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Llegó el día: El “Muro” de Roger Waters cae por última vez

Se va Roger Waters. Se lleva unos cuantos millones de dólares en el bolso, como es lógico, debido a los precios que hubo en cada uno de los nueve River de los que constó el paso de “The Wall Live” por Buenos Aires.

El tema es lo que dejó. Atrás de la emblemática visita de Waters queda un show imborrable para aquellos que pudieron asistir a, al menos, un River. Un último día que será para el recuerdo, con todo el campo del Monumental bramando “Tear Down the Wall”, probablemente, bajo la lluvia lo que le dará un cáliz épico.

[caption id="attachment_46423" align="aligncenter" width="650" caption=""The Wall Live", un espectáculo impresionante."][/caption]

Un espectáculo más cerca de la ópera rock, de una película o de una magnifica obra de teatro, más que de un recital. Un show al que, todos los asistentes, sabían la lista de temas de antemano. Alguno se quejo y dijo “Che, podría haber tocado algún tema más de otro disco”. Sí, podría. Pero no sería lo mismo. La magia de “The Wall” también es esa. El paquete es ese, la obra entera, completa que en 1979 voló la cabeza de más de uno y, en este 2012, en una presentación descomunal, vuelve a hacerlo.

No vale explicar un show que no tiene explicación. Los efectos son impresionantes, la calidad visual reduce al 3D a un burdo intento y el sonido. Bueno, el sonido…Simple: un recital en River jamás volverá a sonar así. 13 columnas, perfectamente coordinadas, para que ni siquiera haya delay. Aviones y helicópteros que parecen estacionarse detrás de uno. Tiros, bombas, explosiones que parecen suceder a metros de la butaca o silla y la música…

Todo lo perfecto de “The Wall”, esa obra concebida en épocas ácidas del Rock, se pone de manifiesto en este show. Podrán acusar a Roger de Playback. Y puede ser, eh. El tipo, a sus 68 años, clavó 9 River en 13 días. No se le puede negar una ayuda de la tecnología, sobre todo cuando todo el show está montado en base a eso: la tecnología. Claro, hay que saber que hacer con ella y “The Wall Live” aprovecha todos y cada una de las ventajas que la tecnología del Siglo XXI da.

En definitiva, se va “The Wall” y los recitales no volverán a ser lo mismo después de haber experimentado este show. Poco más de una hora y media de un viaje que primero hizo Roger Waters, después Pink Floyd y luego el mundo entero. Eso sí, hasta ahora, nadie lo había reflejado con tanta intensidad y realismo. Gracias por tanto, Roger.

Se va Roger Waters. Se lleva unos cuantos millones de dólares en el bolso, como es lógico, debido a los precios que hubo en cada uno de los nueve River de los que constó el paso de “The Wall Live” por Buenos Aires.

El tema es lo que dejó. Atrás de la emblemática visita de Waters queda un show imborrable para aquellos que pudieron asistir a, al menos, un River. Un último día que será para el recuerdo, con todo el campo del Monumental bramando “Tear Down the Wall”, probablemente, bajo la lluvia lo que le dará un cáliz épico.

"The Wall Live", un espectáculo impresionante.

Un espectáculo más cerca de la ópera rock, de una película o de una magnifica obra de teatro, más que de un recital. Un show al que, todos los asistentes, sabían la lista de temas de antemano. Alguno se quejo y dijo “Che, podría haber tocado algún tema más de otro disco”. Sí, podría. Pero no sería lo mismo. La magia de “The Wall” también es esa. El paquete es ese, la obra entera, completa que en 1979 voló la cabeza de más de uno y, en este 2012, en una presentación descomunal, vuelve a hacerlo.

No vale explicar un show que no tiene explicación. Los efectos son impresionantes, la calidad visual reduce al 3D a un burdo intento y el sonido. Bueno, el sonido…Simple: un recital en River jamás volverá a sonar así. 13 columnas, perfectamente coordinadas, para que ni siquiera haya delay. Aviones y helicópteros que parecen estacionarse detrás de uno. Tiros, bombas, explosiones que parecen suceder a metros de la butaca o silla y la música…

Todo lo perfecto de “The Wall”, esa obra concebida en épocas ácidas del Rock, se pone de manifiesto en este show. Podrán acusar a Roger de Playback. Y puede ser, eh. El tipo, a sus 68 años, clavó 9 River en 13 días. No se le puede negar una ayuda de la tecnología, sobre todo cuando todo el show está montado en base a eso: la tecnología. Claro, hay que saber que hacer con ella y “The Wall Live” aprovecha todos y cada una de las ventajas que la tecnología del Siglo XXI da.

En definitiva, se va “The Wall” y los recitales no volverán a ser lo mismo después de haber experimentado este show. Poco más de una hora y media de un viaje que primero hizo Roger Waters, después Pink Floyd y luego el mundo entero. Eso sí, hasta ahora, nadie lo había reflejado con tanta intensidad y realismo. Gracias por tanto, Roger.