A partir de acá, tenemos en mano lo que pareciera ser un disco con muchas expectativas. Pero sería un error, por lo menos periodístico, hablar de Artaud sin decir… quién fue. Antonin Artaud (1896 – 1948) fue un poeta, ensayista, actor y dramaturgo francés que exploró diferentes géneros literarios y ahondó profundamente en el teatro; de hecho, se lo conoce como el creador del teatro de la crueldad.

A raíz de un temprano ataque de meningitis, tendría a lo largo de su vida un temperamento nervioso, dolores físicos constantes y un nivel de paranoia severo. Esto derivó en que el hombre pasara buena parte de su vida dentro de sanatorios mentales, siendo el más famoso el período entre 1937 y 1946 que vive en El Havre, Villefuij y Rodez.


Enmarcado en el surrealismo –y esto no es un dato menor –, editó un buen número de obras; entre ellas, dos de las cuales influyeron en lo que más tarde se concretaría en la placa: “Heliogábalo o El Anarquista Coronado” (1934) y “Van Gogh, el suicidado por la sociedad” (1947), siendo el último el cual llevó a nuestro cantautor a leer las “Cartas a Theo”, del propio Vincent Van Gogh. Si por ahí tuviéramos que trazar un cierto paralelismo entre Artaud y el propio Van Gogh, podríamos decir que ambos terminaron atosigados con la locura a cuestas, desgarrados, desesperados y sustraídos de toda salida. Ambos tienen un final infeliz para sus vidas, y eso se distingue en sus obras finales, no por casualidad las mencionadas anteriormente.

A continuación, trataré de explicar en breves –tal vez muy breves – palabras, de lo que trata cada uno de los tres textos mencionados para dar una idea acerca de qué estamos hablando.

  • Heliogábalo o El Anarquista Coronado: Revisando e historiografiando la vida de Sixtus Varius Avitus Bassiansus, también llamado El-Gabal o Heliogábalo, como lo conocemos todos, Artaud saca a relucir cuestiones como la disyuntiva e importancia entre de los géneros masculino y femenino, el sexo, los dioses, todo desde una violencia verbal –antigua, no contemporánea – y espiritual profunda hasta un final donde tiran a Heliogábalo a las letrinas de la ciudad, sangrando.  Revela también, de una interesante forma, la relación entre lo que es el tirano y la anarquía, pero no anarquía como se la entiende en el inconsciente colectivo, sino en el sentido de la unidad de las cosas. Cito textual: “Ese monoteísmo […] esa unidad de todo que entorpece el capricho y la multiplicidad de las cosas, [es] lo que yo llamo anarquía. Poseer el sentido de la unidad profunda de las cosas es poseer el sentido de la anarquía […] para reducir las cosas llevándolas a la unidad. Quien posee el sentido de la unidad posee el sentido de la multiplicidad de las cosas”.
  • Van Gogh, el suicidado por la sociedad: Aquí Artaud no sólo ensalza y enaltece a Van Gogh a partir de su visión del mundo mediante sus cuadros, sino que destroza a todos los psicólogos y psiquiatras –que él también tan bien conocía – que intentan rebajar a Vincent y “curarlo” para transformarlo en alguien ‘normal’, cuando en realidad no habían podido ver el genio que había tras él. Desde el título (¿un guiño a Durkheim?) apunta a que es la propia sociedad la que termina empujando al pintor al suicidio, por incomprensión, por subestimación, por negación: no hay un culpable puntual, pero la víctima sí lo es, y en este caso, un genio es el que sucumbe.
  • Cartas a Theo: Un libro que no nació como tal, sino que es una recopilación de las cartas que le fue mandando Vincent a su hermano Theo a lo largo de casi 20 años, entre las cuales el pintor va moviéndose por Londres, París, Holanda; pintando y ejerciendo actividades bajo religión. A pesar de la notable decadencia que testimonia el propio Van Gogh, es también notable ver ciertos comentarios sobre la vida y el profundo sentimiento humano que él mismo le imprime –sacando el genio aparte.

