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Exclusivo: Lo que nadie te cuenta de la relación sin retorno Riquelme-Falcioni

"Hace 8 meses me hizo correr acá solo, como un boludo, cuando jugamos con All Boys". Juan Román Riquelme, de la nada, sacó el talonario y le emitió factura "A", "B" y "C" a Julio César Falcioni. El enganche podrá hacer que se olvida, pero recuerda todo. No le perdona esa muestra de poder que hizo el DT en aquel momento; desde ahí, le hizo la cruz. Ese hecho, sumado al "Palermismo" de Falcioni en su primer semestre en Boca, hizo que, casi de inmediato, el DT y el crack estuvieran en veredas opuestas.

Rock 'N Ball te trae la historia que nadie contó ni tampoco contará, al menos por ahora. El relato de una relación quebrada, que se emparchó en la pretemporada en Brasil pero que nunca dejó de estar como al principio: rota. Para empezar, hay que ir a la ideología de ambos. Mientras Falcioni es el campeón mundial del juego no vistoso, a Román lo desvela el lirismo. Él es un lírico por naturales y en su mesa se sienten los Menotti, los Cappa o los Basile, jamás los Falcioni. Desde ahí, una gran diferencia.

[caption id="attachment_42866" align="aligncenter" width="480" caption="Falcioni y Román, cada uno por su lado."][/caption]

Para entender la historia hay que remontarse a donde el enganche viajó ayer. El 25 de febrero de 2011 pasó esto y Román se enteró de que no iba a estar frente a All Boys. Bah, en realidad ya lo sabía. ¿Cómo? Sí, según averiguó Rock 'N Ball, una semana antes del choque frente los de Floresta hubo una comida. En ella, uno de los ayudantes de Falcioni comenzó a "ventilar" cosas que sucedían en la cocina del equipo. Claro, no se percató de que uno de los que estaban sentados era íntimo amigo de Marcelo "Chelo" Delgado.

El ayudante aseguró a bocajarro: "A este lo vamos a colgar, vas a ver que no juega contra All Boys". Casi de inmediato, el teléfono del Chelo sonó y ¿quien se enteró minutos después? Sí, Riquelme.

Claro, todo estalló. Ese Boca naufragó. Walter Erviti, el hombre por el cual Román fue "relegado" en aquel momento, no se adaptó y se notaba que entre el DT y el jugador estaba todo muy "mirame y no me toques". Pasó ese torneo, se retiró Martín Palermo y el equipo se fue a Brasil. Allí, en Curitiba, se da el segundo capítulo de la historia.

Se juntaron el DT y Román. Hablaron casi una hora de las diferencias. La forma de jugar, el preparador físico y el estar hablando por atrás fueron algunos de los tópicos de la charla. ¿La conclusión? "Yo no te jodo y vos no me haces quilombo a mí en los medios y en el vestuario", dijo Falcioni. Román aceptó, claro, el enganche sabía que le restaban seis meses para las elecciones y que uno de los candidatos no lo quería nada. Entonces, aceptó y se juramentó salir campeón. ¿Qué pasó? Román jugó 11 partidos y Boca fue campeón e invicto. Falcioni se afianzó en su cargo, sacó chapa y el Diez se aseguró su continuidad, justo en el primer semestre sin Palermo. ¿Todo solucionado? No, para nada.

El campeonato trajo una paz transitoria que ayer, cuando el diez dijo lo que dijo, se rompió. Román, en todo este tiempo, sumó quejas. La forma de jugar no le gusta, las limitaciones que el equipo exhibe para atacar le molestan y, además, sabe internamente que, jugando así, es imposible ganar la Copa Libertadores. De todas maneras también tiene temor. ¿Cuál? El quedar marcado frente al presidente del club, Daniel Angelici. Por eso, vivamente, le abrió las puertas de par en par al Villareal de España, donde gastó sus mejores cartuchos europeos.

Román siente que toda la creación del juego pasa por él, algo que quedó evidenciado con el Boca del verano. Además, le molesta que Walter Erviti, ya adaptado, no tome protagonismo, y no entiende por qué Falcioni pone siempre a los mismos jugadores, cuando muchas veces no rinden.

Así las cosas, lo único que asegura la paz falsa que hay entre el DT y el jugador son los resultados. Boca hoy empieza su competencia oficial, en la lejana Salta y contra el humilde Santamarina de rival. El diez estará en la cancha, el DT sentado en el banco. ¿Hasta cuándo? Solo los resultados mandan. Lo cierto es que, digan lo que digan, la relación entre Falcioni y Riquelme jamás cambió: siempre estuvo rota. Ideología, maneras de ver el juego y actitudes los separan. ¿Podrán los resultados seguir manteniendo todo en las sombras como hasta ahora?

