Por Fernando Tustanovsky
Cuando estás obligado a demostrar y no podés hacerlo, el mamarracho que dibuja la desesperación y la seguridad interna que dice “pará que yo puedo” puede ser muy difícil de borrar. Así llegó Vélez al Florencio Sola en septiembre de 2010 para tomarse su “justificada” revancha de la caída por 1 a 0 en su propia casa por la Copa Sudamericana en el partido de ida.

Quien invitaba era nada menos que el Banfield de Julio César Falcioni, otro muy buen equipo que tan solo 10 meses atrás se consagraba campeón del Apertura 2009. Vélez, fiel al estilo Gareca, propuso fútbol ofensivo, atacó desde el primer minuto para rápidamente poner las cosas en su lugar pero, tanto insistir y asustar de entrada, a los 15 minutos el “Chelo” Carrusca dejó tres tipos tirados en el suelo y la acomodó a lo “Romario”.
Dos goles de diferencia para la solidez “pelusesca” se veía irremontable. Cuando volvieron para el segundo tiempo, Vélez, superado, enloqueció y en lugar de chocar con Banfield empezó a hacerlo con la figura oscura de Saúl Laverni. Fernando Ortiz es correctamente amonestado, el árbitro lo llama para mostrarle la tarjeta, el jugador no acata el llamado e inocentemente se lleva la roja completa. En el mismo tono de locura desfilaron después Santiago Silva y Leandro Somoza, a pesar de ello, gracias a la grandeza del fútbol del fortinero, Jonatán Cristaldo logró descontar y, en tiempo de descuento, un ollazo de 40 metros casi le termina dando la victoria, injustificada, al visitante.
Fue 1 a 1, clasificación para Banfield, locura para Vélez, nervios para todos y ese tiro final que no logró convertirse en milagro.
[yframe url=’https://www.youtube.com/watch?v=05u6ngipCGM&feature=related’]



Comentarios