Y un día perdió el invicto. Se esperaba que pudiera ocurrir, más temprano que tarde, por la irregularidad que venían mostrando los dirigidos por Matías Almeyda.
Durante las primeras once jornadas, el equipo fue claramente superior a algunos de sus rivales y cosechó empates que no mereció ante otros. Aldosivi, que había ganado un solo encuentro en el campeonato, lo venció como visitante y sembró un mar de dudas en el porvenir millonario.
Estaba claro que la primera derrota en el Nacional B no sería bienvenida y que generaría suspicacias en torno al juego, al sistema táctico, a la presencia de varios jugadores e incluso al entrenador. Sin embargo, el morbo mediático que rodea en este presente a los de Núñez hizo que se dramatizara esta caída y se le diera mayor dimensión de la que realmente tuvo.
Poco después de consumado el triunfo de los marplatenses, muchos comenzaron a hablar de una hipotética catástrofe y de la mancha que significaba para la historia riverplatense tropezar ante una institución tan vinculada al ascenso. Nada de esto es cierto.
River perdió la categoría por mérito propio y eso quedará grabado, sin dudas, como un capítulo negro imborrable dentro de sus 110 años de gloria. Hoy, disputa un campeonato parejo en el que puede ganar, perder o empatar contra cualquiera de sus oponentes. Quien no lo entienda así, no habrá aprendido del descenso, del que no se pudo escapar simplemente por el peso de la camiseta.
El ejemplo está a la vista: antes del Tiburón, los que estuvieron más cerca de vencer al Millonario fueron Defensa y Justicia y Deportivo Merlo, quizás los dos clubes más modestos que había enfrentado. En cambio, cuando jugó contra rivales con importantes historiales en Primera División, no pasó mayores sobresaltos.
Duele por el cómo. Por la carencia de respuestas, por la ausencia de recursos, por la falta de claridad. Porque fueron 90 minutos en los que se compiló todo lo malo que River había hecho en el campeonato y se olvidó lo bueno. Porque corren las fechas y no se encuentran soluciones para algunos desajustes que se arrastran desde que empezó el torneo. Por todo eso, pero no por el rival. Aldosivi fue una anécdota.
Dentro de la preocupación, hay espacio para la reflexión. La derrota a veces despierta autocríticas, para las cuales una insulsa igualdad quizás hubiese sido contraproducente. Almeyda lo entendió así y rápidamente declaró, en la conferencia, que este había sido el peor partido de su equipo. Si sus futbolistas interpretan ese mensaje y corrigen las evidentes falencias mostradas, sabrán transformar estos tres puntos perdidos en un aprendizaje para lo que resta de este extenso certamen.
Con los pies sobre la tierra, River comienza, sanamente, a emparentarse con los equipos de la Primera B Nacional y, en base a sacrificio y trabajo, deberá forjar su retorno. Está claro que la historia no lo ayudará, ni tampoco la camiseta, pero cuenta con el material para hacer la diferencia y dependerá de sí mismo para no desaprovecharlo.





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