Pero no nos engañemos: si bien Spinetta se vio shockeado por estas obras, no se basó en ellas a la hora de construir su hijo musical, sino que fue una contestación a dicha desesperación humana, tan viva, tan carnal. En palabras del propio Flaco: “…en ningún momento tomé sus obras como punto de partida. El disco fue una respuesta –insignificante tal vez – al sufrimiento que te acarrea leer sus obras. La idea del álbum era exponer la posibilidad de un antídoto contra lo que opinó Artaud […] Para él la respuesta del hombre es la locura; para Lennon es el amor. […] Pero hay algo claro: no podemos jugar a ser Artaud”.

luisartaud1973

Está más claro que el aire. Aunque lo más emocionante sin lugar a dudas es cómo alguien puede salir vivo de todas esas sensaciones oscuras y proyectar un sentimiento tan sublime hasta el elixir de la sutileza. Eso forma parte de una profunda creencia a lo que a veces pocos se atreven. Para dejarlo más en firme aún: “…en ‘Artaud’ conseguí la primera liberación de cosas. Me di cuenta de que tuve mi propio Rodez, así como lo tuvo él, lo tuve a mi medida. En ese álbum, cuando empecé a manejar ese material, empecé a creer en la posibilidad de un antídoto, en el cual creo perfectamente. El antídoto al sufrimiento, el antídoto al art nouveau, al art decó, a la moda, a la paja, a las drogas, el antídoto a la promiscuidad sin sentido.

Para cerrar esta parte, quisiera dejar el manifiesto que Luis escribió presentó el disco en vivo, como respuesta también a lo sufrido en aquellos –y estos – días. Se llama “Rock, música dura: la suicidada por la sociedad

Son tantos los matices que comprenden la actitud creativa de la música local – entendiendo que en esa actitud existe un compromiso con el momento cósmico humano–, son tantos los pasos que sucesivamente deforman los proyectos, incluso los más elementales como ser mostrar una música, reunir mentes libres en un recital, producir en suma algún sonido entre la maraña complaciente y sobremuda que:

EL QUE RECIBE DEBE COMPRENDER DEFINITIVAMENTE QUE LOS PROYECTOS EN MATERIA DE ROCK ARGENTINO NACEN DE UN INSTINTO.

Por lo tanto: el Rock no le concierne a ciertas músicas que aparentemente INTUIDAS POR LAS NATURALEZAS DE QUIENES LAS EJECUTAN siguen guardando una actitud paternalista, tradicional en el sentido enfermo de la tradición, formulista, mitómana, y en la última floración de esta contaminación, sencillamente “facha”.

Sólo en la muerte muere el instinto.

Por lo tanto, si éste se mantiene invariable, adjunto a la condición humana a la que necesitamos modificar para reiluminarnos masivamente, quiere decir que tal instinto es la vida.

El Rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía.

Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso.

El Rock muere sólo para aquellos que intentaron siempre reemplazar ese instinto por expresiones de lo superficial, por lo tanto lo que proviene de ellos sigue manteniendo represiones, con lo cual sólo estimulan “EL CAMBIO” exterior y contrarrevolucionario.

Y no hay cambio posible entre opciones que taponan la opción de la liberación interior.

El Rock no ha muerto

En todo caso, cierta estereotipación en los gustos de los músicos debería liberarse y alcanzar otra luz. El instinto muere en la muerte, repito. El Rock es el instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso. Si se habla de muerte se habla de muerte, si se habla de vivir, VIDA.

Más vale que los rockeros, cualesquiera sean sus tendencias (entre las cuales dentro de lo que se entiende por instinto de Rock no hay mayores contradicciones) jamás se topen con los personajes hijos de puta demonios colaterales del gran estupefaciente de la represión que pretende conducirnos por el camino de la profesionalidad.

