Ball

Crónica de una tarde negra: Así fueron los incidentes en Chaca-Atlanta

Es verdaderamente lamentable lo que ocurrió en San Martín entre el clásico de Chacarita y Atlanta. Todo falló, nada estuvo a la altura de las circunstancias y el desenlace no estuvo mucho más alejado de lo que todos los que estuvimos presentes en ese estadio sabíamos que podía ocurrir.

El trailer de venta de populares abrió recién a dos horas del comienzo del partido y teniendo en cuentas que en otros encuentros de menor relevancia se han vendido ticket el día anterior, la cosa parecía estar mal parida desde un comienzo.

La entrada al estadio no fue mucho más prolija que la compra de las entradas. Esperas interminables y gente agolpándose contra los escudos policiales que permitían un paso lento para la gran cantidad de público que acompaño al funebrero. Allí  y aún sin ingresar a la cancha se produjo una gresca entre hinchas y policías que intercambiaron piedrazos y balas de goma.

Cinco de la tarde y el pitazo inicial de Rapallini desata la fiesta digna de un comienzo de clásico, de un lado la multitud que acompaño al local, del otro un puñado de dirigentes y jugadores. Las aguas estaban más calmadas y los hinchas del funebrero se dedicaron a alentar a su equipo dejando atrás los inconvenientes del ingreso. De fútbol poco y nada, la hinchada metía presión para conseguir la victoria pero pocas ideas se llevaron un primer tiempo trabado y sin mucho lujo.

El segundo tiempo no tuvo diferencia al primero hasta que a los 53 minutos Lucas Mancinelli le pegó con firmeza y ante la salida de Tauber puso el 1 a 0. La furia de los hinchas de Chacarita no tardo en volver a hacerse sentir y los gritos de “A ver si ponen huevos que no juegan con nadie”, “Hoy van a cobrar jugadores”, “Me parece que Chaca no quiere ganar” fueron los hits del resto de la tarde hasta que Pena, que se paro de 9 sobre el final del partido, enganchó bien en el área y definió para el 1 a 1. Dentro de todo el resultado cerraba, la gente empezaba a recuperar la sonrisa y aquellos cantos violentos se transformaron en cargadas para el clásico rival.

Pero un condimento fundamental le faltaba a este clásico y fue la actuación cuasi payaseca de un referí que permitió de todo, que no tuvo la autoridad necesaria para dirigir un encuentro de esta categoría, y siendo aun mas curioso que la ida en Villa Crespo fue dirigida por el internacional Héctor Baldassi. Rapallini  el arbitro de la jornada anuló dos goles al conjunto local que generaron la ira incontenible de los hinchas. Con esto no quiero decir que debían darle los goles por válidos a Chacarita para evitar la violencia, pero si uno de esos tantos fue mal anulado era sabido que los inconvenientes no tardarían en llegar.

El final del partido fue uno a uno y el comienzo del infierno se daba en todos lados, la policía que no desalojo a la visita antes del fin del partido como acostumbra dio lugar a que un grupo minúsculo de hinchas cruce la cancha y entre a la tribuna visitante a agredir a aquellos que decían ser dirigentes pero que no perdieron las mañas del folklore futbolístico Argentino cuando Atlanta se puso en ventaja de hacerle gestos a la platea local.

En la calle la poca policía quería frenar el avance de más hinchas del Funebrero,  las balas de goma y las piedras volaban por doquier. Patrulleros quemados, aproximadamente diez detenidos, un dirigente visitantes internado y el árbitro agredido fue el saldo de este clásico que quedara en la memoria de todos los presentes.

Caos en San Martín que no deja más que un panorama desolador desde todo punto de vista. Desde el retrato de un barrio que muestra lo que quedó de una jornada de violencia en estado puro  hasta un equipo que aun estando tan comprometido con el descenso debe esperar ahora a ver que se define en las oficinas de Viamonte al 1366, el punto de debate es saber si el Funebrero obtendrá sanciones como las de Almirante o Chicago o tendrá la suerte de una “vista gorda” como la que tuvo River en su descenso.

