo menos 10 partidos que su nivel da arcadas. ¿Qué quiso hacer River? Lastimar a Lanús, ok. ¿Cómo? ¿Con centros a una defensa con Goltz, Ayala y la ayuda de Silva y Melano? No, imposible. ¿Por abajo, con un Teo estático y un Menseguez devorado por la marca? No way. ¿De la mano de Fabbro que jamás se cargó al equipo al hombro y parece darle lo mismo estar en la cancha que en su casa viendo un DVD de Justin Bieber? No,no y no. River no supo cómo. Sabía qué, pero jamás cómo, ni por dónde. Kranevitter de “8” fue un error. Se liberó el carril derecho al duelo Mercado-Acosta. El “colo” se cerraba para acompañar a un Ponzio que salía a presionar a cualquier lado, sin conciencia de los huecos que dejaba tras de sí. Eso es la-bu-ro de la semana. ¿Qué hace Ramón en la semana?

Lanús fue práctico. Guillermo plantó tres delanteros sabiendo que, con un gol, River se iba a caer como un castillo de naipes. Tardó 6′ en conseguirlo. El resto del tiempo se divirtió con River, como un gato se divierte agarrando a un ratón por la cola. Sabiendo que ya la cosa está juzgada. Encima llegó el segundo, una contra muy bien ejecutada y concluida por Silva. Segundo manotazo al ratoncito, que ya estaba groggy. Quizás si el tiro libre en el palo hubiese entrado, y al descanso se hubiesen ido 2-1, algo cambiaba. Pero eso entra en el terreno de los incomprobables.

Lo que sí es comprobable es que River hoy fue un desastre. Un equipo apático que hizo a sus hinchas agarrarse la cabeza en más de una oportunidad. Pero no por las situaciones desperdiciadas, sino por los pases de comedia que se veían: pases por detrás del compañero, cambios de frente para las serpientes, centros abúlicos al primer palo para que cabecee nadie, llenarle el área de centros a una defensa NBA… Todas incongruencias, todas cosas sin sentido que demuestran una cosa: River jamás supo jugar esta serie. Y la primera señal es que Ramón se fue “conforme” con el 0-0 de la ida, sabiendo que un gol en contra lo condenaba a tener que hacer dos. Algo elemental, mi querido Ramón.

La gente estalló. Estalló porque no toleró ver la apatía de un River caído en desgracia, una vez más. Cialis Super Active 20 mg pills Cost With Prescription Free Viagra Samples Canadian Pharmacy Website buy Cialis Super Active Online buy Cialis SuperВ  Explotó porque el técnico le mintió con aquello que con Fabbro y Teo el equipo iba a cambiar 100%. Explotó porque de los refuerzos que hay en River mucho tiene que ver Ramón y poco han rendido. Explotó porque el club lleva seis años sin ganar absolutamente nada, a excepción de un tan doloroso como deshonroso torneo del Nacional B. Reventó porque no le alcanzó la no presencia de Passarella en las elecciones, igual cantó “que se vayan todos”. Se hartó. Lisa y llanamente. River termina un semestre, luego de salir subcampeón, penando en el torneo local y habiendo quedado afuera de la Sudamericana con una humillación y en su casa. Y el hincha no está para ahuecar el pecho y seguir bancando. Ya no.

¿Y ahora Ramón? El Crédito para el DT más ganador de la historia sigue, en su mayoría, abierto. El tema es qué hará el DT. El sabe que la gente lo banca, pero también sabe que esta paliza que recibió no es gratis. Que explicar la llegada de Fabbro se hace imposible y entender la llegada del Malevo con otro argumento que no sea “darle una mano al amigo caído en desgracia” se torna muy complejo.

Lo sabe.

Y por eso, lo primero que dice es “sé que estoy en deuda”, pero enseguida se precipita y escupe, quizás un pensamiento en voz alta: “Que la gente se quede tranquila”. ¿Tranquila, Ramón? Imposible. Lo más digno que se vio en el Monumental fue a Anna Vives sosteniendo su camiseta. Lo más triste es que si River hubiese jugado con la mitad de las pelotas que le puso Anna para seguir adelante seguramente la eliminación no hubiese sido tan indecorosa, tan dolorosa, tan inobjetable. Y, viendo el todo, tan esperable. La eliminación duele porque no deja dudas. Pero también duele porque era sumamente esperable. Y eso, en gran parte, también te toca a vos Ramón.