Si no es cinismo, es preocupante. Si no es un paso de comedia, es de terror. Si no es algo adrede, rajemos en serio. Si la conferencia de Daniel Passarella Valacyclovir online best price proair versus combivent buy Combivent in france valacyclovir online prescriptions with no membership buy cefuroxime in usВ en la que se “despidió” de la política fue real, verdadera y el protagonista no hablaba en joda, es entendible porque River en estos cuatro años no ganó absolutamente nada. No, Passarella, un título de la B Nacional no es un título para sacar pecho, cuanto mucho es el oro más roñoso que River se colgó en sus 113 años de vida.
Parece ser que Daniel Alberto está viviendo su propio “Truman Show”. Vive en una realidad paralela y él único que parece no darse cuenta es él. Order Online at USA Pharmacy! United Healthcare Accutane cost . Approved Pharmacy, Accutane Price Cvs. No, Daniel, a River no lo salvaban ni Mourinho, ni Guardiola, lo salvaba la gestión. Lo salvaba comprar mejor de cara al torneo más crítico de la historia (con todo el respeto que Bordagaray merece). Los salvaba elegir un técnico con espalda para esos momentos y no un experimento, encima, vinculado a los descensos, ya que había tenido otros antes en su carrera.
A River lo salvaba que no fuera tan obtuso su presidente. Tan terco, tan paranoico, tan egocéntrico, tan déspota, tan inexperto, tan “me las sé todas” y tan cerrado. Un combo letal. River se convirtió, en estos cuatro años, en un club con clarísima dirección verticalista, el tema es que jamás tuvo dirección. Para ser una dictadura tiene que haber un dictador choosing an essay writing service . Y Passarella más que un dictador fue un Rey Loco. Un tipo que lo enloqueció el puesto o que nunca se preparó para llevarlo adelante. Ojo, también se rodeó mal.
Passarella apenas sí fue un hombre que pensó que la gloria que consiguió con los botines era transferible con la corbata. Se olvidó de los “cómo” en el traspaso. Prometió Europeizar River, y ni siquiera logró que el club pise fuerte en el ámbito más primigenio de su esencia: el fútbol argentino. A tal punto que durante su gestión River no ganó nada, ni siquiera clasificó a la Copa Libertadores de América y, peor aún, se fue a la B Nacional por primera vez en su historia. Manchando con tinta indeleble el libro dorado de su historia.
Dijo estar nacido para “defender a River” y, evidentemente, confundió o no entendió la palabra. Para Passarella “defender” al club significó putearse con Grondona luego que el Millo fue ampliamente perjudicado ante Boca. Él, dentro del domo, cree que eso mandó a River a la B. No, Daniel, una vez más no. Defender a River hubiese sido recategorizarlo, no comprar jugadores falopa, traer técnicos a la altura, rodearte de dirigentes probos y no de dirigentes para robos. Hubiese sido haber sabido tener la humildad que requiere ser la cabeza de una institución con millones de hinchas en todo el país y el mundo. Hubiese sido ser menos vertical y más plural. Hubiese sido haber sabido leer las señales, las advertencias, pensar en cómo salvar a River y no a quien echarle culpa.
Apenas asumió, Passarella dijo “Agarre un club en coma 4”. Lo que en su momento pareció una declaración para “pintar” lo que se vivía en River, terminó siendo una constante. River no abandonó ese estado. Es más, de haberlo, el club estaría en coma 5. Sólo no murió por sus socios, hinchas y por la historia que carga. Nada más. Pero la actual CD poco hizo para reanimarlo. Es más, parece que hubiesen hecho denostados esfuerzos por desenchufarle el respirador, algo que hicieron el 26 de junio de 2011.
Passarella fue, posiblemente, el mejor seis de la historia de River y, tal vez, de la Argentina. Salió campeón del mundo con la Argentina dos veces, ganó mucho con River y se convirtió en una leyenda con los botines. También se convirtió en una leyenda con el saco y la corbata. Es el único presidente que mandó a River a la B. El único. Ni Aguilar e Israel, ese binomio que destruyó a River, llegó a empujarlo tan bajo. Es obvio que cooperaron en el descenso, como también es obvio y salta a la vista que cuando DAP asumió ya se veía la punta del Icerberg y nuestro “Truman”, apenas atinó a ver si podía girar el timón del barco con un mínimo volantazo. No alcanzó y River se la puso de lleno contra la peor vergüenza de su historia deportiva. Y eso fue durante la gestión Passarella. Y su apellido quedará ligado, por siempre, a ese hecho. Por más culpa que le quiera endilgar a la AFA, a Dios o a María Santísima.
Así las cosas, Passarella cerró su etapa en River con una conferencia de prensa a la altura de su leyenda. Llena de victimizaciones y poco de hacerse cargo. Llena de excusas y escasa de autocrítica. Siempre girando en torno a su figura. “Me voy porque mi figura perjudica a River”, “Si me hubiese presentado ganaba las elecciones”, “Ganamos el campeonato económico”. Todas mentiras, excepto la primera. Lo que Passarella no sabe o no quiere ver es que su figura perjudica a River desde el momento mismo en que asumió y, con el correr de los años fue empeorando. Nada que escape a la lógica.
Lo que mal empieza, mal acaba. Y la historia entre Passarella y River no fue la excepción. Un descenso, apenas un subcampeonato, un torneo de escritorio en AFA y la vergüenza histórica, inalterable e imborrable de haber conocido la B Nacional. En la película, el protagonista se daba cuenta que vivía una mentira. Que alguien le avise al Truman Passarella dónde están las cámaras a ver si puede, de una vez por todas, dejar de vivir adentro del domo de su realidad paralela.



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