Es verdaderamente lamentable lo que ocurrió en San Martín entre el clásico de Chacarita y Atlanta. Todo falló, nada estuvo a la altura de las circunstancias y el desenlace no estuvo mucho más alejado de lo que todos los que estuvimos presentes en ese estadio sabíamos que podía ocurrir.

El trailer de venta de populares abrió recién a dos horas del comienzo del partido y teniendo en cuentas que en otros encuentros de menor relevancia se han vendido ticket el día anterior, la cosa parecía estar mal parida desde un comienzo.

La entrada al estadio no fue mucho más prolija que la compra de las entradas. Esperas interminables y gente agolpándose contra los escudos policiales que permitían un paso lento para la gran cantidad de público que acompaño al funebrero. Allí  y aún sin ingresar a la cancha se produjo una gresca entre hinchas y policías que intercambiaron piedrazos y balas de goma.

Cinco de la tarde y el pitazo inicial de Rapallini desata la fiesta digna de un comienzo de clásico, de un lado la multitud que acompaño al local, del otro un puñado de dirigentes y jugadores. Las aguas estaban más calmadas y los hinchas del funebrero se dedicaron a alentar a su equipo dejando atrás los inconvenientes del ingreso. De fútbol poco y nada, la hinchada metía presión para conseguir la victoria pero pocas ideas se llevaron un primer tiempo trabado y sin mucho lujo.

El segundo tiempo no tuvo diferencia al primero hasta que a los 53 minutos Lucas Mancinelli le pegó con firmeza y ante la salida de Tauber puso el 1 a 0. La furia de los hinchas de Chacarita no tardo en volver a hacerse sentir y los gritos de “A ver si ponen huevos que no juegan con nadie”, “Hoy van a cobrar jugadores”, “Me parece que Chaca no quiere ganar” fueron los hits del resto de la tarde hasta que Pena, que se paro de 9 sobre el final del partido, enganchó bien en el área y definió para el 1 a 1. Dentro de todo el resultado cerraba, la gente empezaba a recuperar la sonrisa y aquellos cantos violentos se transformaron en cargadas para el clásico rival.

Pero un condimento fundamental le faltaba a este clásico y fue la actuación cuasi payaseca de un referí que permitió de todo, que no tuvo la autoridad necesaria para dirigir un encuentro de esta categoría, y siendo aun mas curioso que la ida en Villa Crespo fue dirigida por el internacional Héctor Baldassi. Rapallini  el arbitro de la jornada anuló dos goles al conjunto local que generaron la ira incontenible de los hinchas. Con esto no quiero decir que debían darle los goles por válidos a Chacarita para evitar la violencia, pero si uno de esos tantos fue mal anulado era sabido que los inconvenientes no tardarían en llegar.

El final del partido fue uno a uno y el comienzo del infierno se daba en todos lados, la policía que no desalojo a la visita antes del fin del partido como acostumbra dio lugar a que un grupo minúsculo de hinchas cruce la cancha y entre a la tribuna visitante a agredir a aquellos que decían ser dirigentes pero que no perdieron las mañas del folklore futbolístico Argentino cuando Atlanta se puso en ventaja de hacerle gestos a la platea local.

En la calle la poca policía quería frenar el avance de más hinchas del Funebrero,  las balas de goma y las piedras volaban por doquier. Patrulleros quemados, aproximadamente diez detenidos, un dirigente visitantes internado y el árbitro agredido fue el saldo de este clásico que quedara en la memoria de todos los presentes.

Caos en San Martín que no deja más que un panorama desolador desde todo punto de vista. Desde el retrato de un barrio que muestra lo que quedó de una jornada de violencia en estado puro  hasta un equipo que aun estando tan comprometido con el descenso debe esperar ahora a ver que se define en las oficinas de Viamonte al 1366, el punto de debate es saber si el Funebrero obtendrá sanciones como las de Almirante o Chicago o tendrá la suerte de una “vista gorda” como la que tuvo River en su descenso.