Ball

Gimnasia en llamas

La soberbia de Héctor Delmar y la inoperancia de su hija, Graciela, están condenando de a poco a Gimnasia al peor destino. El presidente lleva la bandera del "por mí están ustedes" y, así, les responde a aquellos dirigentes que piensan distinto o tienen ganas de ayudar desde otro lado. Esos mismos dirigentes estuvieron en la lista que ganó con él. [caption id="attachment_24717" align="aligncenter" width="362" caption="En febrero este trío parecía inseparable ¿hoy?. Guillermo pidió hablar con los dirigentes."][/caption] Los últimos diez días en Gimnasia fueron desgastantes en todo sentido. No solo desde lo futbolístico,  sino desde lo dirigencial. Los socios tomaron la Sede en protesta a la localía (con River el Lobo jugó en el Estadio Ciudad de La Plata y casi lo hace con Newell´s también), el presidente del Club recibió amenazas y casi todos los dirigentes e hinchas piden la cabeza de su hija. En este momento, hay una reunión de Comisión Directiva en busca de paz: ayer renunció el tesorero, Carlos Flores, y el pro tesorero, Juan Ignacio Supera. Además, se esperaba la renuncia del vicepresidente y la de diez dirigentes más. Todos están en desacuerdo con los manejos inadecuados que tiene la hija de Delmar, encargada del catering y vocal. Gimnasia no tiene para pagar sueldos pero los jugadores comen salmón. Por lo que pudo averiguar Rock ´N Ball en una de las últimas cenas, un jugador dijo: "Dejen de dar salmón y paguen los sueldos". En ese pedido coincide la mayoría de la CD, menos Delmar y familia. Juan Ignacio Supera era una de las personas que más trabajaba en Gimnasia, ya que no sólo era pro tesorero sino que también estaba involucrado en la Sub Comisión de Marketing y, si hacía falta algo, también colabora con el predio que la entidad posee en la localidad de Abasto, Estancia Chica. El que puso el grito en el cielo al enterarse de estas internas fue Guillermo Barros Schelotto. El hijo prodigo del club platense le dijo a los que renunciaron, y a los que pretendían renunciar, "que se dejen de romper las pelotas", literalmente. Gimnasia necesita un club unido, y más en este momento institucional y deportivo. [caption id="attachment_24718" align="aligncenter" width="320" caption="La vieja sede de Gimnasia. Hoy sin nada. Cuando los socios tomaron la sede dejaron su marca:"Quiero jugar en el Bosque"."][/caption] Lo que el Mellizo no sabe, o por lo menos hace que no sabe, es que Graciela Delmar no sólo hace escandalosos platos para los jugadores (de más está decir que a eso lo paga el club) sino que también pide cosas de más para llevárselas a su casa (no se lleva Blackberrys como Walter Gisande y compañía pero le pasa cerca). Vale recordar  a los hinchas que cuando Héctor Delmar dejó la presidencia en 1998, se fue por la puerta de atrás y con su hija muy mal vista. Daniel Papasodaro, candidato de Juan José Muñoz, admitió estar a disposición de Delmar en todo lo que fuese necesario. El presidente aceptó su colaboración y, en principio, se juntarían esta semana. Nadie sabe qué pasará de aquí en adelante en Gimnasia. Tampoco cuánto tardará en explotar otra bomba. Lo único que se sabe es que en la Sede de calle 4 nadie suma: ni Delmar, ni su familia, ni el resto. Pelearse entre sí a esta altura del partido no hace mucho más que tirar más leña al fuego, lo que hace que Gimnasia se debilite y esté cada vez más cerca del abismo.

La soberbia de Héctor Delmar y la inoperancia de su hija, Graciela, están condenando de a poco a Gimnasia al peor destino. El presidente lleva la bandera del “por mí están ustedes” y, así, les responde a aquellos dirigentes que piensan distinto o tienen ganas de ayudar desde otro lado. Esos mismos dirigentes estuvieron en la lista que ganó con él.

En febrero este trío parecía inseparable ¿hoy?. Guillermo pidió hablar con los dirigentes.

Los últimos diez días en Gimnasia fueron desgastantes en todo sentido. No solo desde lo futbolístico,  sino desde lo dirigencial. Los socios tomaron la Sede en protesta a la localía (con River el Lobo jugó en el Estadio Ciudad de La Plata y casi lo hace con Newell´s también), el presidente del Club recibió amenazas y casi todos los dirigentes e hinchas piden la cabeza de su hija.

En este momento, hay una reunión de Comisión Directiva en busca de paz: ayer renunció el tesorero, Carlos Flores, y el pro tesorero, Juan Ignacio Supera. Además, se esperaba la renuncia del vicepresidente y la de diez dirigentes más. Todos están en desacuerdo con los manejos inadecuados que tiene la hija de Delmar, encargada del catering y vocal.

Gimnasia no tiene para pagar sueldos pero los jugadores comen salmón. Por lo que pudo averiguar Rock ´N Ball en una de las últimas cenas, un jugador dijo: “Dejen de dar salmón y paguen los sueldos“. En ese pedido coincide la mayoría de la CD, menos Delmar y familia.

Juan Ignacio Supera era una de las personas que más trabajaba en Gimnasia, ya que no sólo era pro tesorero sino que también estaba involucrado en la Sub Comisión de Marketing y, si hacía falta algo, también colabora con el predio que la entidad posee en la localidad de Abasto, Estancia Chica.

El que puso el grito en el cielo al enterarse de estas internas fue Guillermo Barros Schelotto. El hijo prodigo del club platense le dijo a los que renunciaron, y a los que pretendían renunciar, “que se dejen de romper las pelotas“, literalmente. Gimnasia necesita un club unido, y más en este momento institucional y deportivo.

La vieja sede de Gimnasia. Hoy sin nada. Cuando los socios tomaron la sede dejaron su marca:"Quiero jugar en el Bosque".

Lo que el Mellizo no sabe, o por lo menos hace que no sabe, es que Graciela Delmar no sólo hace escandalosos platos para los jugadores (de más está decir que a eso lo paga el club) sino que también pide cosas de más para llevárselas a su casa (no se lleva Blackberrys como Walter Gisande y compañía pero le pasa cerca). Vale recordar  a los hinchas que cuando Héctor Delmar dejó la presidencia en 1998, se fue por la puerta de atrás y con su hija muy mal vista.

Daniel Papasodaro, candidato de Juan José Muñoz, admitió estar a disposición de Delmar en todo lo que fuese necesario. El presidente aceptó su colaboración y, en principio, se juntarían esta semana.

Nadie sabe qué pasará de aquí en adelante en Gimnasia. Tampoco cuánto tardará en explotar otra bomba. Lo único que se sabe es que en la Sede de calle 4 nadie suma: ni Delmar, ni su familia, ni el resto. Pelearse entre sí a esta altura del partido no hace mucho más que tirar más leña al fuego, lo que hace que Gimnasia se debilite y esté cada vez más cerca del abismo.