Este sábado 5 de septiembre quedará para siempre marcado en el calendario de las vecinos y vecinos de la Zona Norte del GBA, pero también en el calendario de quienes custodian tres pilares fundamentales de nuestra democracia: memoria, verdad y justicia.

En horas de la tarde, las calles de San Fernando se llenaron de banderas, cantos y discursos pronunciados al viento. Cientos de estudiantes de todas las edades, miembros de distintos espacios políticos, gremiales, sindicales, deportivos, artísticos y vecinales, así como personas autoconvocadas, se dieron cita en la señalización del Canal San Fernando para ser parte de una movilización sin precedentes en el barrio.


Sin embargo, la lucha que motivó la jornada de este sábado no comenzó en septiembre del 2026, dicha lucha se nutre, entre otras cosas, de un episodio clave en nuestra historia: La Noche de los Lápices. Un hecho que no empezó el 16 de septiembre de 1976 ni puede explicarse, solamente, a partir del reclamo por el boleto estudiantil dado que los jóvenes secuestrados en La Plata venían de una experiencia de organización política y estudiantil, que había cobrado fuerza durante los años previos al golpe de Estado.


En 1975, estudiantes secundarios habían protagonizado una campaña por el boleto que terminó consiguiendo una reducción en el transporte, pero también dejó una generación de jóvenes con experiencia de militancia, participación en centros de estudiantes y organización colectiva. Con el golpe del 24 de marzo de 1976, ese mundo pasó a ser uno de los objetivos de la represión: la dictadura intervino las escuelas, prohibió la actividad política y persiguió a quienes consideraba parte de una juventud capaz de organizarse y cuestionar el orden impuesto. Entre el 8 y el 21 de septiembre de ese año, diez estudiantes fueron secuestrados en La Plata; cuatro sobrevivieron y pudieron dar testimonio, mientras que seis continúan desaparecidos.


Medio siglo después, aquella historia fue recuperada (y reivindicada) por la UES Zona Norte, la cual reunió a estudiantes de Vicente López, San Isidro, San Martín y San Fernando en una movilización que comenzó en el Sitio de Memoria Plaza Canal, pasó por Plaza Mitre y terminó en la Escuela Secundaria N° 6 José Gervasio Artigas, donde se realizó un acto y se leyó un documento. Los lugares elegidos tampoco fueron casuales: Plaza Canal forma parte de la memoria territorial del terrorismo de Estado y la escuela que recibió a la marcha recuerda a veinte estudiantes desaparecidos. En una región atravesada durante la dictadura por el circuito represivo de Campo de Mayo, la movilización buscó sacar la memoria del terreno de las efemérides y devolverla a las calles, a las escuelas y a los propios estudiantes.


Por eso, resulta de suma importancia que este hecho pueda ser transmitido, difundido, contado por quienes se lo pusieron al hombro. En este caso, Fabricio Maldonado (17), estudiante de la Técnica Nº 3 de San Fernando, vecino del Fondo de Virreyes, militante popular y miembro de la UES Zona Norte, le cuenta a Rock and Ball sus sensaciones, sentires y pensares al encarar la primera marcha de Zona Norte por la Noche de los Lápices. La voz de Fabri permite tender un puente entre aquellos secundarios perseguidos por organizarse y una generación que, cincuenta años después, vuelve a discutir en las calles qué significa militar, recordar y defender la participación política de los estudiantes:
¿Cuándo y cómo surge la UES Zona Norte?
“La UES Zona Norte surge un poco a raíz de que observábamos que teníamos centros de estudiantes y pibxs con muchas ganas de militar, pero no encontraban un espacio propio en el que hablar realmente de lo que más nos importa a los pibes. Así, con pibes de Tigre, San Fernando, San Isidro y Vicente López decidimos que era hora de agruparnos, con una gran duda de entremedio: ¿Cómo nos llamamos? Pensábamos y no sabíamos qué nombre usar, hasta que la respuesta la encontramos en nuestra historia: la UES Zona Norte, esa… la de los compañeros setentistas que luchaban por una patria mejor”.

Lograron concretar la primera marcha por la Noche de los Lápices en Zona Norte, ¿cómo se organizó y qué buscaban generar con una actividad así?
“Se organizó pensando en que todos los años cientos de pibes de la Zona Norte se movilizan a La Plata los 16 de septiembre, justamente, en conmemoración de La Noche de los Lápices. Ahí nace también un cuestionamiento, nosotros también tenemos un montón de pibes desaparecidos en la Zona Norte, y nunca se hizo algo en conjunto por todos ellos. En síntesis, esta marcha es, sin duda alguna, un acto de coherencia con nuestra historia y de respeto hacia una tradición de lucha histórica que heredamos de compañeros y compañeras militantes que sobrevivieron a la dictadura cívico militar. ¿A dónde queremos llegar con la marcha? Objetivos tenemos un montón, pero todos nacen de algo importante: hacer memoria, demostrar que al contrario de lo que muchas veces nos dicen los medios, a los jóvenes sí nos importa nuestra historia, nos importa la política y entendemos también que solo a través de esta es que podemos transformar las cosas que nos pasan”.

Recibieron adhesiones de espacios de toda clase, tanto dentro como fuera de Zona Norte, ¿por qué creen que ocurrió?
“Justamente, creo que el hecho de que semejante movida haya sido encabezada por pibes y pibas, terminó siendo un punto de unión para todos y todas”.

En este momento tan complicado para el país, ¿qué le dirías a un pibe que tiene dudas sobre sumarse a militar?
“Le diría que no tenga miedo, que va a conocer gente increíble y que el mejor lugar para un pibe es la política. En tiempos donde nos acechan riesgos generados por el clima social y económico especialmente, creo que, como dije antes, el mejor lugar para un pibe o una pibe es la política: organizándose en sus centros estudiantes con sus compañeros buscando mejorar la calidad de cursada dentro de sus escuelas. Y no solamente eso, sino también buscando recuperar la alegría porque creo que parte del trabajo de los centros estudiantes es el de poder darle una alegría a las compañeras y a los compañeras. Porque no queremos solamente que puedan estudiar en mejores condiciones, queremos que se sientan mejor.
Para nosotrxs la patria es el otro, la patria representa lo que más queremos, por eso la prioridad tiene que ser siempre el otro. Así que, retomando la pregunta, a un pibe que duda sobre si sumarse o no a militar, le diría que se sume, que es lo mejor que puede hacer, que va a aprender un montón de cosas hermosas, que va a pasar un montón de momentos hermosos también y que va a descubrir una manera diferente de relacionarse con el mundo, una manera más solidaria, más linda, una manera más amorosa… que es todo lo que le falta a este país y diría a este mundo”.


A cincuenta años de la Noche de los Lápices, en las calles de Zona Norte, fueron estudiantes quienes volvieron a poner en agenda una historia protagonizada por otros estudiantes, no para quedarse mirando el pasado con nostalgia, sino para preguntarse qué hacer con esa herencia en el presente. Porque aquellos jóvenes fueron perseguidos por organizarse y porque, medio siglo después, todavía hay quienes entienden que la escuela también es un lugar desde donde disputar el mundo que viene. Porque, indudablemente, la riqueza de este viaje es el cambio a esta realidad.



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