Por Javier Hernán García
Es difícil entender el Argentina – Inglaterra solo como un partido de fútbol. Partimos de la base que a nosotros nos faltan 649 hinchas (más otros que eligieron el camino del suicidio por no poder cargar lo que quedó de ellos). Entonces, ya no se puede hablar solo de fútbol. Las Malvinas son Argentinas. Y no vamos a soltar. Ese es el reclamo por nuestra soberanía, es el reclamo por nuestra tierra y por nuestros héroes, que sin armas, sin comida, con frío y con miedo, pero con inquebrantable valentía lucharon contra el imperio. Entonces. ¿Cómo va a ser solo un partido?
Los ingleses son nuestra Nemesis en una forma profunda y visceral. Hablando solo de fútbol, quizás Brasil también ocupe ese lugar, pero el enfrentamiento, la distancia, las ganas de ganarlo arrancan lejos del verde césped, por más que se diriman en él. Además, al fútbol podemos ganarles. Tenemos las mismas armas – o mejores- que ellos y no habrá ninguna vieja de mierda que cometa un acto cobarde y sin valentía alguna para inclinar la balanza. Como dijo Sacheri, a nosotros, los argentinos, nos queda ganarles en la cancha. No tenemos un imperio, no somos colonizadores y no celebramos cobardes hundimientos. Lo que sí tenemos son dos huevos gigantes, una memoria que cultivamos día a día de manera colectiva y la obligación de salir a la cancha y hacer lo mejor por nuestra bandera. Como lo hicieron nuestros héroes, como lo van a hacer nuestros jugadores. El rival es el mismo, las armas son otras, la guerra – esta vez- es solo futbolística pero, otra vez – y que nadie se confunda- es guerra.
Por nosotros, que hace 40 años esperamos este Partido. NUESTRO partido. Por aquellos sueños que se hundieron allá y alientan desde las plateas más altas, por cada argentino que salta porque no es inglés y porque conserva el deber de la memoria desde que somos muy chiquitos. Por todo eso, el miércoles hay que ganar. Esta selección ya fue campeona del Mundo, ya ganó una final en el Maracaná, ya salió campeón más de una vez y nos sigue dando alegrías. No tenemos derecho a pedirles más, pero acá vamos: gánenle a Inglaterra. Por ustedes, por nosotros, por la historia.
Gánenle a Inglaterra, por la Malvinas, por el Diego. Por la última de Leo. Por nuestra memoria. Por nuestros pibes. Por esta bandera que es tan hermosa que aparece pintada en todos los cielos del mundo, incluso el de ellos. Quizás por eso nos vinieron a robar algo que es nuestro, porque el cielo jamás lo van a poder colonizar y el cielo, -Ja!- el cielo es celeste y blanco como las banderas que flamean en Darwin, como las que flamearon en el Azteca, como las que ondearon en Saint-Éttiene, como las que ya están preparándose para estar en Atlanta. Celeste y Blanco, del color del cielo. Celeste y blanco, como mi corazón. Gánenles, por favor. Al menos yo, es lo último que les pido, lo último que te pido Messi. Un último Baile, contra los que nunca te vieron aún danzar. Una última hazaña, para soñar con otra copa, si. Pero también para estar en paz con nuestros recuerdos, nuestros muertos y nuestra memoria. ¡Vamos, Argentina!





