Rock

Ahora sí: Pato Fontanet recobró su libertad

El ex líder de Callejeros y actual voz de "Don Osvaldo" salió en libertad luego de purgar casi 4 años, en dos etapas, en prisión. Fontanet era el último detenido de los músicos de la banda por la tragedia de "Cromañón". Cronología de una injusticia propiciada por una Justicia influenciable y que no tiene problemas para dormir.

Luego de 3 años y casi 9 meses, Patricio Rogelio Santos Fontanet, finalmente, está en libertad. El ex líder de Callejeros, actual voz de “Don Osvaldo”, cumplió su condena en dos partes. Primero, un año y 8 meses, entre el 20 de diciembre de 2012 y el 6 de agosto de 2014. Luego, dos años y algunos días, entre el 6 de abril de 2015 y este 2 de mayo de 2018. En el medio, la vida. En el medio, todo.

Cambió el nombre de su banda de “Casi Justicia Social” a “Don Osvaldo”, recibió visitas de destacadas personalidades de los DDHH, como Estela de Carlotto y Guido Carlotto, ex Secretario del área en la Provincia de Buenos Aires, lo visitaron también el periodista Víctor Hugo Morales, el actual DT de la Selección Argentina, Jorge Sampaoli y varios músicos, en especial de “Ojos Locos” y “Gardelitos”, dos de las bandas que más fieles estuvieron a la causa que pedía primero por su inocencia, y cuando la Justicia agotó las instancias, por su libertad. Incluso, su Santidad, el Papa Francisco, le hizo llegar un rosario.

En el medio, la vida. Nació Homero, el hijo que tuvo con Estefanía Miguel. El que vio cada vez que lo fue a visitar a Ezeiza y en cada una de las salidas transitorias que pudo realizar. Casi que grabó un disco a la sombra, con encuentros cada dos semanas con Cristian Eleazar Torrejón, el bajista de Callejeros y su entrañable amigo, que recobró su libertad hace no mucho.

Patricio Santos Fontanet ya pagó el karma de esta vida y de las que vendrán. En 2009, fue absuelto junto a los otros músicos de Callejeros y al manager Diego Argarañaz por el Tribunal Oral en lo Criminal N 24 en el único procedimiento justo que se realizó por Cromañón, ya que llevó muchos años, escuchó a más de 300 testigos y sacó su conclusión en base a eso. Luego, en 2012, más precisamente el 20 de diciembre, Pato y los anteriormente absueltos fueron condenados por la Sala III de Casación Penal, en medio de un fallo arbitrario que sólo tomó en cuenta la temperatura de la opinión pública para cambiar un fallo sin apoyarse nada sustentable que lo justifique.

Pato fue alojado, primero, en Córdoba. Sufrió un brote psicótico al conocer la noticia. Podría cumplir su condena en una cárcel común de Córdoba o en una clínica psiquiátrica del estado. Primó la segunda opción, hasta que 9 de abril de 2013, momento que la Justicia, otra vez influenciable a las presiones, consideró que era oportuno el traslado al Penal de Ezeiza, dónde estaban los otros músicos de Callejeros y el ex mánager. Pato llegó a Ezeiza y allí estuvo hasta el 6 de agosto de 2014, momento en que recuperó su libertad, debido a que la Corte Suprema de Justicia activó el criterio del “Doble Conforme”, que señala que para que un fallo quedé firme deben existir dos sentencias del mismo tenor, algo que no ocurrió en Cromañón, ya que la sentencia del TOC 24 fue absolutoria y la de la Cámara de Casación condenatoria. La SCNJ también dio corrimiento a una nueva Sala de la Cámara de Casación para que resuelva.

Durante sus días en libertad, salió “Casi Justicia Social”, el primer y hasta ahora único disco de “Don Osvaldo” y el músico pudo volver a los escenarios de todo el país, sin tocar en Buenos Aires ni demasiado cerca. Haciendo base en Córdoba, “Don Osvaldo” incluso estuvo presente en las edición 2016 del Cosquín Rock, siendo uno de los números más convocantes, y pese a ya tener sobre sus espaldas el revés judicial de la Cámara de Casación, que el 21 de septiembre de 2015 ratificó la pena, que su similar había impuesto en 2012. Pato y Dios se entregaron el 6 de abril de 2016 en sede judicial y , desde ese momento, permanecieron detenidos.

“Dios” dejó la cárcel de Ezeiza el pasado 18 de julio de 2017 y ahora, Pato siguió sus pasos. La voz de toda una generación de “Rock Chabón”, que creó una vertiente en el rock nacional “El rock Callejero” recuperó la libertad tras 3 años y casi 9 meses. Seguramente, Pato “financió con dolor la vida hermosa que le queda por vivir”. En el medio, otros actores de la causa, no sólo que no vieron alterada su vida normal, si no que hasta volvieron a ganar un escaño en la Legislatura porteña. Mientras, los músicos fueron condenados, no una, si no dos veces.

Algunos dicen que “no se hicieron cargo” de lo ocurrido, cuando fueron los únicos que se quedaron en medio de la tragedia asistiendo a la gente, metiéndose a las entrañas de Cromañón a sacar chicos y chicas, cuando ni los Bomberos lo hacían sin pensar, por no contar con el equipo adecuado. Mientras Omar Chabán huyó raudo y Aníbal Ibarra se reunía con los empresarios de la “noche” para trazar un plan de contingencia porque las coimas, las corruptelas y las pésimas condiciones en que funcionaban varios lugares en la Ciudad iban a quedar en evidencia, con los medios revoloteando por ahí. Como las moscas revolotean sobre la mierda. Como revolotearon sobre Pato y los músicos hasta convertirlos en asesinos, borrar su rótulo de sobrevivientes y transformarlos en victimarios.

La sociedad toda asistió a la construcción de una culpabilidad, en vivo, y por todos los canales de información habidos y por haber. La culpabilidad de Patricio se construyó, artículo a artículo, nota a nota, tildando de fanático a toda voz que se alzara a favor de su inocencia, con golpes bajos , con historias de vida de las víctimas, con madres llorando en el prime-time y pidiendo la cárcel para Callejeros mientras por atrás se daban la mano con el poder de turno para no salpicarlo.

Pero, como canta Callejeros, “las cuentas las vas a rendir acá” y será cuestión de esperar que el andar acomode las sandías en los carros. Por lo pronto, nadie le devolverá a Pato los años privado de su libertad, donde vio el nacimiento de su hijo a distancia  y la muerte de su padre de igual manera. Pero tampoco nadie podrá o debería poder controlar o adueñarse de todo lo que hay por delante para él y para su nervio artístico que, por suerte, jamás dejó de latir.