Por Javier Hernán García

Martínez, Fernández, López, González y Álvarez no son solo apellidos de la Selección Argentina actual. Son, además, una muestra cabal de la herencia española que atraviesa a nuestro país. Una historia que comenzó hace siglos, que este domingo tendrá un capítulo más que relevante —al menos en lo deportivo— y que, aún hoy, sigue dando muestras de una especie de simbiosis.

Primero, allá lejos y hace tiempo, ellos nos quisieron colonizar después de que echáramos a los ingleses. Intentaron volvernos parte del Reino de España, pero no pudieron. O pudieron a medias. Cuando la Revolución de Mayo se hizo carne, el Virreinato del Río de la Plata voló por los aires y el sueño de ser una patria soberana tomó forma y con la gesta de Don José de San Martín, corriéndolos en San Lorenzo, a orillas del Paraná y en la Cordillera de Los Andes, del otro lado del país, se terminó de consumar.

Luego, ya la Argentina constituida como país, sin rencores, se transformó en refugio para miles de españoles que huían del horror de la Guerra Civil española, que se estiró de 1936 a 1939 (39, como la edad de Leo Messi). Fue en ese momento que a este país llegaron muchos de nuestros abuelos y bisabuelos. Abuelas y bisabuelas, las piedras fundacionales de nuestra familia, muchas veces. Fueron españoles que huyeron asustados de un horror que se había apoderado de su país. Muchas de nuestras familias tienen raíces en España. Por eso, el domingo también es un partido especial. Muchos de los dorsales que lucirán nuestros jugadores son herencia directa de nuestro rival. Nuestro técnico vive en España y se formó como DT allí, incluso, el DT rival fue uno de sus formadores.

La Madre Patria, contra la Patria. Bisnietos y nietos con abuelos que nacieron en suelo español pero que hoy sufren y desean que gane la Argentina de Messi. La Argentina de sus nietos e hijos. La Argentina que les dio cobijo, comida y un futuro cuando todo parecía oscuro.

En el año 2001, cuando todo estalló por los aires acá, el tema fue al revés. Miles y miles de argentinos se fueron a España. No huían de una guerra, peor sí huían de la desesperanza. De un estallido social que había hecho añicos el presente y puesto muy en riesgo el futuro. Hicimos el camino inverso de nuestros abuelos y bisabuelos, de Argentina a España. Buscando lo mismo que nuestros ancestros buscaron acá: cobijo, comida asegurada y la ilusión de un futuro. Muchos de esos argentinos viajaron siendo chicos o adolescentes y hoy tienen familias establecidas con españoles, con hijos españoles. Seguro, el domingo tendrán el corazón partido, como varios de los que peinan canas y llegaron en barcos hace ya muchos año

Y ese mismo camino, de Argentina a España lo hizo un tal Lionel Messi. Siendo adolescente fue a buscar a España una chance de realizarse un tratamiento que necesitaba. Pero Leo no fue con las manos vacías, llevó su talento mágico como moneda de cambio. Y tan grande era ese talento, tan único, tan brilloso que lo vieron como el oro que vinieron a buscar en la época de la Colonia. Pero tampoco pudieron conquistarlo. Esta vez porque el muchacho nacido en Rosario, nunca fue en contra de los colores del suelo donde nació.

Como San Martín, formado en España, Messi nunca dudó a la hora de defender los colores de su Patria. San Martín encabezó el ejército que expulsó a la corona de estas tierras. Messi liderará la selección que buscará dejar a España sin su ansiada segunda copa del Mundo.

El fútbol quiere que ese pibe, ese muchacho de Rosario que España quiso conquistar y no pudo, sea protagonista una de una Final del Mundo más. La tercera en seis mundiales, en la que buscará la segunda estrella personal. Quiso el destino, la vida o el Dios Fútbol que este encuentro, quizás su último con la camiseta que ama y siempre eligió defender, fuera justamente contra España, la tierra que lo albergó, lo quiso conquistar y no pudo. Como San Martín en Los Andes, Messi pudo resistir los embates españoles y eligió ser argentino.

Deberá refrendarlo una vez más en Nueva York, de cara al país que lo acogió, en un partido que tendrá corazones partidos, millas de mar y aire que se cruzaron, historias entrelazadas, corazoncitos que aunque les toque en Buenos Aires o Madrid laterán buscando que la patria propia se imponga. Hay acá muchos españoles, muchos lazos, mucha historia, mucha familia. Hay allá muchos argentinos, muchos lazos, mucha historia, mucha familia. Y están nuestros apellidos que son de ellos, y nuestros abuelos que son de ellos, y sus hijos que son también nuestros. Y está Messi, que nació acá, pudo ser de ellos y eligió ser nuestro. Gracias a Dios, eligió ser nuestro.