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Otro ladrillo en el muro

Un antes y un después de haber vivido la experiencia The Wall

Ya vino, ya llegó y seguirá llegando por unos días más. Las personas que hablan frente al micrófono, ésos que le ponen la misma tilde a Ricardo Montaner que a Lennon, se agotaron de dedicarle columnas a Roger y la Watersmanía.  Repetían como versos que The Wall era una obra antibélica y algún que otro cliché más. Dijeron de todo, hasta que el exPink Floyd se reunió con la Presidenta para ver cómo llevarse los millones de dólares que levantaría en pala de nuestro país (mirada mezquina si las hay).

Impresionante. Así es "The Wall Live"

En cambio, los especialistas se quedaron cortos. No existió crónica capaz de expresar  fielmente lo vivido. Los editores de la inmediatez sirvieron para estropear intentos genuinos de buena  leche, mientras que el vocablo no encontró adjetivos que se acerquen a semejante experiencia.  Las frases absolutistas como “fue lo mejor que me pasó en la vida” ganaron la partida; por ser de las más inocentes gozan de autenticidad y acierto.

otro ladrillo en el muro

En épocas de iTunes, donde los discos rígidos se llenan indiscriminadamente de archivos poco procesados y en donde más es mejor, The Wall, sin embargo, rompió records en Argentina. Hizo que durante dos horas y media, 45 mil personas queden perplejas y erotizadas bajo conceptos como “ópera” y “sinfonía” que lo popular, al parecer,  creyó haberse olvidado o lo asociaba a la gente grande.

Con altas pinceladas al estilo Disney World, Roger Waters combinó artificios, psicodelia y actuación en un show plagado de política. Y que al mismo tiempo es la recreación de su propia vida. Fue una crítica al capitalismo y otros cuantos ismos más dentro del propio sistema, donde unos pocos centímetros cúbicos de coca costaban $15 y un Paty $25, donde padres e hijos fueron juntos a escuchar “Mother” .

El rock se vio excedido esta vez y las contradicciones nos llenan el culo de preguntas. Y toda esa sobrecarga de información, interrogantes y fascinaciones culminan en el mejor espectáculo del mundo o llanamente en un antes y un después. ¿Hay vida del otro lado del muro?

Todo detallito estaba fríamente calculado, nada librado al azar. El mismísimo Monumental mutó en un cine de shopping y allí conoció el famoso sonido 5.0. El arranque con “In the Flesh?” es tal cual lo recreó Waters. Vestido como el más facho de los fachos y 45 mil almas aclamándolo fue la primera y una de las más fuertes (desesperantes) escenas presenciadas. Escarbar el disfraz sería un viaje por lo menos intenso. ¿ Y que hubiese sido si Gilmour estuviese ahí para tocar con sus dedos gordos los solos de “Mother” y “Goodbye Blue Sky”?. Pero todo fue más que aceptable. Desde el manifiesto estético y ético hasta su ejecución y puesta en marcha. Pero el buen espectáculo es así: esculpe en el tiempo y los corazones. Ya nada será igual aunque tan solo sea otro ladrillo en nuestro muro.