Archivo

River, un equipo con aroma francés

Que nadie se confunda. Más allá de lo contundente del resultado, River le ganó con mucho trabajo a Deportivo Merlo. Es más, sin David Trezeguet, quizás ni hubiese ganado. En un Amalfitani a reventar, el franco-argentino, Leonardo Ponzio y Lucas Ocampos fueron los únicos que dijeron presentes desde el minuto 1'. No es casualidad, entonces, que el primer gol de River allá venido de un centro de Lucas y un anticipo monstruoso de David, a quien encima le quedó tiempo para ver donde caía el rebote.

[caption id="attachment_46282" align="aligncenter" width="650" caption="Es para vos, es para vos. David le dedicó su gol a todo el estadio."][/caption]

Sí, porque más allá de su doblete, Fernando Cavenaghi, hasta que pudo romper su sequía, hizo un mal partido. Perdía hasta en los laterales, se dejó anticipar siempre y, rara vez, lo buscaba a Trezeguet. Ojo, después hizo dos golazo y transformó en goleada el escaso 1-0. A Fernando, eso sí, habrá que reconocerle que corrió e incluso se tiró al piso.

Alejandro Domínguez, en cambio, jugó mal, muy mal. Al borde de la displicencia, el Chori jamás se hizo cargo de su rol de enlace y River lo sintió. No vale la pena jugar 4-3-1-2 si el "enganche" se pone al lado -e incluso atrás- del cinco. Para eso, mejor un 4-4-2, con un hombre como Martín Aguirre, que permanentemente rompe la línea del mediocampo. Pero bueno, eso es otro cantar.

Lo mejor de River fue David, sin dudas. Desde temprano fue pillo, no perdió una de arriba, descargaba bien y rápido, haciendo siempre lo que la jugada pedía. Tanto que se llevó su primera ovación desde que decidió -sí, él decidió- venir a River. Marcó el primero porque es un animal de área, es lungo y sabe aprovecharlo. Anticipó a dos defensores y dejó sin asunto a Capogrosso, sin embargo, necesitó del rebote para hacer delirar a la multitud que llevó River a la cancha de Vélez.

En el segundo tiempo, el francés siguió con su repertorio de pases de primera y bien ubicados. Juega con una velocidad, con el panorama de un número 10 y con el mapa de la cancha en la cabeza. Sí, jerarquía. En definitiva, eso tuvo River para "cargarse" a un duro Deportivo Merlo.

En el segundo tanto, participó limpiando un anticipo de Luciano Vella, el Chori leyó bien la jugada y la puso al vacío para que Cavenaghi regale una jugada de manual y  ponga el 2-0. Ahí, Almeyda lo sacó.

Mucho se dijo de él. Desde "viene a robar", hasta "está roto". Por ahora, ninguna de las dos. Si bien se lesionó ante Boca y encendió a alarmas, después el cuerpo técnico supo llevarlo y, en los últimos tres partidos fue fundamental. Dos goles a Defensa, el que abrió el match a Merlo ayer y lo más gravitante ante Quilmes, además de tres mano a mano generados por Copa Argentina, ante Sportivo Belgrano.

No es egoísta, disfruta como un nene cada minuto en River. Si el gol no es de él,  no importa, el sabe que el gol es de River. Muestra de ello es que fue el primero que fue a felicitar y abrazar a Fernando Cavenaghi, en el segundo tanto. Muestra de ello es que, antes de empezar el juego, en el precalentamiento, se golpeaba el pecho y sonreía mirando a las tribunas. Muestra de ello es ese dedo levantado, dedicándole a todo Vélez su gol, el que abrió el partido. Que nadie lo dude, River, a esta altura, ya es un equipo con aroma francés.

Que nadie se confunda. Más allá de lo contundente del resultado, River le ganó con mucho trabajo a Deportivo Merlo. Es más, sin David Trezeguet, quizás ni hubiese ganado. En un Amalfitani a reventar, el franco-argentino, Leonardo Ponzio y Lucas Ocampos fueron los únicos que dijeron presentes desde el minuto 1′. No es casualidad, entonces, que el primer gol de River allá venido de un centro de Lucas y un anticipo monstruoso de David, a quien encima le quedó tiempo para ver donde caía el rebote.

Es para vos, es para vos. David le dedicó su gol a todo el estadio.

Sí, porque más allá de su doblete, Fernando Cavenaghi, hasta que pudo romper su sequía, hizo un mal partido. Perdía hasta en los laterales, se dejó anticipar siempre y, rara vez, lo buscaba a Trezeguet. Ojo, después hizo dos golazo y transformó en goleada el escaso 1-0. A Fernando, eso sí, habrá que reconocerle que corrió e incluso se tiró al piso.

Alejandro Domínguez, en cambio, jugó mal, muy mal. Al borde de la displicencia, el Chori jamás se hizo cargo de su rol de enlace y River lo sintió. No vale la pena jugar 4-3-1-2 si el “enganche” se pone al lado -e incluso atrás- del cinco. Para eso, mejor un 4-4-2, con un hombre como Martín Aguirre, que permanentemente rompe la línea del mediocampo. Pero bueno, eso es otro cantar.

Lo mejor de River fue David, sin dudas. Desde temprano fue pillo, no perdió una de arriba, descargaba bien y rápido, haciendo siempre lo que la jugada pedía. Tanto que se llevó su primera ovación desde que decidió -sí, él decidió- venir a River. Marcó el primero porque es un animal de área, es lungo y sabe aprovecharlo. Anticipó a dos defensores y dejó sin asunto a Capogrosso, sin embargo, necesitó del rebote para hacer delirar a la multitud que llevó River a la cancha de Vélez.

En el segundo tiempo, el francés siguió con su repertorio de pases de primera y bien ubicados. Juega con una velocidad, con el panorama de un número 10 y con el mapa de la cancha en la cabeza. Sí, jerarquía. En definitiva, eso tuvo River para “cargarse” a un duro Deportivo Merlo.

En el segundo tanto, participó limpiando un anticipo de Luciano Vella, el Chori leyó bien la jugada y la puso al vacío para que Cavenaghi regale una jugada de manual y  ponga el 2-0. Ahí, Almeyda lo sacó.

Mucho se dijo de él. Desde “viene a robar”, hasta “está roto”. Por ahora, ninguna de las dos. Si bien se lesionó ante Boca y encendió a alarmas, después el cuerpo técnico supo llevarlo y, en los últimos tres partidos fue fundamental. Dos goles a Defensa, el que abrió el match a Merlo ayer y lo más gravitante ante Quilmes, además de tres mano a mano generados por Copa Argentina, ante Sportivo Belgrano.

No es egoísta, disfruta como un nene cada minuto en River. Si el gol no es de él,  no importa, el sabe que el gol es de River. Muestra de ello es que fue el primero que fue a felicitar y abrazar a Fernando Cavenaghi, en el segundo tanto. Muestra de ello es que, antes de empezar el juego, en el precalentamiento, se golpeaba el pecho y sonreía mirando a las tribunas. Muestra de ello es ese dedo levantado, dedicándole a todo Vélez su gol, el que abrió el partido. Que nadie lo dude, River, a esta altura, ya es un equipo con aroma francés.