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Peter Cech: El hombre ilustrado

Muchos saben que el arquero checo Peter Cech ataja en el Chelsea y es considerado uno de los mejores futbolistas del mundo en su puesto. Sin embargo, pocos conocen la historia detrás de esos guantes y ese casco, característico de él, en la que defender los tres palos no es más que un complemento a las diversas virtudes. Sus logros tienen un por qué y un cómo. Cuando una persona viaja a Londres hay ciertos lugares que le son imperdibles de conocer y disfrutar. El Palacio de Buckingham, la Torre de Londres, el London Eye y el Big Ben están incluidos en ese pack. Así también el Emirates y el Stamford Bridge, estadios del Arsenal y del Chelsea, imprescindibles de visitar en el tour de un futbolero por aquella ciudad. snapshot6 El Stamford Bridge está ubicado en el distrito de Hammersmith y Fulham, barrio atiborrado de fábricas y casas bajas. En una de las paredes de las afueras del estadio se puede observar una gigantografía de Cech, que lleva el título de “All Cech”, en español “Todo Cech”. Casualidad, causalidad, aquella frase resume exactamente, en su totalidad, lo que es el arquero de Los Blues. Nació en 1982, después de compartir el útero de su madre con sus dos hermanos. Ser trillizo hizo que su cráneo sea más débil que el de cualquier persona normal, por lo que solamente existe un argumento razonable para entender como sobrevivió a la fráctura craneal que sufrió en el 2006, en un partido contra el Reading: Dios fue bueno. En aquellos días de congoja, su estado era crítico y su futuro una incógnita. En ese año, por suerte, Cech realizó la mejor tapada de su vida, atajando el pelotazo a gol de la muerte. A los diez años, cuando Cech jugaba de delantero en el Viktoria Pilsen, una lesión fue el puntapié inicial de su carrera: debido a su gran altura, los entrenadores optaron por mandarlo al arco. La decisión más sabia de sus vidas, seguramente. Amante de la música, su debilidad es la batería: “Aprender una canción de la banda U2 después de un mes ensayando es una sensación extraordinaria", comenta. Además, el guardameta de 32 años se destaca por tener una personalidad benevolente y comprensiva. En su país natal lo llaman “Pan Dokonaly", que quiere decir “Señor Perfecto”. "Si la inteligencia media es de 100, él está en 140. Es un trabajador incansable. En los días libres de entrenamiento el Chelsea tiene que abrir las puertas sólo para él", afirma el periodista del diario L'equipe Jean Michelle Rouet. A su vez, Dominic Fifield, corresponsal de The Guardian, sostiene que "nunca le dice que no a nadie y siempre merece la pena escuchar cuando habla. La vez que ganó la Champions no me pudo atender porque le tocó hacer el control antidoping, por eso me pidió que fuera a entrevistarlo al hotel". Como asegura Rouet, el oriundo de República Checa supera los límites en el ámbito intelectual. Hoy en día sabe hablar checo, alemán, inglés, francés y español, aparte de estar aprendiendo ruso e italiano. Su objetivo es saber la mayor cantidad de idiomas posibles para adaptar con más rapidez en el plantel a los jugadores extranjeros. Así, tratar de aumentar la confraternidad y el consenso en el grupo. Hoy, siete años después del accidente, recuperado ciento por ciento de su fractura, sigue sin alejarse de ese casco ángel de la guarda. ¿Será cierto que se lo coloca por costumbre e inercia? No. No nos engañes. Te cubrís la cabeza porque no querés que veamos que tu cerebro, más frágil que el de todos nosotros, también es más grande.

Muchos saben que el arquero checo Peter Cech ataja en el Chelsea y es considerado uno de los mejores futbolistas del mundo en su puesto. Sin embargo, pocos conocen la historia detrás de esos guantes y ese casco, característico de él, en la que defender los tres palos no es más que un complemento a las diversas virtudes. Sus logros tienen un por qué y un cómo.

Cuando una persona viaja a Londres hay ciertos lugares que le son imperdibles de conocer y disfrutar. El Palacio de Buckingham, la Torre de Londres, el London Eye y el Big Ben están incluidos en ese pack. Así también el Emirates y el Stamford Bridge, estadios del Arsenal y del Chelsea, imprescindibles de visitar en el tour de un futbolero por aquella ciudad.

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El Stamford Bridge está ubicado en el distrito de Hammersmith y Fulham, barrio atiborrado de fábricas y casas bajas. En una de las paredes de las afueras del estadio se puede observar una gigantografía de Cech, que lleva el título de “All Cech”, en español “Todo Cech”. Casualidad, causalidad, aquella frase resume exactamente, en su totalidad, lo que es el arquero de Los Blues.

Nació en 1982, después de compartir el útero de su madre con sus dos hermanos. Ser trillizo hizo que su cráneo sea más débil que el de cualquier persona normal, por lo que solamente existe un argumento razonable para entender como sobrevivió a la fráctura craneal que sufrió en el 2006, en un partido contra el Reading: Dios fue bueno. En aquellos días de congoja, su estado era crítico y su futuro una incógnita. En ese año, por suerte, Cech realizó la mejor tapada de su vida, atajando el pelotazo a gol de la muerte.

A los diez años, cuando Cech jugaba de delantero en el Viktoria Pilsen, una lesión fue el puntapié inicial de su carrera: debido a su gran altura, los entrenadores optaron por mandarlo al arco. La decisión más sabia de sus vidas, seguramente.

Amante de la música, su debilidad es la batería: “Aprender una canción de la banda U2 después de un mes ensayando es una sensación extraordinaria”, comenta. Además, el guardameta de 32 años se destaca por tener una personalidad benevolente y comprensiva. En su país natal lo llaman “Pan Dokonaly”, que quiere decir “Señor Perfecto”.

“Si la inteligencia media es de 100, él está en 140. Es un trabajador incansable. En los días libres de entrenamiento el Chelsea tiene que abrir las puertas sólo para él”, afirma el periodista del diario L’equipe Jean Michelle Rouet. A su vez, Dominic Fifield, corresponsal de The Guardian, sostiene que “nunca le dice que no a nadie y siempre merece la pena escuchar cuando habla. La vez que ganó la Champions no me pudo atender porque le tocó hacer el control antidoping, por eso me pidió que fuera a entrevistarlo al hotel”.

Como asegura Rouet, el oriundo de República Checa supera los límites en el ámbito intelectual. Hoy en día sabe hablar checo, alemán, inglés, francés y español, aparte de estar aprendiendo ruso e italiano. Su objetivo es saber la mayor cantidad de idiomas posibles para adaptar con más rapidez en el plantel a los jugadores extranjeros. Así, tratar de aumentar la confraternidad y el consenso en el grupo.

Hoy, siete años después del accidente, recuperado ciento por ciento de su fractura, sigue sin alejarse de ese casco ángel de la guarda. ¿Será cierto que se lo coloca por costumbre e inercia? No. No nos engañes. Te cubrís la cabeza porque no querés que veamos que tu cerebro, más frágil que el de todos nosotros, también es más grande.