El Real goleó al Apoel de Chipre 3 a 0 como visitante por el partido de ida de los Cuartos de final de la Champions League. Si bien el merengue no tuvo un buen rendimiento en la primera mitad, José Mourinho metió a Marcelo y a Kaká en el complemento, quienes le dieron una inyección en ofensiva al equipo, que le permitió resolver la serie.
El cotejo de hoy se presentó como una cita oportuna para los directores cinematográficos. Y, por qué no, para poetas y escritores que quisieran dejar plasmado en algún libro el acontecimiento histórico que se dio en Chipre. Hace rato que no se veía, sobre todo en esta instancia, tal diferencia de categoría entre un equipo y otro. De un lado, el rico; del otro, el pobre. De un lado, el importante; del otro, el insignificante. De un lado, el fuerte, del otro, el débil.
Sin embargo, aquí no habrá hueco para sorpresas, aunque el fútbol lo permita de vez en cuando. De no ocurrir una catástrofe, el Real jugará las semifinales. El merengue se posicionará entre los cuatro mejores de Europa, ya que la diferencia que sacó hoy en el GSP Stadium lo catapulta para jugar el partido de vuelta en el Bernabéu con la serie casi resuelta.
Pero a los de Chipre, pese a la derrota de hoy, nadie les sacará el título de revelación de la Copa que se ganaron a base de coraje y audacia. De todos modos, no estuvieron tan lejos de la hazaña, puesto que el gol que abrió la cuenta del partido llegó recién a los 29 minutos de la segunda mitad.

En el GPS Stadium, que albergó a 22 mil espectadores, el conjunto local, entusiasmado por sus últimos resultados en Champions, se presentó con grandes expectativas. Es por eso que la voluntad y el ánimo de los jugadores chipriotas se vieron reflejados en el campo de juego. Luego de armar un esquema cauteloso, que priorizó la defensa y el corte del entramado de ataque visitante, los players tuvieron un declive físico que el Real supo aprovechar. Y si bien los merengues no hicieron el partido de sus vidas, mostraron su poderío ofensivo cada vez que asomaron el área rival.
Tanto orden y concentración del Apoel vieron su fin tras el gol de Karim Benzema. Kaká, uno de los causales de la victoria madridista, reemplazó a Gonzalo Higuaín (de bajo rendimiento en la primera etapa) y descolló desde el primer toque. Tal es así que unos minutos después le envió un balón preciso a la cabeza del francés que terminó en gol. A partir de ahí, fue otro partido.
Tras romper con el cero, los de Mourinho se animaron a más. Y apenas 8 minutos más tarde vino el segundo golpe. Marcelo desbordó por la izquierda y cuando parecía que iba a caerse a causa de una falta de un rival envió el centro de la muerte: pase atrás y Kaká sólo tuvo que empujarla.
Lejos de reaccionar, el Apoel se vio avasallado por un Real que, envalentonado, iba en busca de más. Cristiano Ronaldo abrió para Mesut Özil, que de cachetada le dio la habilitación a Benzema para que liquide el encuentro. Nocaut. 3-0 y a otra cosa.
La serie se definirá (si aún queda algo por definir) el miércoles que viene en el Bernabéu, donde los jugadores de casaca amarilla se despedirán de un torneo que nunca olvidarán.



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