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Historias mínimas panamericanas: El largo vuelo del Buitre

Agustín Vidal, el único jugador del interior que forma parte del plantel, se da el gusto de jugar un Panamericano como local, tras el sinsabor que tuvo cuatro años atrás.

Buenos Aires es la meca del handball en Argentina. De hecho, Femebal (federación de Buenos Aires) domina las competencias nacionales tanto de clubes como de seleccionados provinciales, así como también en las listas de los seleccionados albicelestes. De vez en cuando aparece alguien que se termina colando. Si bien Córdoba tiene como principales embajadores a Lucía Haro (jugadora de La Garra, el seleccionado femenino), o a Escuelas Pías (quizá el mejor equipo fuera de CABA y GBA, tercero en el Nacional masculino de 2014), el caso más conocido es el de Agustín Vidal.

Vidal nació en 1987 en Viedma, Río Negro. Y fue allí donde empezó a jugar: las canchas del club Goliat fueron el lugar de los primeros partidos del Buitre. A los 17 años, sin escalas intermedias, voló a España, en donde defendió los colores de distintos equipos. Sin embargo, se podría decir que “su” lugar en la península es Ciudad Encantada, en donde está teniendo su tercera etapa.

En paralelo, formaba parte de los distintos seleccionados de una de las mejores camadas en la historia de este deporte a nivel nacional: junto con Sebastián Simonet, Federico Pizarro y Federico Vieyra, tres de los que se encuentran en la actual selección mayor, lograron un valioso séptimo mundial en el mundial juvenil de Qatar en 2005. Tres años después pegaría el salto a la albiceleste principal, formando parte del título panamericano en Chile 2010, las grandes actuaciones mundialistas en Suecia 2011 y Qatar 2015, y la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, con clasificación olímpica incluída.

IMG_6295 FinalSin embargo, quedó en él una cuenta pendiente: una inoportuna rotura de ligamentos cruzados en un encuentro de, su por entonces equipo, el Balonmano Torrevieja, contra Granollers, hizo que se pierda las dos grandes citas de 2012: el Panamericano como locales en Almirante Brown, y la primera participación en un Juego Olímpico en Londres. Cuatro años después está teniendo revancha, con este certamen en Tecnópolis y, en caso de superar el corte, una eventual presencia en Río 2016. “Lamentablemente no tenemos el privilegio de jugar seguido en casa. Pero esto es un plus, y es muy emocionante. Lo de hace cuatro años son cosas que tiene el deporte, y lo bueno es que siempre hay revancha. Así que acá estamos”, dijo quien en la fase inicial tuvo, hasta el momento, 5 goles y 8 asistencias.

A pesar del crecimiento del handball en los últimos años, sigue siendo el único jugador del interior en el seleccionado. Sin embargo, sus palabras denotan preocupación. No por nada creó Proyecto Handball, con el que organiza clínicas en, por ejemplo, Neuquén y su Río Negro natal: “Estoy acostumbrado a ser el único del interior. Pero es algo triste, porque se refleja que el handball en Argentina está mal. Es muy difícil que un chico se tenga que venir acá porque tiene que afrontar todos los gastos, entonces se le complica mucho mantener el nivel en sus respectivas ciudades. Más o menos te obligan a venir acá (a Buenos Aires), pero tampoco te dan ayudas como para poder subsistir”.

Fotos: Santiago Ludueña