Si bien aún resta que el equipo de Julio César Falcioni sume un punto para dar la vuelta, todo indica que o logrará sin inconvenientes. Es que con mantener el arco en cero le alcanza, y esa es una de las principales virtudes de este equipo.
De menor a mayor, así Boca fue forjando a lo largo de todo el certamen esta diferencia de nueve puntos sobre el segundo, que le asegura el primer puesto. Las claves del casi (para que no se enojen los cabuleros) 24º título xeneize están a la vista.
El funcionamiento colectivo escapa a cualquier nombre, y si bien hay roles protagónicos dentro del once titular, quien ingresó supo entender al pie de la letra cual era el camino a seguir. El caso de Nicolás Blandi, tras la grave lesión de Lucas Viatri y la ausencia provisoria de Darío Cvitanich es, sin dudas, el ejemplo más claro.
En el caso de Juan Román Riquelme, no hubo el que se lleva los aplausos es el equipo entero, porque más allá del ingreso de Cristián Chávez, el mediocampo en colaboración con los delanteros se encargaban de recuperar la pelota, de no dejar jugar al rival, y aprovechaban para golpear en el momento oportuno. Poroto para Falcioni.
El técnico campeón con Banfield, supo resolver lo que para otros técnicos fue remar en dulce de leche con dos hisopos. Parecía una utopía que Boca pudiera jugar sin Riquelme, se hablaba de un “veremos que pasa” antes de cada partido, y la realidad es que el 10 ha sido un abonado a las lesiones durante las ultimas dos temporadas.
Falcioni logró que eso deje de ser un problema, encamino a sus dirigidos y consiguió un funcionamiento colectivo, quizás, más práctico y efectivo que con Riquelme en cancha.
De atrás para adelante Boca supo conseguir una inmunidad asombrosa. A lo largo de las 16 fechas disputadas, Agustín Orión fue a buscarla adentro sólo en cuatro oportunidades, y de esas cuatro, en una sola el xeneize resigno puntos (San Lorenzo). El resto sirvieron para decorar resultados (Lanús, Atlético Rafaela y Godoy Cruz). La presión y la prioridad en recuperar y cuidar la pelota que tuvo el mediocampo hizo que una defensa afianzada no sufra las embestidas del rival.
Este Boca no será recordado por ser un campeón goleador, de hecho, acumula 19 gritos en lo que va del torneo, uno menos de los que consiguió un solo jugador en otro Boca campeón. Si, Martín Palermo alcanzo los 20 tantos en el Apertura 1998. Claramente, la fortaleza de este equipo pasa por otro lado.
Se suma a todas las virtudes de este Boca, que ninguno de los restantes 19 equipos supo ponerse el traje de “perseguidor”, nadie se plantó en la lucha por el título. Y eso, el Xeneize lo aprovecho de la mejor manera posible.
El camino no es sinuoso ni de casualidad para el equipo de la Ribera, parecería ser sólo es cuestión de tiempo. El mismo tiempo que se supo dar Julio César Falcioni al mantenerse en el cargo tras rumores de reemplazo y de un cuestionable Torneo Clausura. Es cierto que Boca cuenta con el plantel más rico del fútbol argentino, pero varias veces quedó demostrado que con eso sólo no alcanza. La apuesta a un proyecto y a tiempo de trabajo plasmaron en los números que Boca dará una nueva vuelta olímpica.




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