Buenos Vampiros se presentó el jueves 13 de agosto en Niceto Club. Como antesala a la salida de su próximo álbum: en septiembre lanzan el último disparo y tocaron los dos primeros adelantos: Mundo raro y Morir en mi tierra. Antes se presentó la banda Lagrimitas, dejando abiertas las expectativas de que, cuando saquen más material, podrían llenar un venue similar.
Cuando el todo no es sólo la suma de las partes
Si en alguna otra realidad Buenos Vampiros quisiera agregar una voz principal más a su formación, y tuviera que realizar una especie de casting, habría una condición implícita: si cantás de una forma que no sea particular, no vas a ser tenido/a en cuenta. Irina Tuma (guitarra y voz) e Ignacio Perrotta (guitarra y voz) explotan y combinan una unicidad melódica poco escuchada. Una por su forma de frasear, graves lúgubres y cortos gritos agudos, y otro por el sentimiento con que entona cada canción. Decir “solo quiero morir en mi tierra / que me entierren en ella / fundirme y desvanecerme en su fertilidad” sólo se puede hacer con una gestualidad acongojada, la mano en el pecho y emulando, a su propia forma, a algún cantor tan particular como Sandro.
De algún modo, cada integrante tiene su propia individualidad y presencia atractiva. Funcionan como un colectivo, como, efectivamente, una banda. No son solamente la suma de partes separadas. El pelo corto, naranja y revoltoso de Mora Murguet (batería) está disponible para adornar cada movimiento de cabeza porque no está únicamente como base rítmica, sino como constructora de melodías. Luana Giobellina en bajo y coros equilibra siendo la más ¿tímida? (no, imposible serlo con una estética tan marcada: los cuatro siempre tienen muy pensado su vestuario, corsets, camisas blancas con apliques, collares en cantidades y demás recursos para reforzar un mundo gótico), dejando que su instrumento hable por ella.
Mientras sonaba Nada puede salir mal y había cierta quietud en el público, probablemente impulsada por la frialdad que se da en los primeros temas, las cervicales de una chica con pelo corto y enrulado estaban siendo testeadas por el movimiento de headbanging que hacía. Para arriba y abajo, para la izquierda y la derecha, al ritmo de la canción. No importaba si el resto no estaba en su misma sintonía, compenetrados mirando a los artistas, o que casi se chocó contra el lente de una cámara. Solo eran esa chica y esa banda. Después, ese entusiasmo se contagió y se dió la costumbre del pogo con El perro, Desmotivada, triste y aburrida, No hay amor que nos salve (con su característica guitarra “feliz” contradiciendo la letra, que hizo que la gente dejara sus cosas en el piso y se uniera al pogo), coronando con un gracioso “oh, yo soy buen vampiro / fumo porro, tomo vino”.
Jugando en la oscuridad
Nina Suárez fue la invitada a cantar 14 de febrero. El público lo vivió con abrazos, besos entre sí y cantando particularmente “si no estás segura de mí, decímelo”. Ejemplo de la honestidad brutal de la banda, sin vergüenza, sin ponerse colorados, mostrándose inseguros como cualquier humano.
Una pareja escucha y mira. Están cerca del escenario pero en un costado, pegados. Ella le da un beso, dos besos, tres besos. En la pera, el pómulo izquierdo, la frente. Le tocó el turno a él, que correspondió con la misma cantidad de mimos, se dicen algo al oído y Nacho canta “me diste un abrazo” en Me paralicé, canción que tiene la particularidad de tener solo esas dos líneas. Porque para ciertas demostraciones no se necesita más que unas palabras o unos besos. No hubo cámara para este plano, sólo testigos en la intimidad de un show.
El futuro suena prometedor para Buenos Vampiros: el tres de septiembre lanzan su nuevo disco el último disparo. Previamente ya adelantaron Este mundo raro, punk-pop que reniega del presente y Solo quiero morir en mi tierra, potente y original, no solo por su temática sino por su patrón rítmico folclórico (aunque no obvio). Pistas de que lo próximo va a ser la expansión y búsqueda de nuevos horizontes musicales.
Una noche especial donde tanto la banda Lagrimitas, la banda telonera (le cabe una mención especial porque dio serias muestras de que ya cuentan con un público propio y solo es cuestión de publicar más material.) como Buenos Vampiros tenían mayoría (sino su totalidad, como la primera) de mujeres en su composición. Algo que ya no es novedad pero que nunca está de más celebrar.
Siempre es sano ver cuando una banda reparte el protagonismo entre sus integrantes que armoniosamente se lucen. Buenos Vampiros construye, como obrero de su camino, con giras autogestionadas, estética fuerte y una sensibilidad gótica que genera adeptos por toda la Argentina y Europa.
Buenos Vampiros en Niceto Club: lugubridad, sensibilidad y ternura
La banda marplatense dio un show a su público previo a su gira europea.



Comentarios