Siempre, pero siempre que una banda saca a la luz un disco está la incógnita ¿cómo será en el vivo? ¿Sonará igual? ¿Podrán recrear la potencia? ¿Los coros? ¿Cómo harán con los matices? ¿Y los detalles? Bueno, ayer a la noche, Cielo Razzo contestó todos estos interrogantes a su manera: con un show de 25 temas, al palo, tocando íntegro “Sideral” y demostrando que, en vivo, el disco se la banca aún más que desde un equipo de audio.
Es que la banda supo cristalizar todas y cada una de las aristas del álbum sobre el escenario de Flores, llevando consigo, incluso, a Florencia Crochi, casi una integrante más de la banda por la cantidad de temas a los que le pone la voz, la viola y el alma y al de la Cruda que le pone toda su voz a “Ojos”, uno de los tracks más desafiantes del nuevo trabajo.
Con un Teatro que re-ven-ta-ba de gente, literal, los Cielo Razzo salieron a escupirle a la Ciudad de Buenos Aires, su “Sideral” y la escupida dio de lleno en la jeta, y después empezaron las trompadas al mentón. Piña va, piña viene, Cielo Razzo no dio respiro en la fría noche porteña. Y la monada tampoco. Pibas en remera, las más osadas en corpiño, generosos hombros masculinos para sostener a las niñas en medio de una marea cada vez más alta de sudor, pogo, agite y reencuentro. Cielo se reencontró con su mejor versión, después de la etapa “Compost”, que fue un disco más complejo de entrar en la gente.
Este “Sideral” se hizo carne rápido en los raseros que lo agitaron de principio a fin. Además, la banda tiraba los temas como un boxeador tira piñas arriba del ring, una atrás de la otra sin respiro. Con un sonido potente, prolijo y hasta brilloso. Javier Robledo demostró porque es de los mejores bateristas de este país, así como Diego “Pájaro” Almirón también porque gran parte del sonido de CRZZ duerme entre esas seis cuerdas que el ejecuta. Pablo Pino estaba en el aire. Alocado, corredor, hablador y contento. Feliz estaba el “Polilla” y no es para menos. Cielo pasó por la mala hace no mucho, cuando las productoras y compañías los “desampararon”. No se amilanaron, sacaron “Compost” haciendo un esfuerzo sobrehumano y volvieron a llamar la atención. Y ahí están, con nuevo disco, en un nuevo sello y con todo el respaldo de su público fiel ¿Cómo no sonreír?
“Galope” arrancó una noche al palo que tuvo, mayormente, mucho aroma a “Sideral”, por supuesto. “Piba Espada” y “Te Vas” completaron un comienzo con olor a nuevo. Llegó “Quien baja la pala” y el teatro vibró.
Lo cierto es que por más que lo nuevo de CRZZ suena muy pero muy bien, el agite que tienen los temas de “Buenas”, “Código de Barras” y “Marea” es digno de ver. Así, luego del momento casi intimista que se vivió con el tándem “Sociedad” y “Entre las 4 y las 6” con toda la sensualidad stona-arrabalera de Flor Crochi se rompió en mil pedazos cuando “Carne 2” hizo mover el lugar, literalmente.
En medio de “Calesita”, la banda debió parar de improviso. El agite y el calor habían pasado factura. Una persona se descompuso y Polilla, al apreciar las manos en el aire, paró la música y orquestó todo desde arriba para que se proceda como debía, algo que fue aplaudido. Ese fue el momento más tenso y, el más gracioso, fue cuando después de “Hombre Tambor”, alguna fémina arrojó una tanga roja al escenario y Javi Robledo la apoyo sobre uno de los platos de la batería. Antes, “Posdata” y “El Silencio del Ave”, junto a “Viaducto” demostraron que Cielo es una banda del carajo, que puede tocar casi cualquier cosa, pero que esas canciones que explotan, esas baladas mid tempos, esos temas matizados son su fuerte.
“La Roca”; “Mama” y “Monos” –el único de compost que sonó- hicieron delirar a la monada, que entregó hasta lo último por saltar como si fuera la última noche. Así, Cielo abandonó, por primera y única vez, el escenario del Teatro, dejando tras de sí una multitud, cansada, transpirada, excitada y deseosa de más.
Y la banda, cumplió. “Santos”, de “Grietas” dio inicio a los bises, que siguieron con “El Alfil” y “Qué se yo”, un clásico-clásico de los rosarinos. “Alma En Tregua” hizo saltar a todo el mundo, lo mismo que “Luminoso” y “Sin Salida”, que tuvo al último invitado de la noche, miembro de Sikarios, la banda que teloneó el show. Luego, para cerrar, Cielo dio rienda suelta al single de esta última placa: “Caminando”.
Parecía el final. Hubo saludo, agradecimiento, revoleo de cosas desde el escenario, pero había más. Y llegó la que faltaba: Luna. Cielo volvió y arremetió con una versión impecable de uno de los temas más agitables de su repertorio, que terminó con un Pablo Pino tirado sobre la multitud que, primero, se lo llevó para el medio del lugar y luego lo devolvió, todo sobre las manos que lo sostenían, mientras sus compañeros no le daban paz a sus instrumentos. Así pasó Cielo Razzo por la capital. Por suerte vuelven pronto, el 27 en Groove. ¿Alcanzará el tiempo para recobrar fuerzas?



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