Llegó el fin de este 2011, un año muy importante para Boca que terminó consagrándose campeón invicto del Torneo Apertura, un título para volver a creer luego de tres años sin festejos. Además, abrochó su clasificación a la Copa Libertadores, competición que no disputaba desde el 2009, cuando quedo eliminado por Defensor Sporting de Uruguay.
Luego de un mal semestre, Jorge Ameal decidió jugarse una de sus últimas fichas y apostó fuerte para contratar como entrenador a Julio César Falcioni, una decisión arriesgada pensando en que el perfil defensivo del técnico no encuadraba del todo en el juego de Boca, siempre dependiente de lo que podía hacer Riquelme.

A la llegada del Emperador, se le sumaron las incorporaciones de Diego Rivero, Leandro Somoza y Walter Erviti; para formar un mediocampo completamente nuevo y de mucha calidad. Por otro lado, Medel, Méndez, Escudero, Giménez y Cañete; abandonaban la institución en busca de nuevos horizontes.
El ciclo del ex técnico de Banfield comenzaba de la mejor manera, su Boca era un equipo letal y sólido en los distintos torneos de verano, y ya se hablaba de comparaciones con el histórico equipo comandado por Carlos Bianchi. Un mediocampo sin la figura de Riquelme, compuesto por Rivero y Somoza en el doble cinco y Chávez con Colazo por las bandas; era lo mejor de ese Boca versión verano que tantos elogios generaba entre propios y extraños.
Pero en la semana previa al debut frente a Godoy Cruz por el Torneo Clausura, Falcioni cambiaba aquel equipo que tan buen funcionamiento tenia y plantaba un equipo muy diferente. Battaglia, Somoza y Erviti integraban la mitad de la cancha, y Riquelme sería el clásico enganche del equipo. Mucha ilusión generaba la nueva sociedad compuesta por Erviti y Román. Pero el partido con Godoy Cruz opacaba aquel nivel del verano. Godoy Cruz goleaba al Xeneize por 4-1 en la Bombonera y el debut era todo lo contrario a lo que pasaba por la cabeza de Julio César y todos los hinchas.
A la siguiente fecha, victoria importante ante Racing sin Román en Avellaneda con gol de Mouche y esos tres puntos generaban la primera polémica en el ciclo del Emperador. Se venía All Boys y el D.T tomaba la decisión de “cuidar” a Riquelme y no hacerlo concentrar para que se ponga al %100 en lo físico.
Un empate y tres derrotas consecutivas hacían tambalear el liderazgo de Falcioni, pero ante Colón en Santa Fe, Riquelme volvía a ser titular y le daba la victoria a su equipo con un tremendo tiro libre sobre el final para calmar un poco las aguas. Luego de eso, el 10 clavaba otro tiro libre frente a Estudiantes y Boca conseguía nuevamente los tres puntos derrotando al pincha por 2-1. El ídolo de Boca comenzaba a ganarse el respeto de Falcioni y ya daba muestras de ser el as de espadas de su equipo.
Difícil de creer que la derrota frente a Lanús en el Sur al siguiente partido iba a ser la última de Boca hasta este momento. 6 empates y 4 victorias, incluida la victoria en el superclásico por 2-0, iba a ser el final de un campeonato no tan mal visto que iba a tener la despedida del fútbol de Martín Palermo como hecho más importante. Vélez Sarsfield sería el ganador y River perdía la promoción ante Belgrano para descender a la B Nacional por primera vez en su historia.