 

“Hace 8 meses me hizo correr acá solo, como un boludo, cuando jugamos con All Boys”. Juan Román Riquelme, de la nada, sacó el talonario y le emitió factura “A”, “B” y “C” a Julio César Falcioni. El enganche podrá hacer que se olvida, pero recuerda todo. No le perdona esa muestra de poder que hizo el DT en aquel momento; desde ahí, le hizo la cruz. Ese hecho, sumado al “Palermismo” de Falcioni en su primer semestre en Boca, hizo que, casi de inmediato, el DT y el crack estuvieran en veredas opuestas.

Rock ‘N Ball te trae la historia que nadie contó ni tampoco contará, al menos por ahora. El relato de una relación quebrada, que se emparchó en la pretemporada en Brasil pero que nunca dejó de estar como al principio: rota. Para empezar, hay que ir a la ideología de ambos. Mientras Falcioni es el campeón mundial del juego no vistoso, a Román lo desvela el lirismo. Él es un lírico por naturales y en su mesa se sienten los Menotti, los Cappa o los Basile, jamás los Falcioni. Desde ahí, una gran diferencia.

Falcioni y Román, cada uno por su lado.

Para entender la historia hay que remontarse a donde el enganche viajó ayer. El 25 de febrero de 2011 pasó esto y Román se enteró de que no iba a estar frente a All Boys. Bah, en realidad ya lo sabía. ¿Cómo? Sí, según averiguó Rock ‘N Ball, una semana antes del choque frente los de Floresta hubo una comida. En ella, uno de los ayudantes de Falcioni comenzó a “ventilar” cosas que sucedían en la cocina del equipo. Claro, no se percató de que uno de los que estaban sentados era íntimo amigo de Marcelo “Chelo” Delgado.

El ayudante aseguró a bocajarro: “A este lo vamos a colgar, vas a ver que no juega contra All Boys”. Casi de inmediato, el teléfono del Chelo sonó y ¿quien se enteró minutos después? Sí, Riquelme.

Claro, todo estalló. Ese Boca naufragó. Walter Erviti, el hombre por el cual Román fue “relegado” en aquel momento, no se adaptó y se notaba que entre el DT y el jugador estaba todo muy “mirame y no me toques”. Pasó ese torneo, se retiró Martín Palermo y el equipo se fue a Brasil. Allí, en Curitiba, se da el segundo capítulo de la historia.

Se juntaron el DT y Román. Hablaron casi una hora de las diferencias. La forma de jugar, el preparador físico y el estar hablando por atrás fueron algunos de los tópicos de la charla. ¿La conclusión? “Yo no te jodo y vos no me haces quilombo a mí en los medios y en el vestuario”, dijo Falcioni. Román aceptó, claro, el enganche sabía que le restaban seis meses para las elecciones y que uno de los candidatos no lo quería nada. Entonces, aceptó y se juramentó salir campeón. ¿Qué pasó? Román jugó 11 partidos y Boca fue campeón e invicto. Falcioni se afianzó en su cargo, sacó chapa y el Diez se aseguró su continuidad, justo en el primer semestre sin Palermo. ¿Todo solucionado? No, para nada.

El campeonato trajo una paz transitoria que ayer, cuando el diez dijo lo que dijo, se rompió. Román, en todo este tiempo, sumó quejas. La forma de jugar no le gusta, las limitaciones que el equipo exhibe para atacar le molestan y, además, sabe internamente que, jugando así, es imposible ganar la Copa Libertadores. De todas maneras también tiene temor. ¿Cuál? El quedar marcado frente al presidente del club, Daniel Angelici. Por eso, vivamente, le abrió las puertas de par en par al Villareal de España, donde gastó sus mejores cartuchos europeos.

Román siente que toda la creación del juego pasa por él, algo que quedó evidenciado con el Boca del verano. Además, le molesta que Walter Erviti, ya adaptado, no tome protagonismo, y no entiende por qué Falcioni pone siempre a los mismos jugadores, cuando muchas veces no rinden.

Así las cosas, lo único que asegura la paz falsa que hay entre el DT y el jugador son los resultados. Boca hoy empieza su competencia oficial, en la lejana Salta y contra el humilde Santamarina de rival. El diez estará en la cancha, el DT sentado en el banco. ¿Hasta cuándo? Solo los resultados mandan. Lo cierto es que, digan lo que digan, la relación entre Falcioni y Riquelme jamás cambió: siempre estuvo rota. Ideología, maneras de ver el juego y actitudes los separan. ¿Podrán los resultados seguir manteniendo todo en las sombras como hasta ahora?