Porque en esa profesionalidad se establece –y aquí entran a tallar todas las infinitas contusiones por las que se debe pasar hasta llegar a dar un juego que contradice a la liberación, que pudre el instinto, que modifica como un cáncer incontenible la piel original de la idea creada hasta hacerla, en algunos casos, pasar a través de un tamiz en el que la energía totalizadora de ese nuevo lenguaje abandona la sustancia integral que el músico dispuso por instinto en su momento de crear, y luego esa abortación está presente en los escenarios, en la afinación, hasta en la imagen exterior del mensaje cuando por fin se hace posible verlo.

Tengo conciencia de que el público ve esta debilidad y no se libera: sufre.

Luego esta ausencia de totalidad, esa parcialidad, es el negocio del Rock.

El negocio del cual viven muchos a costa de los músicos, poetas, autores, y hombres creativos en general.

O sea, esta difamación de proyectos sólo adquiere relieve en esa “ganancia” que representa haber ejecutado el negocio, y solamente en ese nivel hay una aparente eficacia.

Es la parcialidad de pretender que algo que es de todos termina en definidas cuentas en manos de aquellos bastardos de siempre.

Este mal, por último rebote, cae nuevamente en la nuca de los músicos, y los hace pelota.

Luego de participar del juego, son muy pocos los que aún permanecen con fuerzas para impedir la trampa al repetir una y otra vez el juego mediante el cual expresarse, o simplemente arriesgar en el precipicio de la deformación un mensaje que por instintivo es puro y debería llegar al que lo recibe tal cual nació.

Este juego pareciera ser el único posible (hay mentalidades que nos fuerzan a que sea así).

Lo importante es que hay otros caminos.

Luego de haber caído tantas veces antes de ejecutar esa caída final, parábola definitiva en la que se cierran los cerebros para no amar ni dar, hay muy pocos músicos que pueden seguir conservando ese instinto.

DENUNCIO SIN EL LíMITE DE LA DENUNCIA

A LO QUE NO RECIBE DENUNCIA

A LO QUE LA DENUNCIA TRASPASA

A ALGO PEOR QUE LA DENUNCIA.

Denuncio a los representantes y productores en general, y los merodeadores de éstos sin excepción, por indefinición ideológica y especulación comercial.

Ya que estos no se diferencian de los patrones de empresa que resultan explotadores de sus obreros.

O sea, por ser los engranajes de un pensamiento de liberación a quienes no les interesa que toda la pieza se mueva, dado que al producirse el más mínimo movimiento, serían los primeros en auto reprimirse y dejarían por tanto de participar en la cosa.

Denuncio a ciertas agrupaciones musicales que se alimentan con esas mentalidades no libres, a pesar de contar con el apoyo del público de mente libre.

Denuncio a otros grupos musicales por repetitivos y parasitarios, por atentar contra la música amplia y desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas de otras músicas que son tan importantes como las que ellos no se atreven a crear ni sentir.

Denuncio a los tildadores de lo extranjerizante, porque reprimen la información necesaria de músicas y actitudes creativas que se dan en otras partes del planeta, y porque consideran que los músicos argentinos no pueden identificarse con sentimientos hoy día universales.

Además es de prever que si estos señores desconocen que la Argentina provee a su música nuevos contenidos nativos, ellos mismos están minimizando la riqueza de una creación local apenas florecida.

Denuncio a otras mentalidades por elitistas y pronosticadoras del suceso de la muerte de algo que por instintivo no puede morir antes de la vida misma.

Denuncio a las editoriales “fachas” por distribuir información falsa en sí misma, y por deformar la información verdadera para hacerla coincidir con las otras mentalidades a las que denuncio.

Denuncio a los participantes de toda forma de represión por represores y a la represión en sí por atañer a la destrucción de la especie.

Denuncio finalmente a mi yo enfermo por impedir que mi centro de energía esencial domine este lenguaje al punto que provoque una total transformación en mí y en quien se acerque a esto.

El rock, música dura, cambia y se modifica, en un instinto de transformación.