Pensando en el Torneo Apertura, Falcioni pedía un arquero y un defensor con voz de mando para acomodar algunos errores defensivos que no lo dejaban dormir tranquilo. La dirigencia le daba los gustos al entrenador, y Orión y el Flaco Schiavi se transformaban en nuevos jugadores de Boca para ir en busca del título. Además, Boca incorporaba a Franco y Sebastián Sosa, y a Darío Cvitanich, otro de los puestos que necesitaba reforzar. Por otro lado, Roncaglia y Gracián retornaban de sus préstamos, y Lucchetti, Monzón, Javier García, Calvo, Cellay y Noir se iban del club.
Falcioni basó su juego en armar una sólida estructura defensiva y Boca empezaba con un empate en 0 ante Olimpo en Bahía Blanca que ponía sorprendentemente en la cuerda floja a J.C Falcioni. “En caso de que nos vaya mal con Unión, creo que nos deberíamos reunir toda la comisión directiva con el cuerpo técnico y buscar un plan B, para ver cómo podemos modificar la situación. Estoy seguro que vamos a salir de esta situación porque tenemos plantel, pero tampoco vamos a dormirnos en los laureles porque sino se pasan los partidos”, declaraba Juan Carlos Crespi, Vice de Boca, previo al encuentro frente a Unión en la Bombonera.

Sin embargo, luego de una semana caliente, Boca goleaba 4-0 a Unión y José Beraldi salía a aclarar que lo del plan B no era cierto. El conjunto de la ribera era cada vez más sólido, la presencia de Orión, el gran nivel de toda la defensa, y un buen funcionamiento de todo el mediocampo; eran los pilares de un Boca que se prendía en la pelea por el título compitiendo con Racing, Lanús, y el sorprendente Atlético Rafaela.
Precisamente frente a Lanús, en la séptima fecha, Boca jugaría uno de los mejores partidos del campeonato derrotando al Granate por 2-1 y consiguiendo alejarse en la punta. Riquelme alternaba partidos con un Pochi Chávez que, en gran nivel, hacía olvidar un poco al diez. Erviti se consolidaba en la mitad de la cancha, y era el socio ideal de Clemente a la hora de realizar los relevos para las subidas del lateral. En el ataque, Cvitanich y Viatri tenían un gran nivel, y además Pablo Mouche esperaba en el banco e ingresaba siempre mostrando cosas interesantes.
La fecha 11 significaría un quiebre en el camino de Boca hacia el título, igualaba 0-0 contra Belgrano pero sufría la perdida de Lucas Viatri y Juan Román Riquelme. El delantero se rompió los ligamentos cruzados en su rodilla izquierda y se perdía el resto del Apertura, y Román se resentía de su dolencia en el tobillo izquierdo y le dejaba el puesto a Chávez.

Pero en la siguiente fecha frente a Colón en Santa Fe, aparecería un jugador que no estaba en los planes al principio de la temporada para darle una importante victoria al equipo de Falcioni. Nicolás Blandi metía un doblete y el puntero conseguía una victoria por 2-0. Otros dos goles ante Rafaela para la victoria por 3-1, hacían olvidar el mal trago dejado por la dura lesión de Viatri y transformaban a Blandi en el impensado goleador del equipo.
El empate ante Racing en la fecha 15 por 0-0, en un partido clave más para los dirigidos por Simeone que para Boca, encaminaba al Xeneize hacia un nuevo título. La victoria en Mendoza ante Godoy Cruz por 2-1 dejaba a un punto de la consagración a los dirigidos por Falcioni, y justamente Banfield iba a ser el próximo rival con el que Boca iba a sellar la obtención del torneo.

En un domingo importantísimo, no solo por la posibilidad de conseguir el título, sino también porque era un día de elecciones, Boca goleaba por 3-0 a Banfield y se consagraba campeón luego de tres años. Además, Daniel Angelici era elegido como nuevo presidente en una elección con récord de votantes: casi 25 mil socios.
Un empate ante Arsenal, y la victoria final ante All Boys, cerraron un torneo tremendo para Boca, el primero sin contar con la presencia de su eterno rival. Con 12 victorias y 7 empates, y tan solo 6 goles en contra, lo que demuestra el gran trabajo de Orión y toda la defensa comandada por el Flaco Schiavi. Como la frutilla del postre, la vuelta a una Copa Libertadores luego de dos años, cierra un año más que positivo, un año que servirá, seguramente, para volver a creer…




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